Mostrando entradas con la etiqueta Cristiano Ronaldo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cristiano Ronaldo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de agosto de 2014

Desde el corazón del Sporting de Lisboa

Visitamos el estadio José Alvalade y el museo del conjunto portugués 

Evolución de las camisetas del Sporting de Lisboa - Foto: T. Delgado. 

Toni Delgado / Lisboa 

Ordenados por altura, los tres hermanos alemanes formarían una escalera humana perfecta. El pequeño, el más inquieto, se acerca al mural que preside el hall VIP del Estádio José Alvalade del Sporting Clube de Portugal, conocido popularmente como Sporting de Lisboa.

martes, 14 de enero de 2014

La fe de Cristiano Ronaldo

Cristiano Ronaldo, emocionado, con el Balón de Oro ante su hijo, Pelé y Blatter - AP. 

Una frase y una letra definen, en parte, a Cristiano Ronaldo (Funchal, Madeira, 1985). "Hay que cortarme una pierna para que yo renuncie a un partido", cuenta en Cristiano Ronaldo. Sueños prohibidos, de Enrique Ortego. CR7 es incansable e insaciable y un profesional intachable al que Piqué recuerda en Manchester pasándose horas lanzando faltas. La letra es la r, que escribe en mayúsculas. Una costumbre que según los  grafólogos puede indicar reclamo y llamar la atención inconscientemente ante los interlocutores.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Iniesta, creíble a más no poder

El centrocampista del Barça y la selección, escogido mejor jugador de la UEFA por delante de Messi y Cristiano Ronaldo

Iniesta sostiene el trofeo que le acredita como mejor jugador de la UEFA de la temporada pasada - EFE. 

No creo en los premios desde que uno de los ganadores del concurso literario de mi colegio utilizase una fábula de Esopo como relato propio. Tampoco me seduce que los autores (re)conocidos suelan llevarse los premios de más pedigrí aunque presenten sus novelas bajo seudónimo ni que en el Príncipe de Asturias de los Deportes se nomine a deportistas o entidades que hacen cosas muy diferentes y no son comparables. También son ambiguos los reconocimientos en el fútbol, pues suelen premiar al goleador. El gol se impone a los cimientos del edificio, luce más la definición y el punto final, la foto, que quienes hacen posible ese instante mágico. Así que en el premio de la UEFA al mejor futbolista de la pasada temporada la cosa parecía estar entre Leo Messi y Cristiano Ronaldo, protagonistas de un duelo estadístico sin precedentes: en su haber, 73 y 60 goles, respectivamente. Ambos llenan unas portadas que serían imposibles sin otros jugadores menos mediáticos –y cuya función no es marcar–, como Iker Casillas, Víctor Valdés, Xavi Hernández o Andrés Iniesta, finalmente, el merecido ganador del premio, el mejor de la Eurocopa. 

Sólo dos votos separaron de Messi y Cristiano Ronaldo a este futbolista cercano al seguidor, creíble a más poder. Si Iniesta se cae al suelo no se duda de si ha hecho teatro o no, pues es tan transparente como su color de la piel. O como su juego, tan brillante con balón como sin él. Iniesta no tiene  dobles interpretaciones y es fácil sentirse identificado por su timidez y sencillez. Cuando recibió el premio se quedó parado, como si no supiese cómo reaccionar ante los focos, que no le gustan. Él prefiere la discreción, no le gusta destacar: sería como el estudiante que pregunta al profesor después de clase por no interrumpir al resto con sus inquietudes. 

En su primera frase Iniesta dijo estar “feliz y contento” y felicitó a Messi y Cristiano. En la siguiente ya repartió, simbólicamente, un pedazo de ese trofeo en forma de camiseta que se parece a un corazón entre sus compañeros, porque “sin ellos un ganador individual no tiene sentido”. Ha seducido por simplificar lo inimaginable y hacer minúsculo su ego para engrandecer a sus equipos. El Barça y la selección viven el momento más dulce de su historia gracias a los caramelos de Iniesta, a ese tipo generoso y honrado que ha unido a aficiones rivales, que le tratan con cariño en todos los campos de la Liga, a ese tipo que provoca ternura, respeto y admiración, y es creíble a más no poder. 

jueves, 30 de agosto de 2012

El Madrid se lleva la Supercopa tras un inicio arrollador (2-1)

Higuaín y Cristiano Ronaldo aprovechan dos errores de los centrales de un Barça sometido con once y que tras la expulsión de Adriano recorta distancias con un gol de Messi e inquieta a su rival 

Higuaín celebra el primer gol del partido - EFE. 

Es difícil calcular cuántas paradas necesita hacer un portero para ser perdonado por una pifia y si ese perdón es de verdad. Los porteros suelen ser tipos diferentes que navegan a contracorriente desde el patio del colegio, cuando se encargan de hacer lo que nadie quiere: parar goles. Hace tiempo que Víctor Valdés se olvidó de reivindicarse y que se centró en que nadie lo descentre ni ante un error como el que tuvo en el Camp Nou, tras controlar fatal y regalarle un gol facilón, pero fruto de la presión, a Di María. En cada fallo  surgen las dudas populares sobre Valdés, cinco veces Zamora y responsable seis días después en el Bernabéu de que su equipo no perdiese la Supercopa en el primer tiempo ni encajase una goleada sonrojante después de que fallasen sus centrales y se expulsase el lateral derecho, Adriano, por agarrar a Cristiano Ronaldo cuando éste se quedaba solo para marcar el tercero. Valdés frustró por dos veces a Higuaín, que sí acertó a la segunda, y Mascherano se resarció de su error quitándole otros dos al argentino. Al filo del descanso Leo Messi se marcó una falta tan bien lanzada como mal colocada estuvo la barrera. Un tanto que reactivó a los azulgrana, capaces de inquietar a su rival tras el descanso en inferioridad numérica y acongojarle hasta el último minuto, cuando Messi lanzó fuera. El Madrid acabó celebrando su novena Supercopa tras vencer por 2-1 y por el valor doble de los goles fuera de casa (3-2 en el Camp Nou). Casillas estuvo brillante en la primera victoria de su equipo en casa ante su eterno rival en los últimos cuatro años.   

Desarbolado y ruborizado por su rival, el Barça resultó durante los primeros 44 minutos un conjunto acomplejado e impreciso que parecía un mero espectador ante un Madrid que es posible que sea el equipo más directo y físico del panorama mundial. Hambrientos e inconformistas por las críticas de la última semana, los locales eran capaces de cualquier genialidad, incluso les salían a Pepe, que destaca más por su contundencia. Como noticia era que Iniesta estuviese tan apagado como el resto de su equipo e intentase, sin éxito, un autopase. Los azulgrana, además, estaban apáticos y fueron generosos concediendo dos regalos -y alguno más, ahí apareció Valdés- que dos torpedos como Higuaín y Cristiano Ronaldo se apresuraron en aprovechar. El argentino era el finalizador de un grupo que se recreaba ante un rival irreconocible, fundido y confundido. Incluso falló Mascherano, que despejó al aire un pelotazo de Pepe e Higuaín resolvió con frialdad de pocos. Tampoco la pifió CR7, atento a la candidez de Piqué. Los dos centrales visitantes ya habían tenido dos errores de peso. 

Expulsión de Adriano

Cristiano Ronaldo también provocó la expulsión de Adriano, ubicado en la derecha por la baja de última hora y por problemas físicos de Alves, cuya ausencia permitió la presencia en el once titular de Jordi Alba, uno de los pocos en salvarse de la mediocridad general de su equipo en los primeros 43 minutos. En el minuto 44 surgió Messi, que acarició la pelota en una falta para marcar en el primer tiro de los azulgrana, ya con Montoya en el campo por Alexis.    

Con uno menos el Barça sacó su orgullo y quiso jugar como sabe, mientras su rival se defendía en vez de tratar de seguir gobernando el partido. Los azulgrana recuperaron el toque, el medio del campo y Pedro volvió a ser el jugador punzante que es. Casillas, estelar de nuevo, impidió los tantos del canario y el de Montoya, al que le faltó convicción en el 91. Sergio Ramos fue capital para  birlarle el balón a un Jordi Alba que había sorteado al portero y también para desviar un tiro de Tello, como hizo Mascherano de nuevo con otro disparo de Higuaín, que se topó con el palo a diez minutos del final. Song frustraría a Modric, en los primeros minutos de ambos en sus equipos. El punto final lo puso Messi con un tiro desviado desde fuera del área. El Madrid ya tenía su novena Supercopa y el Barça había salvado, cuanto menos, su imagen. Algo innegociable.   

MADRID 2: Casillas; Arbeloa, Pepe, Ramos, Marcelo; Khedira, Alonso; Di María (Callejón, m. 78), Özil (Modric, m. 83), Cristiano; e Higuaín (Benzema, m. 81). BARÇA 1: Valdés; Adriano, Piqué, Mascherano, Alba; Xavi, Busquets (Song, m. 75), Iniesta; Alexis (Montoya, m. 31), Messi y Pedro (Tello, m. 81). Goles: 1-0. M. 9. Higuaín. 2-0. M. 18. Cristiano. 2-1. M. 44. Messi. Árbitro: Mateu Lahoz. Expulsó directamente a Adriano en el m. 27. Amonestó a Arbeloa, Pepe, Mascherano, Piqué, Khedira y Ramos. El Madrid gana la Supercopa por el valor doble de los goles en campo ajeno (3-2 en el Camp Nou). Unos 90.000 espectadores en el Bernabéu.

viernes, 24 de agosto de 2012

Iniesta deslumbra y Valdés la pifia ante un Madrid efectivo (3-2)

Los azulgrana remontan un 0-1 y pierden la ocasión de sentenciar la Supercopa después de un error garrafal de su portero en el estreno de Tito Vilanova

Di María, a punto de batir a Valdés - EFE. 

La prensa plantea el debate entre quién se merece el Balón de Oro, si el afortunado debe ser Leo Messi, autor de 73 goles la pasada temporada, o Cristiano Ronaldo, opositor con 60. Es un trofeo que generalmente levanta un goleador y que bien podría recaer en otros virtuosos, los que no ocupan las portadas, pero las hacen posibles. Como Iniesta, nombrado mejor jugador de la Eurocopa de Polonia y Ucrania y alquimista del primer partido oficial de Tito Vilanova como técnico azulgrana. Porque Iniesta provocó un penalti de Sergio Ramos que marcó Messi y dejó sin cintura a Albiol y Khedira para habilitar a Xavi, concreto para poner el 3-1 después de remontar el gol inicial de Cristiano Ronaldo. Messi habría podido hacer el 4-1 de no ser por Casillas, pero en la jugada siguiente, el otro portero, Valdés, tuvo un fallo garrafal después de controlar mal una cesión de Adriano, resbalarse y lamentar el gol de Di María, recién entrado al campo por Callejón. Un error que deja abierta la vuelta de la Supercopa, el miércoles en el Santiago Bernábeu.     

Con menos eco y humo que en anteriores citas, con la excusa el Balón de Oro y el concepto de hegemonía como grandes debates, primó el fútbol sobre las habladurías y los actos incendiarios de la edición anterior de la Supercopa. Desde entonces no le marcaba Messi un gol a Casillas. De nuevo en el Camp Nou, en una noche asfixiante, La Pulga engañó al portero lanzando el penalti a la izquierda y añadiendo otro récord a su colección: ya es, junto a César Rodríguez, el máximo goleador azulgrana contra el Madrid con 14 goles. Mérito, en este caso de Iniesta, al que Sergio Ramos sólo pudo parar barriéndole. Apenas protestaron los madridistas: Iniesta es creíble y honrado. Lo contrario de lo que fue esta vez Alexis, retórico y con espíritu de nadador en el área ante Ramos y Arbeloa. Más concreto estuvo Cristiano Ronaldo, comprometido cuando le tocó ejercer de lateral y concreto en su única ocasión, al inicio de la segunda parte, y tras cabecear un saque de esquina botado por Özil.   

La réplica no se hizo esperar y Mascherano –otra vez en el eje de la defensa por la ausencia de Puyol– se inventó una jugada para que Pedro, eléctrico, marcase el empate a uno. El partido había tardado casi una hora en ser vistoso y atractivo. Porque por más que ya haya comenzado la Liga a ambos equipos les falta rodaje y recorrido y la primera parte fue el mejor ejemplo. Fieles a su compromiso con la elaboración y el toque, los azulgrana carecieron de oportunidades reales en una primera parte en la que percutieron por las bandas, pero optaron por tiros lejanos ante la numerosa y generosa defensa de los visitantes. La premisa de Mourinho era clara: no encajar ni un gol y tratar de marcar alguno en contraataque. Sólo Xavi probó los guantes de Casillas, mientras que los centrales azulgrana, Piqué y Mascherano, estuvieron atentos para frustrar a Benzema un par de veces. El francés apenas intervino en ataque y poco más hizo Higuaín. Sí que estaría atento, ya en una segunda parte de alto voltaje, Di María, suplente por sorpresa, que agradecía el error de Valdés para dejar muy abierta una Supercopa en la que Iniesta deslumbró.   

BARÇA 3: Valdés; Alves, Piqué, Mascherano, Adriano; Busquets, Xavi (Cesc, m. 84), Iniesta; Alexis (Tello, m. 71), Messi y Pedro (Alba, m. 86). MADRID 2: Casillas; Arbeloa, Albiol, Ramos, Coentrão; Khedira, Xabi Alonso; Callejón (Di María, m. 66), Özil (Marcelo, m. 81), Cristiano; y Benzema (Higuaín, m. 61). Goles: 0-1. M. 56. Cristiano, de cabeza. 1-1. M. 57. Pedro, tras recibir un balón de Mascherano. 2-1. M. 70. Messi, de penalti. 3-1. M. 78. Xavi, a pase de Iniesta. 3-2. M. 85. Di María aprovecha un error de Valdés. Árbitro: Clos Gómez. Amonestó a Xabi Alonso, Arbeloa, Mascherano y Albiol. Camp Nou: 91.728 espectadores.

martes, 17 de abril de 2012

Ribéry deslumbra en un Bayern que doblega a última hora al Madrid (2-1)

Mario Gómez, en la acción del gol de la victoria local - Reuters.
Instalada en su mejor momento de la historia, la selección española ve muy cerca sus éxitos, la Eurocopa y el Mundial, y muy lejos su última gran decepción, la eliminación en octavos ante Francia en el campeonato del mundo de Alemania. A finales de junio se cumplirán seis años de aquella noche de destellos de Frank Ribéry, que abrió la lata para su selección controlando en carrera un pase de Vieria, esprintando ante Casillas y batiéndole con sangre fría y sin mirar. Un año después Ribéry dejaría el Olympique de Marsella para irse al Bayern de Múnich, del que no se ha movido ni ante un ofertón del Madrid en verano de 2009, que según L'Equipe fue de 80 millones de euros. Apodado Scarface (cara cortada) por su cicatriz en la cara –tuvo un accidente con el coche cuando tenía dos años y salió disparado hacia el parabrisas–, Ribéry era blanco habitual de sus compañeros de pupitre. Una situación incómoda que reforzó su carácter y su amor propio, como ha demostrado en Múnich, donde ha vivido altos y bajos y fue uno de los despreciados por Van Gaal. Ahora, con Heynckes en el banquillo, vive un momento muy dulce y en una cita de postín, en la ida de las semifinales de la Champions y ante el Madrid fue el mejor con diferencia. Ribéry, además, dejó su sello abriendo el marcador tras un córner en el que Mourinho pidió fuera juego de Luiz Gustavo. El centrocampista brasileño tapó la visión a Casillas, al que también estorbaron Pepe y Ramos. El portero ni se movió. Los visitantes empatarían tras un gol regalado por Cristiano a Özil, que sólo tuvo que empujarla, y en el minuto 89 recibirían el gol de Mario Gómez, que remató tirándose al suelo un buen centro de Lahm después de dejar sentado a Coentrao (2-1). El Allianz Arena de Múnich explotó: tiene motivos para ver a su equipo en su final. 


Perdió el Madrid un partido en el que recibió el primer gol cuando más dominaba. Le  costó reaccionar y recuperar el ánimo en un encuentro gris de Cristiano Ronaldo, fundamental para convertir un tiro de Benzema en una asistencia perfecta para Özil, que no falló solo ante Neuer. El empate, curiosamente, hizo recular al Madrid -Mourinho incluso cambió a Özil por Marcelo- y animó al Bayern, que acumuló algunas ocasiones y que encontró su premio con el gol de Mario Gómez, que se hizo camino entre Arbeloa y Ramos. Otro gol en los últimos minutos para el grupo de Mourinho, que no había perdido todavía en esta edición de la Champions y que acumulaba 21 partidos consecutivos fuera de casa sin caer derrotado, desde que lo hiciese en septiembre en Levante. “El resultado no es pésimo. No nos obliga a una remontada histórica ni a lograr números locos. Sólo debemos ganar con un marcador normal”, concedió Mourinho. Se olvidó decir que  deberán controlar más las bandas de su rival. El Bayern tiene en nómina al propio Ribéry y al ex madridista Robben, que retrataron a Arbeloa y Coentrao, respectivamente, en una noche que empezó mal, pues al Madrid le robaron seis pares de botas -tres de Crsitiano- y tres camisetas en el vestuario. 

domingo, 11 de diciembre de 2011

El Barça vuelve a retratar al Madrid de Mourinho (1-3)

Imagen del tercer gol del Barça, obra de Cesc a centro de Alves - EFE.

Cuestionados a domicilio, donde atesoraban un gol más a favor que en contra y un par de victorias mínimas en El Molinón y Los Cármenes, los azulgrana se reivindicaron con un triunfo de autor en una cancha de prestigio como el Santiago Bernabéu. Una fantástica recompensa pese a verse con un gol en contra de Benzema a los 22 segundos en una jugada tan afortunada como la que supuso el segundo tanto del Barça, anotado en propia puerta de Marcelo tras una volea de Xavi, protagonista en su partido 600 con su club de siempre. Los visitantes habían empatado por medio de Alexis tras una genialidad de Messi y Cesc, fruta prohibida de Florentino Pérez, cerró una goleada (1-3) que le sirve a su equipo para colocarse colíder de la Liga junto al Madrid de Mourinho, que tiene un partido menos jugado y que fue retratado otra vez por los pupilos de Guardiola, valiente y humilde para rectificar el planteamiento inicial y cambiar a la defensa de tres y con Alves a sus anchas.

Ganó el Barça con la marca de su juego y sus valores. Con Xavi e Iniesta de mariscales, Messi de futbolista inalcanzable, Piqué y Puyol muy seguros, Alexis punzante y Cesc oportuno. Valores del mejor Barça de la historia, de un equipo que la semana que viene intentará coronarse como campeón en el Mundial de clubes, el título simbólico que otorga al vencedor el honor de ser el mejor equipo del momento. Los azulgrana llegarán al continente asiático satisfechos por haberse reafirmado ante su rival más respondón, a domicilio y tras superar un gol en contra cuando los jugadores penas se habían atado las botas. En poco más de lo que tarda Usain Bolt en correr 200 metros a Valdés le había dado tiempo para cometer su primer error de bulto en mucho tiempo asistiendo a Di María, que chutó. El balón rebotó en Busquets y le cayó a Benzema: gol y sonrisa de un delantero poco expresivo, pero al que la cesión de Adebayor hizo afinar la puntería. Mourinho optó por Benzema antes que por Higuaín, mientras que renunció al trivote por dar carrete a Özil, perdido como un pulpo en un garaje.   

El gol más rápido de los clásicos

Del tanto más rápido en los 216 duelos entre los equipos más poderosos del planeta el Barça supo ver una oportunidad de insistir y defender su estilo, de crear desde la defensa y presionar y tocar y tocar sin descanso. Del esfuerzo combinado con el talento, el que le sobra a Messi, que dribla a su propia sombra y que exigió al máximo a Casillas en su primera gran jugada. En la siguiente, al borde de la media hora, Messi se zafó de Xabi Alonso y, acosado por Lass y Ramos, habilitó a Alexis. El chileno controló y concretó sin pensárselo y con poco ángulo: 1-1. Estuvo rápido y pillo Alexis, lo que le faltó a Cristiano Ronaldo en dos acciones muy facilonas, una en cada mitad. Goleador en la final de la Copa del Rey, se pierde en retóricas contra el Barça: piensa antes en la celebración del gol que en cómo lograrlo. Así CR7 remató solo muy desviado primero y tras el descanso se equivocó dándole de cabeza a pocos metros de Valdés y con Ramos y Benzema por detrás. Parte de la grada le señaló como culpable de la derrota.   

Culpables de la remontada fueron Iniesta y Xavi, una pareja irrepetible ayudada por Busquets, el jugador que más trabajo invisible hace. Lo bordó el Barça tras el descanso y una primera parte discontinuo y con dos equipos más pendientes del error ajeno que de proponer. Guardiola mandó calentar a Pedro y a Villa y la respuesta del equipo fue una volea de Xavi desde lejos y de primeras que impactó en Marcelo y que Casillas sólo pudo observar.

Los azulgrana celebraron dichosos su suerte, mientras que al Madrid se le fundieron los plomos y siguió encontrando un muro en Valdés. Pepe estuvo a punto de llevarse por delante la rodilla de Messi y Coentrao fue directo al tobillo de Iniesta, quien replicó con una sombrero a Khedira. Nada más simbólico en un partido que ya había visto el tercer y último gol, de Cesc de cabeza pese a la oposición del propio Coentrao y que empezó con gotas en los primeros compases. Un toque más poético a un clásico al que se había llegado entre discuros cordiales y respetuosos, sin el tono visceral y polémico de las últimas citas. El objetivo era discutir en el césped por el presente y por una Liga, por prestigio y títulos y no por sandeces. Se olvidaron rencillas y Mourinho acudió a saludar en el epílogo a Tito Vilanova, que se está recuperando de una operación en la glándula parótida. Se jugó al fútbol y venció al Barça, líder con los mismos puntos que su rival. Un Madrid podrá volver a ser primero en solitario si el próximo fin de semana gana en Sevilla. Para entonces el Barça podría estar celebrando otro éxito, el Mundial de clubes. 

REAL MADRID 1: Iker Casillas; Coentrao, Pepe, Ramos, Marcelo; Xabi Alonso, Lass (Khedira, min.63), Özil (Kaká, min.58); Di María (Higuaín, min.68), Cristiano y Benzema. BARÇA 3: Víctor Valdés; Alves, Piqué, Puyol, Abidal; Busquets, Xavi, Iniesta (Pedro, min.89); Alexis (Villa, min.84), Cesc Fábregas (Keita, min. 78) y Messi. Goles: 1-0. Min.1 Benzema. 1-1. Min. 30. Alexis. 1-2. Min. 54. Marcelo en propia puerta. Min. 66. Cesc. Árbitro: David Fernández Borbalán (Comité andaluz). Mostró cartulina amarilla a Xabi Alonso (26'), Lass (61'), Pepe (62'), Sergio Ramos (69'), del Real Madrid y a Alexis (27'), Messi (36'), Piqué (48'), del Barça. Incidencias: 83.500 espectadores llenaron el estadio Santiago Bernabéu.

domingo, 29 de mayo de 2011

Wembley corona de nuevo a un Barça que alcanza su cuarta Champions tras desmontar al Manchester (3-1)

Abidal levanta la cuarta Champions del Barça en Wembley -EFE.
Habla el Barça con la pelota y sin micrófonos ni intermediarios, crea y defiende un estilo propio y cree en unos valores por encima de comportamientos de anuncio. Los azulgrana compiten desde el respeto al rival y así golearon por 3-1 a un Manchester United que sólo había recibido cuatro goles en todo el torneo. "Nunca nos habían dado una paliza así", reconoció Ferguson, generoso refiriéndose a sus jugadores y al Barça, muy superior desde el primer gol de Pedro y al que no le afectó que Rooney tardase poco en empatar. Messi y Villa concretarían la victoria y convirtieron a Guardiola en el técnico más joven en tener dos Champions: las ha logrado con 40 años. El técnico ganó otra como jugador, también en el estadio de Wembley, en el viejo. En el nuevo el Barça festejó su cuarta Copa de Europa, levantada, en un gesto mayúsculo, por el jugador de la plantilla que más ha sufrido en los últimos meses: Abidal, al que Puyol cedió el brazalete de capitán en dicho ritual. Eufórico y emocionado, el francés no soltaba el trofeo: había sido titular en la final después de superar un tumor en el hígado y después de haberse perdido la final de Roma por sanción. Es el décimo título de treces posibles del Barça de Guardiola.    

Fueron siempre reconocibles los azulgrana, la única plantilla de las grandes ligas que ha conseguido revalidar su título después del Mundial de Sudáfrica y que sólo ha dejado escapar la Copa del Rey con un gol en la prórroga de Cristiano Ronaldo. Sin el portugés el Manchester es un grupo más coral y con menos ego, más plural. Aunque tuvo poco que decir en una final en la que se quedó mudo salvo en el comienzo, cuando se vació en presionar al límite a la zaga azulgrana, tanto como para que Piqué se pusiese nervioso y despejase para Valdés sin mirar o para que Rooney se plantase solo ante el portero de l'Hospitalet y éste salvase en una acción acrobática. Dos fueras de juego de Chicharito completaron la oferta de peligro del Manchester antes del gol en dicha posición (por tanto, ilegal) del propio Rooney en una pared deliciosa con el eterno Giggs y después de que Pedro abriese la lata a pase de Xavi. El canario había cumplido la función que tan bien había realizado Eto'o en París y en Roma. 

Piqué arrastra con la red de una de las porterías -EFE.

El temple de Vidic

El empate no hizo dudar a los azulgrana, convencidos de que el resultado era injusto, pues era dominador y había tenido más ocasiones, casi siempre con Villa como protagonista, persistente como pocos. El propio jugador pecó de generoso y en vez de tirar trató de asistir a Messi justo antes del descanso. El número uno del mundo también había podido marcar, pero Vidic, inmenso, le rebañó la pelota en el césped. El Barça se creció más tras el paso por los vestuarios y Piqué y Mascherano no dudaron en salir al ataque pese a que fueran los centrales.

Faltaba el gol de Messi, en un excelente golpeo seco y colocado ante el que nada pudo hacer Van der Sar, en su último partido como profesional. El argentino, escogido el más destacado de la final, nunca había marcado en Inglaterra y lo consiguió en un día decisivo para adelantar a su equipo e igualar el récord goleador de Van Nistelrooy en la Champions (12) y el de la temporada de Cristiano Ronaldo (53). Messi, el mago sencillo y tímido, es una locomotora creativa, es tan suelto en jugadas como concreto en palabras. 

Los campeones de la Champions de la temporada 2010-2011 -EFE.
Xavi e Iniesta, capitales en este Barça formado por tantos jugadores de la Masía lo probaron desde lejos sin fortuna, la que tendría Villa después conectando a la escuadra, en una parábola preciosa, el tercer gol, el último, coinciendo con la entrada de Nani, el gran sacrificado por Ferguson, por el lesionado Fabio. Valdés sólo tuvo un contratiempo más, que salvó ante un Chicharito desaparecido. Hubo tiempo para que Guardiola tuviese el detalle de premiar con minutos al capitán Puyol, a Keita y a Afellay, el asistente del primer gol de Messi en el Bernabéu. Valdés jugó con una camiseta verde para homenajear a Zubizarreta y el propio Puyol se paseó por la zona mixta con una zamarra de apoyo al futbolista Miki Roqué, al que han operado de un tumor en la pelvis.


En el grupo de Ajax y Bayern

El Barça empata con cuatro Champions con el Ajax y el Bayern y está a una del Liverpool. Siete tienen el Milan y nueve el Madrid, derrotado por los azulgrana en unas semifinales que hicieron plantearse su continuidad a Guardiola. Tras la serie Mourinho empezó la rueda de prensa sin saberlo con uno de los cánticos más repetidos durante las celebraciones de los culés: "¿Por qué? ¿Por qué?".  

La final resultó muy limpia, todo un ejemplo para los más pequeños. "Hemos ganado respetando el juego", recalcó Guardiola, "hace cuatro días no teníamos ninguna Copa de Europa y ahora tenemos cuatro". En la camiseta de los campeones se podía leer otro lema contundente: "El fútbol te devuelve lo que le das". Y el Barça lo hizo prácticamente todo. Es el mejor club del mundo y vive el momento más dulce Palau Sant Jordi mañana domingo en el concierto de Shakira en el Palau Sant Jordi, al que no faltará Piqué, que cortó la red de una portería y se la llevó a casa de recuerdo. Otro guiño de Wembley, al que entiende el mundo entero porque habla en un lenguaje universal: el fútbol sin interferencias. El fútbol de verdad. 

BARÇA 3: Valdés; Alves (Puyol, 88), Piqué, Mascherano, Abidal, Sergio, Xavi, Iniesta; Pedro (Afellay, m.92), Messi y Villa (Keita, 86). MANCHESTER UNITED 1: Van der Sar; Fabio (Nani, m.69), Ferdinand, Vidic, Evra; Valencia, Carrick (Scholes, m.76), Giggs, Park; Rooney y Javier 'Chicharito' Hernández. Goles: 1-0, 27: Pedro. 1-1, 34: Rooney. 2-1, 54: Messi. 3-1, 69: Villa. Árbitro: Víktor Kassai (HUN). Mostró cartulina amarilla a Alves (m.60), Carrick (m.61), Valencia (m.79) y a Valdés (m.86).

miércoles, 16 de marzo de 2011

Marcelo pone fin a la maldición de octavos del Madrid

Marcelo dedica a la grada su gol -EFE.
Una de las peticiones de José Mourinho cuando estampó su firma en el contrato con el Madrid fue fichar a Kolarov, al que consideraba el lateral izquierdo ideal. El fichaje  no cuajó (el Manchester City se cruzó en el camino) y al técnico portugués no le quedó más remedio que conformarse con Marcelo Vieria Silva Júnior (Río de Janeiro, Brasil, 1988). Meses después Mourinho está encantado con el brasileño, puro torbellino en ataque, un jugador más hecho y maduro conforme pasan las temporadas y que desde que llegó en el mercado de invierno del curso 2006-2007 nunca había pasado de cuartos de final en la Champions. Fue el propio Marcelo quien puso remedio a una nefasta racha que duraba seis años para el Madrid, anclado en los octavos del torneo que ha ganado más veces que nadie. El lateral combinó con Cristiano Ronaldo, titular más por la repercusión de la cita que por su estado de forma, salvó a Cris y dejó en el suelo al otro central del Olympique de Lyon, Lovren, antes de marcar el primero. Ya en la segunda parte Marcelo rebañó una asistencia involuntaria de Révellière para asistir a Benzema para que éste anotase el segundo ante su ex equipo. El francés parece otro desde la llegada de Adebayor y acumula siete goles en los últimos cuatro partidos y seis en siete encuentros de Champions, competición en la que Marcelo no había marcado nunca. En otra contra Di María hizo el último (3-0) ante un equipo francés al que el Madrid jamás había conseguido superar.  

Capital también en la victoria por la mínima (0-1) en Cornellà-El Prat en un partido que el conjunto blanco jugó con diez por la inmediata expulsión de Casillas, Marcelo es una pieza indispensable para Mourinho. Su actuación ante el Lyon minimizó la reaparición de Cristiano Ronaldo, que se rompió el bíceps femoral izquierdo ante el Málaga. CR7 forzó hasta marcar el séptimo gol en dicho partido y llevaba casi dos semanas sin correr con normalidad. El portugués, el jugador que más remata de la competición, acabó cambiado por Abebayor a un cuarto de hora del final después de intentarlo sin fortuna ante Lloris: de cabeza, de falta, desde fuera del área…  

El ímpetu de Pepe

El Madrid era fiel a su ideario: montar contragolpes con la misma facilidad que quien se prepara una ensalada que ya viene montada en un tupper, con pocos toques y muy rápido. También era peligroso el Lyon, especialmente con Lisandro, torturado por Pepe, que le dio un golpazo con la rodilla en toda la cara. El central continúa sin calcular bien su ímpetu y después le clavó, esta vez con toda la intención, los tacos en la barriga a su rival. no recibió el castigo requerido: la expulsión.

Un lanzamiento de rosca de Chelito Delgado al final de los primeros 45 minutos y un disparo desde lejos, y tras el descanso, del goleador de la ida, Gomis –Casillas despejó fatal y Ramos despejó a córner– fue lo último de un Lyon avergonzado a partir de entonces, intimidado e inocente en defensa. En dos contraataques Benzema y Di María, tras una asistencia con la cabeza de Özil, el tipo de los mil ojos, el Madrid sentenció el encuentro. Pjanic, el artífice de la eliminación del año pasado, entró por Delgado, pero era tarde para que continuase la maldición de octavos para el conjunto blanco. Una frustración que empezó en 2005 y acabó Marcelo esta noche del 16 de marzo de 2011: “Estoy muy feliz por la victoria, que nos servirá para levantar nuestra moral y de nuestros aficionados. Teníamos una deuda con el madridismo”. Una cita concluida con un gesto fantástico: con los jugadores de ambos equipos con una camiseta blanca en la que se leía “ANIMO ABIDAL”. El defensa del Barça será operado mañana de un tumor en el hígado: “Le mando mucho ánimo”.  

REAL MADRID, 3: Iker Casillas; Sergio Ramos, Pepe, Carvalho, Marcelo; Khedira, Xabi Alonso; Di María (Granero, m.78), Özil, Cristiano Ronaldo (Adebayor, m.74); y Benzema (Lass, m.86). OLYMPIQUE DE LYON, 0: Lloris; Réveillère, Cris, Lovren, Cissokho; Toulalan, Källström; Briand (Gomis, m.46), Gourcuff (Pied, m.69), Delgado (Pjanic, m.80); y Lisandro. Goles: 1-0, m.37: Marcelo. 2-0, m.67: Benzema. 3-0, m.76: Di María. Árbitro: Damir Skomina (SLO). Amonestó a Pepe (9) y Carvalho (30) por el Real Madrid, y a Gourcuff (38) y Cissokho (54) por el Lyon.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Cristiano Ronaldo: filigranas al servicio del colectivo


Cristiano Ronaldo pide silencio a la afición rival -Reuters.



La sociedad actual fomenta el individualismo y exige la competencia. La cohesión y el entendimiento grupal parecen un obstáculo más que una ayuda para llegar al reconocimiento personal, como si el éxito fuese una cuestión individual y la persona sólo necesitase autopromoción para llegar a él. Cristiano Ronaldo (Funchal, Isla de Madeira, Portugal, 1985) es el reclamo perfecto de quien se ha dado cuenta de que el camino hacia el número uno sólo podía ser el trazado junto a un grupo, ser partícipe de los logros colectivos. Campeón de la Premier y de la Champions con el Manchester United, ha hecho méritos suficientes para ganar el Balón de Oro de 2008 con 446 votos, por los 281 de Leo Messi y los 179 de Fernando Torres.
Siendo extremo Cristiano Ronaldo logró la Bota de Oro por marcar 31 goles en la Liga inglesa y fue nombrado mejor jugador de la Copa de Europa tras levantar el trofeo como pichichi con ocho tantos (marcó en la final ante el Chelsea, pero falló su penalti en la tanda). 41 goles acabó siendo su cifra final en una temporada casi perfecta, tan sólo empañada por una Eurocopa frustrante para Portugal, que cayó en cuartos ante Alemania, y triunfal para España, liderada por su portero Íker Casillas (4º en el Balón de Oro con 133 votos) y Xavi Hernández (5º con 97 y mejor jugador del campeonato europeo). “Quise jugar a costa de sufrir mucho por la lesión que tuve en el tobillo. Tenía cuatro fragmentos sueltos que me martirizaban”, se defiende.
Segundo en el Balón de Oro el curso pasado por detrás del brasileño Kaká, Cristiano Ronaldo tiene un repertorio completo. Dispone de una técnica cuidada al detalle, como marcan los cánones de los extremos surgidos de la Academia del Sporting de Lisboa (Simao, Figo o Quaresma). Hace muchas cosas bien: centra, remata con ambas piernas y de cabeza. Tiene músculo, inteligencia y es tremendamente rápido. Es un jugador total. Nada que ver con el chaval de 18 años vanidoso, incapaz de controlar su ego y obsesionado con derrochar el dinero en ropa y joyas que aterrizó en Manchester en el verano de 2003. Entonces Cristiano Ronaldo, tercer portugués en ser Balón de Oro tras Eusebio (1965) y Luis Figo (2000), estaba obsesionado con dejar en evidencia a los contrarios. Se excedía en filigranas y bicicletas tan artificiosas como irrelevantes para el equipo y era objeto de las burlas de rivales, que le bautizaron como Pony. “No me considero un provocador. Soy un regateador de nacimiento. Siempre he jugado así. Driblo porque es mi fútbol”, decía el extremo portugués, que se hizo más famoso por aparecer en los tabloides ingleses que por el juego que ofrecía.

El extremo levanta la Champions ante Van der Sar, Nani, Rooney y Silvestre.


Heredero de Beckham y Cantona
Cristiano Ronaldo tuvo un error de juventud: canalizó la presión del equipo en su juego, como si él, un recién llegado, tuviese que resolver los partidos y marcar las diferencias. El cometido era demasiado grande para la experiencia que atesoraba. Dos temporadas en el Sporting de Lisboa parecían un colchón muy pequeño para sustituir el hueco dejado por David Beckham, de quien por deseo expreso de Sir Alex Ferguson heredó el 7. Un número mítico, porque también lo llevaron otros símbolos del club como Eric Cantona o George Best. El jugador portugués prefería seguir jugando con el 28, el dorsal con el que defendió la camiseta del Sporting.
“Aún era joven e inexperto”, reconoce ahora el jugador, que tuvo que madurar de golpe por las expectativas del Manchester y de los compañeros, que habían reclamado al club su fichaje. Lo hicieron tras la exhibición de Cristiano Ronaldo en el partido que sirvió para inaugurar el Estadio José Alvalade XXI y que ganó el Sporting al equipo inglés por 3-1. La operación, resuelta en apenas 48 horas, se concretó en 17,5 millones de euros.
La prensa lusa también tenía grandes expectativas en el extremo, así que con tan sólo 19 años le nombró como uno de los líderes de Portugal para la Eurocopa de 2004, diez meses después de debutar ante Kazajistán. Cristiano Ronaldo asumió con cierto desparpajo ser un refente del combinado luso en casa: jugó como titular desde el último partido de la primera fase ante España (1-0) y acabó siendo decisivo con un gol en semifinales ante Holanda (2-1). Su imagen llorando desconsolado tras perder la final ante Grecia (0-1) dio la vuelta al mundo.

Scolari consuela a Ronaldo tras perder la Eurocopa de 2004.


Superviviente nato
No hay duda de que Cristiano Ronaldo es un superviviente nato capaz de transformar las críticas de todo un país en elogios y de hacer que los seguidores del Manchester le perdonasen sus escarceos con el Real Madrid. Curiosamente dio el salto de calidad más grande tras el Mundial de 2006, cuando Inglaterra le acusó de traidor por haber reclamar (y lograr) la expulsión de Wayne Rooney en cuartos de final. Recibió amenazas de muerte, agredieron a su sobrina y le robaron en casa. La reacción del jugador fue apostarse con Sir Alex Ferguson que marcaría más de 15 goles aquella temporada. Logró 23 (cuatro menos que durante sus tres primeros años en el Manchester) y, sobre todo, mejoró su imagen. Pocos le recuerdan aquella acción en Alemania y los seguidores de los diablos rojos prefieren olvidar que este verano quisiese irse a la Liga española. El nuevo Balón de Oro se vanagloria de ser sincero: “¿Para qué mentir? No voy a ser un hipócrita. Digo exactamente lo que pienso: mi sueño es jugar en el Madrid y pensé que era la hora de partir”.
Cuenta que necesitaba un reto mayor o, cuento menos, diferente. Gran parte de la prensa, especialmente la española, dio por hecho el fichaje de Cristiano Ronaldo por el Madrid. Se convirtió en el personaje rosa del fútbol en verano: le seguían hasta al dentista. Algunos medios incluso enviaron a periodistas para contar el día a día del jugador, con muletas tras una operación en el tobillo derecho. Incluso un periódico digital mostró una prueba casi irrefutable (sic): una foto en la que se veía un coche con un papel en el que ponía “Entregar Cristiano Ronaldo”. Un ejemplo del periodismo como circo. Cuando Cristiano Ronaldo confirmó que se quedaba en Manchester muchos tuvieron que olvidar las exclusivas de las que habían presumido.

Cristiano Ronaldo besa la Bota de Oro -Reuters.



Icono publicitario
Admirado y odiado a partes iguales, Cristiano Ronaldo es un icono publicitario hecho a medida. Combina imagen y polémica con méritos deportivos: un cóctel fantástico. En los buscadores de Internet aparecen más fotos del jugador enseñando abdominales o posando a la cámara que con camiseta y sudando. El extremo internacional aporta otro elemento que vende: la seguridad en sí mismo. Confía tanto en sus posibilidades que a veces incluso se excede en (de)mostrarlo. ¿Dijo en broma que es el “primero, segundo y tercero mejor del mundo” o fue un acto de vanidad? ¿Cómo interpretamos el “soy genial”? Sus detractores consideran que las dos frases como un acto de prepotencia y de suficiencia inaceptable. Presuponen que los grandes de la historia tienen que ser un espejo de humildad y bondad, y que llegar a más alto es compatible a ganarse la simpatía de (casi) todos. Un término medio que pocos deportistas han logrado alcanzar.
El jugador tiene una marca registrada (CR 7, formada por sus iniciales y dorsal). Con esa etiqueta podemos encontrar desde ropa a artículos de bisutería para la mujer. Su hermana mayor, Elma, regenta una tienda en la que vende dichos productos. Su otra hermana, Catia, ha adoptado el nombre de Ronalda para hacerse un hueco como cantante.

Una pareja pasea delante de un anuncio del extremo portugués- AP.

Sin futuro en Funchal

Si se hubiese quedado en Quinta do Falcão, uno de los barrios más pobres de Funchal, Cristiano Ronaldo no hubiese tenido futuro alguno. Su padre, con graves problemas con la bebida, no era el mejor ejemplo. Murió en 2005 a los 52 años y sin poder haber superado su adicción. “El alcohol llevó a una muerte prematura a Dinis. Cristiano quedó deshecho”, dice su madre, Doña Dolores. Tampoco su hermano Hugo optó por el mejor camino. En este caso cayó en las drogas. El jugador le costeó un tratamiento para desintoxicarse en Lisboa. Por lo que ha tenido que vivir (y sufrir) en la familia Cristiano Ronaldo asegura que no bebe ni fuma, que sólo está enganchado al fútbol.

La pelota fue siempre su mejor aliado, el incentivo para salir a la calle y no estudiar, y para intentar emular las jugadas que veía hacer a los rivales o a sus ídolos, Maradona y Figo. En el Andorinha, su primer club y con el que Dinis colaboraba, demostró un descaro y una habilidad inusuales. Virtudes que no pasaron desapercibidas para el Nacional de Madeira, entonces en Primera, que lo fichó con nueve años para desfogarse en categorías inferiores. “Cuando tenía 11 años, ya jugaba contra chicos de 14. Mostraba una gran mentalidad ganadora en los partidos. Sobresalía en comparación con el resto”, explica el coordinador de la cantera del club, Pedro Talhinhas. Después llegaría su traspaso al Sporting por 25.000 euros, una cifra más que importante para un chaval de 11 años y que sirvió para que el Nacional saldase una antigua deuda con el club lisboeta.

Cristiano Ronaldo durante su etapa en el Sporting- CRonaldo7.es.


Fan de Jean-Claude Van Damme
Seguidor de las películas sin guión y mamporros de Jean-Claude Van Damme, Cristiano Ronaldo confiesa que le chifla el bacalao abraz acompañado con patatas y huevos revueltos y el santal, un zumo tradicional portugués. Defiende el culto al cuerpo y reconoce que se excede haciendo abdominales. Pero su mejor anécdota es que el pasado abril lesionó sin querer a un aficionado. En un encuentro contra el Middlesbrough Cristiano Ronaldo chutó y el balón se fue a tribuna. Fred Harisson, de 68 años, intentó protegerse del balonazo y se rompió la muñeca -el hombre quedó encantado y posó sonriente para los medios-. Menos gracia le hace al extremo portugués que le recuerden que en octubre de 2005 fue acusado de violación a menores (sería declarado inocente) y que se saltó un control antidopaje en un Europeo sub 21 en Clermont-Ferrand (Francia) tras destrozar el vestuario con sus compañeros.
“¿Quién ha hecho más méritos que yo para ganar el Balón de Oro? Nadie”, sentenciaba Cristiano Ronaldo días antes de recibir el galardón. Lo dijo con seguridad, pero también con cierta prepotencia. De aquel niño que agachaba la cabeza cuando se burlaban de él por su acento madeirense en las categorías inferiores del Sporting queda poco. Ahora no se calla nada y sabe hacer filigranas al servicio del equipo. No piensa en humillar a rivales, sino en ser partícipe del éxito del colectivo. Ése era su único camino para llegar a ser el número uno.