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sábado, 15 de septiembre de 2012

Juan Carlos Ferrero, el primer héroe de la Davis

El tenista de Ontinyent anuncia que se retirará en octubre, tras el Valencia Open 500, del que es propietario junto a David Ferrer

Ferrero, tras el punto definitivo en la Copa Davis de 2000. 

Los nervios de un anuncio bien meditado y que no tiene vuelta atrás se reflejan en tres gestos. Como entrada a la noticia Juan Carlos Ferrero (Ontinyent, Valencia, 1980) recorre, nervioso, su ceja izquierda, hasta tres veces. Dado el titular de que se retirará en octubre, tras el Valencia Open 500, del que es propietario junto a David Ferrer, que lo hace a los 32, a una edad idónea “para un deporte tan exigente”, continúa con los agradecimientos. Se le corta la voz mencionando a su padre, Eduardo, y logra seguir con sus hermanas, Laura y Ana, a su familia en general y a Toni [Antonio Martínez Cascales, su técnico de casi siempre, Josep Perlas lo fue un tiempo]... No puede más: pide “un segundo” y toma un sorbo de agua mientras llora en un momento inevitable para el primer héroe de la Copa Davis. Para quien rompió la eterna barrera de España con la Ensaladera con un passing de revés ante Hewitt en un Palau Sant Jordi a rebosar que disfrutó de un talento precoz al que sólo las lesiones pudieron frenar. Del segundo número uno nacional tras Carles Moyà y antes de que lo fuese Rafa Nadal.  

De Ferrero se recuerda cómo celebró el punto decisivo de la primera Copa Davis, dejando sus rodillas reposar en la arcilla con 20 años y como con 23 hizo lo mismo para festejar su único Grand Slam, Roland Garros, cuya copa llenó a besos: “Era el sueño de mi vida. Te lo dedico también a ti, que estás ahí arriba”. El Mosquito, como le apodó un amigo por su tremenda velocidad, hablaba de Rosario, su madre, que murió de una enfermedad cuando él tenía 16 años, y que no pudo disfrutar con su retoño como número 1, también en 2003, su mejor temporada, en la que además de seducir a París, se metió en la final del US Open, coto privado hasta entonces para los españoles y emulando a Moyà, que también fue finalista en el Abierto de Australia, otro territorio prohibido hasta la aparición fulgurante de Nadal. 

Sí, Ferrero fue y será recordado como un pionero, un talento precoz al que sólo pudieron las lesiones, de todo tipo y continuas, a veces se recuperaba de una y volvía a la otra. Pero El Mosquito continuaba erre que erre –“Ferrero sigue jugando por su autoestima, por estar bien consigo mismo”, decía su entonces técnico Josep Perlas a Sergio Heredia en La Vanguardia–, venciendo al miedo y a los dolores por hacer lo que le gusta, jugar al tenis –“ahora lo haré de una forma un tanto más relajada”–. Estuvo casi cinco años largos sin ganar un título individual, el período entre que alzó el Másters de Madrid ante Nicolás Massú y eliminado a un jovenzuelo irreverente y con coleta, Roger Federer, en octubre de 2003 –en 2006 sí que ganó el Másters nacional– hasta que en abril de 2009 alzó el de Casablanca. 

Entre medias, algunas finales, como las de Rotterdam (2003), Godó y Viena (2005), Costa do Sauipe (2007), Auckland (2008) y Cincinnati (2006), a la que llegó tras batir por el camino a, entre otros, Nadal. La joven perla desplazó a Ferrero en la final en Sevilla ante Estados Unidos poco después de haber logrado su primer título ATP en Sopot y se convirtió en el más joven en lograr un punto para el vencedor. Moyà quedó como héroe final, emulando a ese Ferrero descarado del Palau Sant Jordi. Ferrero fue fino en la pista y dentro de ella, eterno, por ejemplo, para dar el punto definitivo ante Alemania en Marbella y alcanzar las semifinales de 2009 de la Davis, una competición a la que no acudía desde 2005. Aficionado del Madrid, jugador puntual de golf y enamorado de los coches, Ferrero se irá de las pistas a finales de octubre en su torneo, pero continuará ligado al mundo del tenis que tanto ama y no dejará de escuchar su música favorita, a  los desaparecidos Michael Jackson y Whitney Houston, y a Manolo García y Ella baila sola. 

domingo, 4 de diciembre de 2011

Nadal concreta la quinta Copa Davis para España

Costa, López, Granollers, Nadal, Ferrer y Verdasco con la Copa Davis ante la mirada del Rey - EFE.

En las ocasiones se descubren los miedos, pero también las fortalezas. Y Rafa Nadal es un tenista que suele aprovechar las oportunidades. Es tan resistente con el esfuerzo físico como en la batalla mental. Un aspecto, este último, que es una de sus señas de identidad, por más que este curso se haya bloqueado ante Novak Djokovic. No lo hizo ante Juan Martín del Potro, al que ganó por 1-6, 6-4, 6-1 y 7-6 (0) para dar a España el punto definitivo para cerrar la quinta Copa Davis (3-1) ante Argentina. Nadal se tiró al suelo, mientras su rival, agachado, se apoyaba en la red. El balear fue a abrazarle y lo mismo hizo con el resto de miembros del grupo sudamericano.

Nadal es un deportista ejemplar y luchador. Se sobrepuso a un primer set muy duro (1-6), el más contundente en contra en tierra batida desde su derrota contra Ferrero en Roma en 2008 y rompió el servicio el servicio de Del Potro en el segundo juego remontando un 40-0 y se llegó la manga. Nadal se relamió en el tercero y tuvo que hacer de tripas corazón en el que sería el set definitivo. Su rival sacó con 3-5, pero el balear le hizo un break y acabaría forzando el tie-break. Un final fantástico, concretado con una derecha ganadora, para un 2011 maratoniano para Nadal, que anunció -como sus compañeros David Ferrer, Feliciano López Fernando Verdasco- que el próximo año no disputará la Copa Davis porque a un calendario cogido con pinzas hay que unir los Juegos Olímpicos de Londres. Los cuatro ven "imposible" que vuelvan a coincidir en un torneo que España ha levantado cinco veces desde aquel memorable partido de Juan Carlos Ferrero ante Lleytton Hewitt en 2000. Entonces Nadal, que tenía 14 años, fue el abanderado. Esta vez fue él el encargado de cerrar el título.

jueves, 17 de noviembre de 2011

El Barça gana al Galatasaray pese a su bajón final (66-70)

Wallace trata de superar a Ozer - EFE.

No es el Barça de Xavi Pascual un equipo dado a relajarse por lo conseguido ni a mirarse al ombligo, pero en Turquía se llevó un buen susto como en Valencia después de acumular otra ventaja más que holgada. En su visita al Galatasaray los azulgrana llegaron a tener una ventaja de 20 puntos en el tercer cuarto y las pasaron canutas en un tramo final lamentable, pues sólo anotaron 14 puntos en los últimos 15 minutos y seis tantos fueron a falta de dos minutos. A pesar de tan tremenda pájara el Barça ganó por 66-70 y continúa invicto en la presente Euroliga.

Como en la Fonteta los azulgrana tuvieron dos versiones muy diferentes. Empezaron nerviosos, tensos incluso, fallando varios tiros libres. E incluso así no perdieron comba gracias a los puntos de Juan Carlos Navarro, que con los 12 que anotó está a 14 de convertirse en el máximo anotador del torneo y suceder a Marcus Brown, y Marcelinho Huertas.

Tuvo que ser Mickeal quien dijo basta participando en el parcial de 10-33 del segundo cuarto (29-44 al descanso). Wallace, entonado desde más allá de 6'75, y Eidson fueron sus escuderos de lujo. Después surgieron de nuevo Lorbek y Navarro para colocar el 36-56. El público del Abdi Ipekçi Sports Hall no se imaginaba lo que vendría después, el tremendo bajón del Barça y la reacción del Galatasaray, liderado por Andric, al que se unió tarde el ex azulgrana Jaka Lakovic. El esloveno aportó sus únicos tres puntos en el epílogo: a 2m 18s puso el 60-64 y a once segundos, el 66-68 tras fallar su segundo tiro libre. Los azulgrana se hicieron con el rebote y Huertas sentenció desde la línea de personal. 

GALATASARAY 66 (19+10+19+18): Lakovic (3), Shipp (9), Lucas (8), Songaila (2), Aldemir (6) -quinteto inicial-, Andric (17), Açik (4), Özer (-), Arslan (8), Shumpert (7), Topaloglou y Pachulia (2). BARÇA 70 (19+25+17+9): Marcelinho Huertas (9), Navarro (12), Eidson (8), Lorbek (14) y Vázquez (3) -quinteto inicial-, Wallace (9), Sada (3), Mickeal (10), N'dong (2), Ingles (-) y Perovic. Árbitros: S. Pukl (ESL), R. Lottermoser (GER) y B. Shulga (UKR). Eliminado: Wallace (m.36). Incidencias: 11.300 espectadores asistieron al encuentro correspondiente a la quinta jornada del grupo D, disputado en el Abdi Ipekçi Sports Hall.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Soberbio Ndong, inexorable Barça ante Estudiantes (97-51)

Ndong se prepara para lanzar un tiro libre - ACB Photo / Àlex Caparrós.

Siempre sonríe porque siempre intenta ver el lado positivo de las cosas. Boniface Ndong (Mbour, Senegal, 1977) es un tipo feliz que se gana la vida jugando a baloncesto, el deporte del que se enamoró mientras estudiaba en el seminario para ser sacerdote. Entre los 16 y los 17 años creció 15 centímetros (mide 2'13 metros) y decidió apostar fuerte por este deporte, después de haber sido futbolista y lateral. A los 19 aterrizó en Alemania, donde se entrenó con Dirk Nowitzki. Ahora con 34 vive Ndong vive su tercera temporada como azulgrana y en este inicio de campaña disfruta de sus mejores momentos con el Barça. Para muestra, su actuación mayúscula (21puntos, ocho rebotes para 29 de valoración) ante un Estudiantes minúsculo (97-51), a años luz desde el empate a 8, por más que llegase al descanso vivo (47-35).

Dice Ndong que en el seminario aprendió todo lo que sabe de la vida y que una de las enseñanzas que extrajo fue la humildad, que sin ella no habría llegado a ser lo que es. Ése es un valor del Barça de Xavi Pascual, inexorable, inconformista incluso en un encuentro en el que no bajó el pistón ni en los minutos de relleno. El técnico dosificó a los jugadores y permitió dar más carrete a Ndong, soberbio desde el principio. Un inicio en el que compartió focos con su compañero Erazem Lorbek y el estudiantil Germán Gabriel, que anotó sus cinco primeros tiros y alcanzó los 19 puntos, casi el 40% de los de su equipo, sin respuesta ante la agresiva defensa (12 recuperaciones y 41 rebotes) y el ataque fresco de los azulgrana (30 asistencias y ¡75% en tiros de dos!).

Antoine Wright, récord negativo en ACB: -19 

La prioridad del Barça era procurarse canastas fáciles, sobre todo para sus pívots. Juan Carlos Navarro estaba más pendiente de repartir canastas que de meterlas, además de anular a Luis Flores, tanto que se quedó en 2/5 en tiros y tardó casi 18 minutos en anotar. Peor le fue a Antoine Wright, seco e impotente, eliminado con una serie histórica en lo negativo: falló sus diez tiros, los dos tiros libres que lanzó, perdió cinco pelotas y valoró -19. La peor marca desde que se fundó la Liga ACB, superando el -13 de Berni Rodríguez, Dani Pérez y Rico Hill.

Debut de Papa Abdoulaye Mbaye

Didáctico y directo como es habitual, Pepu Hernández intentaba transmitir arrollo y coraje a sus jugadores: "Lo que hay que hacer es trabajar en el uno contra uno". Pero después del consejo aparecía Fran Vázquez para hacer de las suyas o Marcelinho Huertas para meter un triplazo. Así con dos tiros de tres compareció en el partido Rabaseda. Porque todos los azulgrana funcionaban a un gran nivel, haciendo trizas las defensas zonales visitantes, como la 1-2-2 o la 2-3. Eidson, por ejemplo, que ejerció varios minutos de base o Sada, que no anotó, pero repartió seis asistencias y capturó cuatro rebotes. También Ingles se lució al final y Ndong se llevó una buena ovación cuando Pascual lo sustituyó por su compatriota Papa Abdoulaye Mbaye, jugador del filial en LEB Plata y debutante en la competición.

En una jugada se resumió el partido: Wright se la quitó a Ingles y la perdió solo para cometer la quinta personal sobre el australiano. Mickeal cerró la exhibición con su  única canasta en una jornada en la que los azulgrana alcanzaron los 144 puntos de valoración y desmontaron a Estudiantes, que había acudido al Palau con el optimismo de haber ganado al Valencia Basket en la jornada inaugural. Pero en su visita a Barcelona el grupo de Pepu Hernández resultó grupo anárquico y sin más pauta que la que marcaron los locales. Dos triples de Carlos Jiménez -uno sobre la bocina para cerrar la primera parte-, la electricidad de Granger y la buena actuación de Driesen, que jugó 17 minutos, sólo diez menos que en todo el curso anterior, fueron de lo poco salvable de los visitantes, desconectados en cuanto Germán Gabriel dejó de ser infalible. El Barça, por contra, funcionó como un rodillo. Fue inexorable y tiene mérito serlo en dichas condiciones.  

BARÇA 97 (31+16+28+22): Sada, Navarro (8), Eidison (10), Lorbek (15) y Ndong (21) -quinteto inicial-, Wallace (10), Vázquez (8), Mickeal (4), Huertas (8), Ingles (7) y Rabaseda (7). ASEFA ESTUDIANTES 51 (19+16+11+5): Granger (6), Flores (4), Wright (-), Simmons (2) y Gabriel (19) -quinteto inicial-, Driesen (9), Jiménez (7), Fernández (4) y Clark. Árbitros: Francisco de la Maza, Carlos Cortés y Castillo. Sin eliminados. Incidencias: partido de la segunda jornada de la Liga ACB disputado en el Palau Blaugrana ante 5.126 espectadores. 

jueves, 9 de junio de 2011

Lorbek dirige el monólogo ante un Bizkaia Bilbao con respuesta tardía (74-64)

Ricky recupera una pelota ante Fischer -EFE.
El primer día de un profesor es decisivo para todo un curso: de su comparecencia, de cómo se muestre y qué transmita a los alumnos durante esos primeros minutos dependerá su relación con ellos. Un buen docente es el que motiva a todos, tanto a los que pretenden aprender como a los que persiguen sólo aprobar, a los silenciosos como a los más ruidosos. No entiende de perfiles, sino de personas. El Barça de Xavi Pascual no se fija en el currículum de sus rivales, sino que se presenta como un grupo insaciable independientemente de a quién tenga como opositor. Los azulgrana tienen un plantel tan completo y coral que no depende únicamentre de solistas. Su mejor jugador esta vez fue Erazem Lorbek (Ljubljana, Eslovenia, 1984), más fresco y certero en los últimos coletazos del curso que durante los meses anteriores. Lorbek, con 24 puntos y siete rebotes, dirigió con maestría el monólogo azulgrana ante un Bizkaia Bilbao Basket indeciso y superado, pero siempre ambicioso, tanto para rebajar considerablemente una desventaja que rondó los 30 hasta el 74-64. El Barça se adelantó 1-0 en la final de la Liga ACB. El segundo partido será este sábado (Teledeporte, 18:15 horas).   

Defendido hasta el límite Navarro, Lorbek volvió fue la principal referencia del ataque azulgrana con puntos muy repartidos y sólo Ricky a cero. El pívot esloveno está asumiendo mucha responsabilidad en estos playoffs: las tres primeras jugadas las acabó él y once de los tantos del parcial inicial de 22-7 (a los 7m 55) llevaron su firma. Al Bizkaia Bilbao le costó encontrarse en la pista ante un rival que no le perdonaba ni el más mínimo despiste y que al descanso (43-31) sólo contabilizaba una pérdida por seis recuperaciones y acabó con 43 rebotes por 31 de su rival.

Respuestas disuasorias

Empequeñecido Jackson ante el agobio de Ricky y Sada, al Bilbao Basket le costó más de cinco minutos anotar su segunda canasta, obra de Mumbú, obligado en algunos momentos del encuentro a jugar de 4, porque hace semanas que Sonseca está de baja. Por contra, el Barça tiene una mina en la pintura, por más que ninguno de sus pívots haya tenido una temporada regular. Sobresalió Lorbek, acompañado de Perovic, más suelto desde hace un tiempo, o Ndong, al que ya no se le escapan balones de las manos y que le colocó un gorro a Vasileiadis, la misma jugada que Ricky a Warren. Un par de respuestas disuadorias para frustrar el amago de remontada de los visitantes, que entre el final del tercer cuarto, donde llegaron a perder por 28 puntos (64-38 a los 29m 20s), y el ecuador del último rebajaron 16 tantos la diferencia en menos de seis minutos.

La reacción final dice mucho del grupo de Katsikaris, que a pesar de que las cosas salgan mal no desconecta, y también mucho del de Pascual, que supo responder con temple y contundencia, con Lorbek de por medio, claro: "Hemos metido muchos tiros ante un rival muy fuerte". El Barça había querido -y logró casi siempre- marcar el territorio, como hacen los profesores que se dan a respetar. Los azulgrana arrollaban a su rival desde el máximo respeto por el público -por fin el Palau respondió a una cita señalada, se rozó el lleno, quizás por el anuncio de recorte a las secciones o por la llamada de la plantilla, o por ambas cosas-, pero también por la filosofía del equipo y la trayectoria de los visitantes, grandes animadores estos últimos días en un torneo del que se cuestiona su formato, al presidente y varios equipos las pasan canutas para subsistir. El último caso en conocerse, el del Meridiano Alicante. La tercera parte de los clubs ACB está... en concurso de acreedores. 

Defiende Katsikaris que la hazaña del Bilbao Basket es una buena noticia para la competición. Lo es para el deporte y un ejemplo de gestión de recursos. Un reflejo de un equipo batallador desconocido prácticamente siempre ante un Barça con Navarro fallón (4/13) y Grimau acumulando canastas de mérito, pero sobre todo fue de la persistencia, como la que tiene Sada o de Lakovic, al que Pascual mandó al banquillo después de obsesionarse tirando un par de triples cuando tenía otras opciones más claras a su alrededor. Un lapsus de un equipo casi perfecto hasta el final del tercer cuarto que apenas dejó correr y gustarse al Bilbao Basket, más discreto por la reducida aportación de los principales artistas, como Mumbrú, Banic y Jackson. Entres los tres y Vasileiadis no alcanzaron la cifra de Lorbek, el mejor del Barça, el primer azulgrana en alcanzar los 24 puntos en una final de la Liga desde que Bodiroga lo hiciese en el segundo partido de la final de 2004 ante el Estudiantes, ahora molesto por la salida (o sobre todo por la manera que se ha producido) de Jasen.

BARÇA 74 (26+17+21+9): Sada (2), Navarro (9), Perovic (5), Lorbek (24) y Anderson (9) -quinteto inicial-, Ricky Rubio, Lakovic (2), Fran Vázquez (2), Ingles (3), Ndong (9), Morris (1) y Grimau (8). BIZKAIA BILBAO BASKET 64 (12+19+9+24): Jackson (7), Mavroeidis (5), Mumbrú (5), Hervelle (8) y Blums (5) -quinteto inicial-, Warren (12), Fisher (6), Paco Vázquez (3), Banic (6) y Vasileiadis (7). Árbitros: Daniel Hierrezuelo, Juan Luis Redondo y Benjamín Jiménez. Sin eliminados.

jueves, 16 de abril de 2009

Juan Carlos Ferrero se reengancha al éxito

Ferrero sostiene el trofeo de Casablanca -EFE.



Caminos y metas conforman los incentivos y las pesadillas de la vida, proyectada como una continua carrera de fondo. Y por mucho que los educadores se encarguen de recalcar a los pequeños que lo importante es participar y aprender, sólo se asciende (ayudas de terceros aparte) mediante éxito y triunfos (simbólicos o no). En los deportes la sentencia es aún más contundente: sólo se juzga el presente. Y en el presente Juan Carlos Ferrero (Ontinyent, 1980) es simplemente un tenista que tiene la esperanza de volver a estar entre los mejores. Siento que he encontrado el camino para ganar de nuevo”, dice, convencido, quien puede presumir de haber sido número uno mundial durante seis semanas a finales de 2003. La última celebración del valenciano pertenece a otra esfera completamente diferente. En Casablanca (Marruecos) y ante el francés Florent Serra (6-4 y 7-5) Ferrero festejó el 12º título de su carrera, el primero en los últimos cinco años y medio. 110 torneos después de levantar el Masters de Madrid el jugador pudo volver a repetir su ritual más conmovedor: mirar al cielo y señalar hacia su madre, Rosario, fallecida cuando Ferrero tenía 16 años. El principal motivo para pensar en una retirada prematura y, a la vez, el mejor motor para continuar por los circuitos e intentar volver a estar entre los mejores. De momento participará como invitado en el próximo Open Banco Sabadell Godó, que se celebrará entre los días 18 y 26 de este mes, y poder disputar Roland Garros.

Admirador de Pete Sampras y Manolo Santana, Ferrero sueña con volver a hacer un papel digno en París, donde ganó en 2003 –el diario L’Equipe le bautizaría como “el otro rey Juan Carlos”– y donde ya había sido semifinalista tres años antes, con 20 (Gustavo Kuerten le ganaría tras remontar dos sets a uno encontrar y 4-2 en la cuarta manga). Ese mismo año, el 2000, Ferrero sería el gran héroe de la primera Copa Davis ganada por España ganando dos de los tres puntos en la final ante Australia (3-1), disputada en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Su resto ganador ante Lleyton Hewitt es uno de los grandes recuerdos del deporte español. Una instantánea, la de Ferrero dejándose caer en la arcilla tras ganar, que contrasta con sus lágrimas en la final perdida ante el mismo rival en 2003 y el rostro serio de la edición siguiente, disputada ante Estados Unidos en La Cartuja de Sevilla y en la que sólo jugó los dobles y fue desplazado por un chaval de apenas 18 años que había ganado su primer título en Sopot (Polonia) y que empezaba a despuntar, Rafa Nadal. Ferrero acabaría aquella temporada como 31º, muy mermado por una lesión en una muñeca y una costilla tras un inoportuno tropezón. Nunca más pasaría del 15º lugar y sólo alcanzaría los cuartos en un Grand Slam, Wimbledon, en 2007. La Davis marcó su explosión y su declive, motivado por continuas lesiones “y por cosas más mentales”. La prensa francesa le apodó Mosquito, por su fragilidad física. Un amigo ya le llamaba así porque “corría muy rápido por la pista”.


Número uno mundial


El cenit del tenista valenciano fue alcanzar el número uno el 6 de septiembre de 2003 tras ganar a Andre Agassi en el US Open en semifinales. Andy Roddick le superaría en la final. Después llegaría su triunfo en Madrid y… el vacío. Desde entonces, a excepción de su triunfo en el Masters español-Copa del Rey de 2006 (no computable para la ATP), Ferrero no había ganado más torneos, aunque seis veces había sido finalista: Rotterdam (2004), Godó y Viena (2005), Masters Series de Cincinnati (2006), Costa do Sauipe (2007) y Auckland (2008). Y en ocasiones puntuales, el rival antipopular: en 2006 vencería a Albert Costa en el Godó, en el encuentro que supuso la retirada del jugador que le había ganado en la final de Roland Garros de 2002, y en 2008 eliminó en segunda ronda a Nadal en Roma.


Los inicios de Ferrero fueron los clásicos de los fuera de serie que despuntan casi desde siempre. Empezó a jugar a tenis con siete años con su padre, Eduardo, y a los 14 ya era todo un bicampeón del mundo en su categoría y había levantado trofeos tan prestigiosos como “Les Petits Princes” y “Les Petits As”. Con 18 ya era campeón júnior en Roland Garros. Con 19 era el 43º del mundo. Y con 20, el gran héroe de la primera Copa Davis de España. Un año después batió el récord español de victorias consecutivas, 16 y ganó en Barcelona, Roma, Estoril, Dubai, Gstaad y Hamburgo.

“Quisiera que la gente se acuerde de mí como uno de los mejores tenistas de la Historia, trabajo para la Historia”, decía Ferrero en una entrevista antes de ser número uno. Nadie duda de que este apasionado de los coches deportivos y de las motos 4x4 en particular ocupa un lugar importante en los libros. Un espacio que El Mosquito, reenganchado al éxito tras su triunfo en Casablanca, aspira a mejorar. El Godó es su próximo reto. El sueño, París.