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martes, 15 de diciembre de 2015

Andrés Corpas: “Las nadadoras convierten la cotidianidad en una vía de escape”

Mireia Belmonte, Gemma Mengual o Andres Fuentes protagonizan 'Las damas del agua', el valiente debut literario del periodista deportivo de 'El Mundo'

Andrea Fuentes, Andrés Corpas y Ona Carbonell en una de las presentaciones del libro. Foto: cedida.

Alguien que destina las primeras cinco páginas de su primer libro a dedicarle unas palabras a quienes han hecho posible ese sueño tiene una sensibilidad especial. Andrés Corpas (Castellón, 1980) cuenta con ese valor preciado para cualquiera, especialmente para quien se gana la vida con la comunicación como él. Las damas del agua (La Esfera de los Libros) es un retrato humano y reivindicativo de algunas de las mejores nadadoras españolas de los últimos años, como Mireia Belmonte, Gemma Mengual, Andrea Fuentes,

sábado, 20 de julio de 2013

Ona Carbonell, una renovación de bronce

La barcelonesa debuta en el solo técnico con la primera de las siete medallas a las que aspira en los Mundiales de natación de Barcelona

Ona Carbonell, durante su ejercicio en la final - EFE.

Tiene el tono de Andrea Fuentes y una voz similar a Gemma Mengual. Puede que sea casualidad o fruto de tantos años de convivencia en el CAR de Sant Cugat y compitiendo alrededor del mundo. Años en los que Ona Carbonell (Barcelona, 1990) ha sido una esponja fijándose en el trabajo de sus ya ex compañeras y referentes mundiales. Ahora es ella la que acapara la presión de ser la líder del grupo y ha asumido la situación con entereza y determinación. No han pasado ni seis meses desde que Fuentes anunció su retirada por no encontrarse a gusto en un ambiente con dos grupos enfrentados –a favor y en contra de Anna Tarrés, despedida de su cargo de seleccionadora– y Ona ha trabajado muy duro como el resto del grupo para que nada le descentrase de los Mundiales de natación de Barcelona. En su ciudad, Ona aspira a siete medallas y mordió la primera en el solo técnico. Un bronce -el primer metal para la delegación española- tras un ejercicio espectacular y explosivo que comenzó con dos saltos fuera de agua, al ritmo de La voz del violín, y que le valió 94’400 puntos. La china Huang Xuechen fue plata (95’500) y la rusa Svetlana Romashina, oro (96’800).

Ona sumó 47’2 en la ejecución y en impresión general, con lo que mejoró dos décimas su actuación en la sesión preliminar y logró su mejor marca en la modalidad. Estuvo más expresiva y afilada, pulió sus movimientos y aplicó mejor esas indicaciones que durante estos meses ha recibido de la propia Mengual, Mayuko Fujiki y de Virginie Dedieu, esta última colaboradora de la Federación. Una mejora que le hizo asegurarse sin apuros el bronce en una final que se llevó con suficiencia otra debutante en la modalidad en una cita importante, Romashina: “El solo ha estado en mi corazón desde que en 2004 lo hice por primera vez, aunque reconozco que no ha sido fácil sustituir a [la inalcanzable Natalia] Ishchenko [que se ha tomado un año sabático]”. Más tensa, claro, está Ona, que después de elogiar al público –“ha estado inmenso. Me he emocionado al salir. La grada me ha dado un plus de motivación”– prometió una mejor cosecha en el otro solo, el libre: “A por la china. A por el libre. Tengo muchas ganas de que llegue ese momento para traer de nuevo a Montserrat Caballé y Freddy Mercury con el himno de Barcelona 92”. Entonces Ona tenía... dos años.      

sábado, 27 de abril de 2013

Gemma Mengual, palabra de pionera

La ex nadadora de sincronizada habla de su trayectoria deportiva y vital en 'El agua o la vida'

Gemma Mengual, durante una competición - EFE. 

– ¿Gemma, qué es para ti el agua?
– El agua es casi, casi, mi vida. Mi hábitat– respondió a Cronómetro de Récords.

Cuando le hice esta pregunta, Gemma Mengual (Barcelona, 1977) estaba preparando los Juegos Olímpicos de Pekín con el objetivo de colgarse por fin una medalla olímpica. Logró dos platas en el dúo con Andrea Fuentes y en equipo. Ahora, con más tiempo para reflexionar sobre el elemento que ha cambiado su vida y con un tono más poético, escribe en su libro El agua o la vida: “El agua y yo. Nadie más, nada más. Es mi momento, mi espacio, mi agua. Un placer egoísta y, como he dicho, solitario. Donde todo desaparece. Es el vacío, el silencio, lo que va bien. No oír ni ver nada. Solo silencio y color azul. Como el cuerpo, los problemas pesan mucho menos dentro del agua. Los problemas como mínimo se aparcan, se congelan. Y dentro del agua se ordenan las ideas”.    

En este tiempo le han pasado muchas cosas a la pionera –junto a Anna Tarrés y el Club Kalliopolis– de la natación sincronizada en este país. Cuajó un gran papel, como el resto de la selección, en los Mundiales de Roma de 2009 (seis platas y un oro), hizo un paréntesis para ser madre por primera vez, volvió a los entrenamientos y a la competición –la última fue en diciembre de 2011 en el World Trophy de Pekín– o anunció su retirada definitiva en febrero de 2012, con su hijo Nil reclamándole mientras hablaba. Hace unos días nació su segundo retoño, Joe.

En este tiempo Mengual se ha dado cuenta de que ya no era feliz preparándose para competir y lamenta que Anna Tarrés no la supiera motivar ni entender para continuar compitiendo tras ser madre. Quería acabar su carrera este verano en los Mundiales de Barcelona, el escenario donde hace diez años junto a Paola Tirados –su compañera en el dúo durante una década y a la que nunca se reconoció lo suficiente– y compañía logró las primeras tres medallas mundialistas para España. Tres días que cambiaron la vida de Mengual, que empezó a recibir muchas llamadas de medios y propuestas publicitarias, y para la sincronizada, que salió del túnel de los breves y del silencio.

La natación sincronizada ha crecido de la mano del arte de aquella niña a la que le gustaba disfrazarse y soñaba con ser cantante o artista. La que se enamoró de esta disciplina viendo una exhibición de su primera Judith en el Club Kallipolis de su prima Judith y le dijo a su madre “yo quiero hacer esto”. De aquella adolescente que suspiraba por Jon Bon Jovi. O de la niña que había aprendido a nadar en la playa de L'Estartit y a la que sus padres les costaba convencer de que había vida fuera del agua: “Me obligaban a salir cuando me veían toda arrugadita y con lo labios de color lila”.

A Mengual hay que agradecerle su apuesta por un hacer crecer un deporte virgen y transmitir su pasión –como el resto de sus compañeras– con coreografías llenas de encanto, pasión, alegría, dolor, miedo, tensión... La sincronizada es un cajón simbólico que lo engloba todo, una especie de obra de teatro reducida a pocos minutos y muy compleja: “Dentro del agua no te puedes permitir gritos ni gestos. Solo miradas. No puedes dar instrucciones ni recibir indicaciones de una compañera”.

El agua o la vida Mengual supone un relato de agradecimientos –como a su familia por darle unos valores y apoyarla o al monitor de bigote que le enseñó a nadar–, de matices –desmiente que quiera ser seleccionadora en el futuro– y confesiones. La autora reconoce que debería haber estudiado más –es licenciada en gemología–, que la natación sincronizada le ha permitido ser en el agua ordenada y metódica, algo que no es fuera de ella o que le entra pánico al hablar ante mucha gente.

A Mengual le importa más el cómo que la forma. Tiene un estilo sencillo y no se complica para escribir lo que quiere decir. No cuesta demasiado imaginársela leyendo el texto en voz alta, como narradora. En ocasiones el relato pierde credibilidad por el uso de exclamaciones con la que se pretende el efecto contrario, ganar en espontaneidad. No siempre lo consigue. Y es contundente, pero desde el respeto cuando se refiere a Anna Tarrés: “Le reconozco todos los méritos, aunque su método no me gusta. Nunca me ha gustado su manera de hacer, y ella lo sabe. De ella he aprendido muchísimas cosas. Muchas y muy positivas. Pero no comparto sus formas”.

Los morbosos no quedarán satisfechos, pues no se moja en algunos temas delicados, como la carta de nadadoras sobre supuestos tratos vejatorios de la ex seleccionadora ni se pronuncia sobre su destitución. Aunque sí que lamenta que no supiera ni entenderla ni motivarla para luchar por llegar a los Juegos de Londres –que vivió como comentarista de TVE, también hay un apartado a las críticas que recibió por Twitter por sus comentarios– y sobre todo a los Mundiales de Barcelona.

A veces el libro funciona como una especie de diario personal de pequeñas historias, de anhelos y recuerdos, de presente y futuro. Mengual es un mito del deporte español y una marca por sí misma. Tiene negocios en la restauración, aparece en anuncios... Y le gustaría probar algún día en el cine. Valora lo que ha conseguido, pero confiesa que un día le pidió a su madre que le ayudara a tirar las medallas. Acabaron en el contenedor. En cambio, conserva los bañadores de cada competición, algunos los diseñó ella. Bueno, le falta uno, que perdió y que reclama a quien lo pudiera encontrar y lea este libro sincero y sin pretensiones literarias.

Título: Gemma Mengual. El agua o la vida. Editorial: Ediciones B. Páginas: 125. Valoración: 3.7 de 5.  

lunes, 4 de febrero de 2013

Andrea Fuentes, una sirena con los pies en la tierra

Andrea Fuentes abraza a Ona Carbonell en los Juegos de Londres - Reuters. 

No hay antídoto contra el odio, la envidia, el fardar y la polémica, esos aromas corrosivos que se esconden hasta debajo de las baldosas y mueven el mundo. Bajezas que restan y que han acabado con una carrera deportiva dorada como la de Andrea Fuentes (Tarragona, 1983), que deja la natación sincronizada (y 36 medallas, cuatro de ellas olímpicas) no porque se lo pida el cuerpo ni porque sienta dolor físico, sino por desmotivarse viendo cuanto acontecía a su alrededor. No estaba dispuesta a combatir en una guerra sin fin entre quienes defendían a su mentora, la ex seleccionadora Anna Tarrés, a la que se cesó y se señaló por sus métodos, y los partidarios del presidente de la Federación y de su apuesta por contar con un nuevo equipo técnico.

En su emotiva rueda de prensa Fuentes, que tiene un discurso sólido escrito desde el corazón y revisado por la cabeza, dijo haber sufrido una “nube de negatividad”. Ése no era el ambiente adecuado para afrontar una cita tan ilusionante como los Mundiales de Barcelona de verano para alguien que ve el deporte como un oficio vital y no una profesión burocrática. “Si no disfruto del camino, no quiero estar. Estos meses no me compensan por una semana”, añadió horas después, ya más relajada, en Teledeporte, donde contó que quiere viajar y ver “cómo es el mundo terrestre” y que tiene proyectos relacionados con la naturaleza y los animales, además de profundizar en su adiós sin ensuciar a terceros. De hacerlo, Fuentes hubiese contradicho su mensaje: “Hay que eliminar esa guerra e ir en el mismo sentido”.

viernes, 10 de agosto de 2012

Brindis de bronce en el fondo del mar

El equipo español de natación sincronizada, que se tuvo que cortar el pelo para el ejercicio, encandila por su frescura y queda por detrás de Rusia y China




Reducir las distancias es uno de los retos del ser humano, motivado en llegar a los sitios más pronto, a contar con la información lo más rápido posible y a vivir el espectáculo muy de cerca. La nueva tecnología permite ver la honradez de la natación sincronizada, comprobar que el impulso de las deportistas se basa en su propia energía y no en utilizar el fondo de la piscina. Popularizada por Esther Williams en la década de los 70 con películas como Escuela de sirenas, la sincro es una disciplina para disfrutar al ritmo de la canción y por eso, en general, los comentaristas dejan que el ejercicio sea protagonista y lo analizan  después. Gustó, y mucho, la propuesta del equipo español, con una puesta en escena tierna, agresiva, poderosa y de ensueño al son de El Océano, de Salvador Niebla. Andrea Fuentes y compañía se pusieron en la piel –nunca mejor dicho– de un banco de ocho peces, sardinas, delfines, sirenas o ranas. Una oda a la fauna marina que a España le valió para colgarse su cuarta medalla olímpica, segunda en Londres y esta vez de bronce, con 96'920 puntos para un total de 193'120. Suficiente para batir a Canadá, pero no para birlarle la plata a China (97.010, 194.010). Ni para debatirle el oro a Rusia, que se llevó su cuarta corona olímpica consecutiva con 98.930, 197.030. Para Davidova fue su quinto oro.  

Hubo incertidumbre para conocer la puntuación del ejercicio del grupo de Ana Tarrés, como si los jueces hubiesen perdido, literalmente, las notas. La carismática Andrea Fuentes, cuatro metales olímpicos en su palmarés, pedía palmas al público para hacer más llevadera la espera tras una actuación enérgica y agotadora, y para la que todas las componentes del equipo se habían tenido que cortar el pelo. Era necesario para que el nuevo gorro, fabricado por Dolores Cortés y diseñado por Marc Arañó, quedase adherido a la cabeza “como si fuese la piel del cráneo”, en palabras de Tarrés. El gorro, como el vestido, simulaban ser  escamas de peces, ayudando al espectador a meterse en situación y viviese un rato en el fondo del mar. En sus entrañas. 

Hace cuatro años España se estrenó en Pekín con dos platas. Hasta entonces no había podido colgarse una medalla en unos Juegos, aunque ya llevaba tiempo en los podios europeos y mundiales con Gemma Mengual como icono. Le faltaba el reconocimiento olímpico en un deporte en el que no sólo se tiene en cuenta lo que se hace en ese momento, sino la trayectoria, la insistencia de hacerse un hueco entre los mejores. El grupo de Ana Tarrés lo sigue estando pese a la profunda renovación del equipo comenzada hace dos años. Clara Basiana, Alba Cabello, Ona Carbonell, Margalida Crespí, Andrea Fuentes, Thaïs Henríquez, Paula Klamburg, Irene Motrucchio y Laia Pons como reserva son los nombres y apellidos de otro grupo singular. Como Cristina Salvador, que fue la descartada para acudir a Londres. A otra cita con la historia.  

martes, 7 de agosto de 2012

Andrea Fuentes y Ona Carbonell, un tango de plata

El dúo español, segundo, tras las inalcanzables rusas

Andrea Fuentes y Ona Carbonell durante su actuación - EFE.

En una clase de catequesis cambió para siempre la historia de un deporte minoritario en España que no deja de enamorar por su plasticidad y por reunir danza, teatro e interpretación en una piscina. Por llegar al corazón a través de posturas y gestos singulares, de expresividad calculada y a la vez natural. De espontaneidad trabajada al límite. “Ana, ¿por qué no te apuntas conmigo a sincro?”, le propuso una compañera de catequesis a Ana Tarrés. “¿Y por qué no?”, respondió la eterna entrenadora del conjunto español de natación sincronizada, que participó como deportista en los Juegos de Los Ángeles y que en Pekín alcanzó dos platas, en equipos y con un dúo casi recién estrenado meses antes, en Eindhoven, con Gemma Mengual, la mejor deportista española de todos los tiempos, y Andrea Fuentes, sustituta de Paola Tirados. Cuatro años después, en el centro acuático de Londres Andrea Fuentes miraba para todos los sitios en busca de una confirmación, tras un ejercicio de tango tranquilo y frenético, agresivo y delicado. ¿Esos 192.900 puntos, 96.900 en la final, les valían para la plata? “¿Somos plata?”, preguntaba. Lo son, por muy poco (192.870, 96.770 en la última prueba, del dúo chino formado por Xuechen Huang y Ou Liu, finalmente bronce). Y Ona y Andrea se funden en un abrazo: son plata, sólo detrás de las favoritas, las rusas Natalia Ishchenko y Svetlana Romashina, que rozaron la perfección (197.100, 98.900). 

Un nuevo éxito de la sincronizada española narrado en La 1 por Julia Luna y Gemma Mengual, a la que se le hizo eterna la actuación de sus ex compañeras. Quería que pasase rápido el tiempo y que ninguna fallase porque sabe lo que cuesta llegar hasta ahí: las  entrenamientos casi sin horario en el CAR de Sant Cugat, los sacrificios y los momentos duros. Mengual se retiró en febrero de este año tras un tiempo fuera de la competición  por maternidad y después de comprobar en el Mundial de Shanghái que Ona Carbonell formaba un tándem fantástico con Fuentes, que ya cuenta con tres platas olímpicas, tantas como la natación sincronizada, a la que todavía le queda aspirar a otro metal en equipos. 

A ritmo del tango de La Cumparsita de Piazzolla, que les había dado el bronce en Shanghái, y con un vestido rojo y negro diseñado por Dolores Cortés, danzaron Fuentes y Carbonell. Lo hicieron como si estuviesen en el tapiz, fundiéndose en el agua, sacando lo mejor de sí mismas y emocionando al espectador, al especialista y al novato. La sincro es un deporte encantador.