miércoles, 31 de julio de 2013

La hemeroteca de anécdotas, pasión y geografía de Àxel Torres

‘11 ciudades. Viajes de un periodista deportivo’ es el primer libro del periodista deportivo de Radio Marca y Gol TV



– Buenos días. ¿Àxel Torres?
– Sí, soy yo.
– Te llamo de la Cadena COPE. Necesito tu pasaporte para la Eurocopa.
– ¿Cómo?

Así, más o menos, fue esa “impersonal llamada” de una secretaria que “no era consciente de la magnitud de la noticia que me estaba dando”. La chica estaba

martes, 30 de julio de 2013

El bronce más difícil de Mireia Belmonte

La nadadora de Badalona remonta en los 200 estilos e incluso roza la plata en la que, según ella, era su peor prueba, ganada por Hosszu 

Mireia Belmonte celebra su bronce en 200 estilos - Getty. 

Cuando la noticia trasciende figura como un simple breve en algunos medios, al menos los primeros días, por más que pueda convertirse en un cataclismo para el deporte. Mireia Belmonte (Badalona, 1990) y el CN Sabadell no se tomen de acuerdo con la renovación y no solo eso, rompen relaciones después de que acabe el contrato de la nadadora, que se queda sin Fred Vergnoux, el técnico que le había sabido sacar su potencial, y sin lugar para entrenarse. Pasan los meses y Mireia se plantea irse fuera a entrenar e incluso la retirada,

Una revancha olímpica para buscar la primera medalla mundialista

España se venga de la final perdida en Londres ante Estados Unidos (9-6) para citarse cita con Hungría en su primera semifinal en el torneo 

Laura López, durante el partido -AFP. 

La determinación de este grupo no tiene límites. “Les teníamos ganas porque nos dejaron sin oro y no queríamos que también nos dejasen fuera de las medallas y en casa”, dice, serena, Laura Ester (Barcelona, 1990). Habla de lo que el equipo tenía dentro. “Teníamos la espinita bien clavada”, interviene Laura López (Madrid, 1988). Las dos se refieren a la final de los Juegos Olímpicos perdida ante Estados Unidos. Olvidan, porque la ambición y el coraje no entienden de estadísticas, que España se plantó en aquel

lunes, 29 de julio de 2013

Melani Costa, una plata sin aliento

La nadadora mallorquina toma a la inalcanzable como referencia y en un día rebaja cuatro décimas en la final de los 400 libre 

Melani Costa, tras el final de la prueba - EFE.

Antes de una gran prueba, Melani Costa (Palma de Mallorca, 1989) mueve mucho los dedos para reducir al mínimo su tiempo de reacción para saltar a la piscina y se coloca las gafas una y otra vez para cerciorarse que no le entrará agua. Las cámaras no se pierden detalle de esos segundos previos de la nadadora mallorquina, que sueña, por qué no, con colgarse una medalla en la final de los 400 libre, la que sería la primera para una mujer nacida en España en unos Mundiales de natación, después de que la nacionalizada Nina Zhivanevskaya
lo lograse en los 50 espalda de Barcelona 2003. Colocada en la calle 5, Melanie Costa mira a su alrededor y alucina: en la 4 está la gran favorita, Katie Ledecky, 16 años y una carrera impecable, y en la 7, Camille Muffat, su gran referente –“nada tan bien, con tanta fuerza y con una sensación de facilidad, que me encanta”, le contaba a Juan Pérez Ortiz en la web Natacción–. Pero Costa no se deja asombrar y sale a por todas, a seguir a una liebre tan excepcional como Ledecky, que pasa primera en todos los parciales y llega a nadar por debajo del récord del mundo de Federica Pellegrini, que data de Roma 2009, época de bañadores milagrosos. Ledecky (3m 59,82s) se queda con el oro y a seis décimas de la marca y la mallorquina siempre la ve delante y hace el viraje como segunda. Es plata en los Mundiales de Barcelona: “Vi que podía y lo que he hecho es engancharme a la calle 4 y no saltarla porque sabía que Katie iría más rápido que nadie. Me he dicho ‘De aquí no me muevo aunque me muera’”. Y el tiempo que marca (4m 2,47s) le deja sin palabras: “¡Cuatro dos! No puedo ni hablar no me lo puedo creer. ¡Subcampeona del mundo! He llegado donde quería llegar. He dado lo máximo de mí”.

A Costa, que acaba de ganar la octava medalla de la delegación española –tras las siete de la sincronizada– le tiembla todo. Sabe que está viviendo todo por cuanto ha luchado y padecido, como cuando se quedó sin beca ADO tras ser novena en los 400 y 200 libre, ambos con marca personal, en los Juegos de Londres, a los que llegó tras alterar su preparación por un virus y después de que el entonces director técnico de la Federación José Luis Villanueva –según el relato de Jordi Murio, que era entrenador de la nadadora mallorquina, a Diego Torres, de El País: “la obligó a hacer las mínimas sin esperar a recuperarse”. Pero Costa acabó el 2012 como campeona del Mundial de piscina corta en Estambul. 

El abrazo con Izaskun Ruiz

En la primera jornada de natación de los Mundiales de Barcelona en el Palau Sant Jordi dice dos veces que había hecho la carrera de su vida. Por la mañana pulveriza el récord de Mireia Belmonte –novena y fuera de la final– y por la tarde saca su rabia para defender una plata que ni su admirada Muffat, tercera en el primer viraje, ni la neozenlandesa Lauren Boyle, finamente bronce, consiguen arrebatarle. Tan superada está Costa que acaba abrazando a Izaskun Ruiz, su entrevistadora. Un abrazo en el que quedan resumidos los desengaños de quienes no confiaron en ella, los duros entrenamientos con Gregg Troy, entrenador de Ryan Lochte, la destitución de Murio, pero también la excelente dirección de José Antonio del Castillo, que desde el CAR de Sant Cugat ha sabido sacar lo máximo de una nadadora tenaz. Y feliz, muy feliz.      

domingo, 28 de julio de 2013

El estreno de Hamilton con Mercedes

El británico logra en el circuito de Hungaroring su primer triunfo con su nuevo equipo, y Vettel, tercero tras Raikkonen, amplía a 39 puntos su renta con Alonso, quinto

Hamilton festeja su victoria en el podio - AP. 

Hay circuitos que no tienen secretos para los pilotos. A Lewis Hamilton (Tewin, Gran Bretaña, 1985) le sucede con el de Hungaroring, donde ganó tres veces (2007, 2009 y 2012) con McLaren y se estrenó con Mercedes a la décima tentativa, después de ver cómo su compañero Nico Rosberg –que no acabó la carrera por una rotura en su propulsor– ganaba en Mónaco y en… Silverstone. “Ésta es una de las victorias más importantes de mi vida y hacerlo con Mercedes me impresiona más”, confesó Hamilton, que antes de empezar la temporada se gastó el sueldo del año –23 millones de euros– en un jet Bombardier CL-600. Con su 22ª victoria el británico presentó su candidatura al título, reduciendo a 48 los puntos de desventaja con Sebastian Vettel, tercero en el GP de Hungría. Al alemán no le gustó el comportamiento de Kimi Raikkonen –segundo en la prueba y del Mundial a 38 puntos– negándole un hueco –“¡no se aparta!, se quejó por radio; en el podio, a regañadientes, acabó diciendo que había sido una “bella batalla”–. Mientras que Alonso, quinto, vio cómo Vettel se le aleja a 39 puntos antes del parón por vacaciones.

“Nos hubiese gustado recortar, pero no ha podido ser. La superioridad de Red Bull es aplastante, aunque no sólo la de Red Bull, sino también la de Lotus, Mercedes...”, relató, resignado y crítico, Alonso, que acabó la prueba donde la empezó. Por más que en la salida avanzase a un Rosberg sin suerte y embestido después por Felipe Massa. Felipinho acabó octavo y uno de los siete que no fueron doblados por Hamilton, que en el penúltimo giro se permitió el lujo de hacerlo con su sustituto en McLaren, Checo Pérez, noveno y que fue a dos paradas. Como Button –séptimo y que taponó hasta la saciedad a Vettel y según el alemán le dañó el alerón– y Raikkonen, serio porque no ganó: “Podría haber vencido si no hubiese tenido problemas en la clasificación [partió sexto]”.

La remontada de Webber

Pero el finlandés no llegó a tener opciones de ganar en Hungaroring y le separaron casi 11 segundos con respecto a Hamilton, muy pícaro como su equipo, que ha perpetrado un F1 W04 equilibrado que conserva bien los neumáticos –incluso en condiciones extremas, como los 50ºC del Hungaroring–. El piloto de Tewin fue el primero entre los favoritos en hacer el primer cambio de neumáticos –volvió a poner los duros, décima vuelta– y puso terreno de por medio con respecto a Vettel –que sigue sin ganar en Hungría– gracias, en parte, a su ex compañero en McLaren Button, un gran incordio para el alemán. No lo llegó a ser, pese a su extraordinaria carrera, su vecino en Red Bull, Mark Webber, que salió malhumorado de la Q3 sabiendo que iba a salir décimo y que acabó cuarto tras ser uno de los pocos –junto con Button o Pérez– en partir con los duros.


Webber solo puso los blandos a diez vueltas del final, perdiendo la segunda posición y saliendo de los garajes justo por delante de su amigo Alonso, que antes de irse de vacaciones volvió a lanzar una advertencia a Ferrari: “Si el equipo encuentra piezas y ganamos tres o cuatro carreras después del verano, tendremos oportunidades, pero si no es así, será un milagro luchar por el campeonato y sólo podremos intentar divertirnos. Llevamos cuatro años entre medio y un segundo más lentos que Red Bull. Seguiremos ahí hasta el final, pero preferiría luchar de tú a tú con ellos. Y eso es lo que intentaremos resolver”. Más contento estaba Pastor Maldonado, que sumó el primer punto del curso para Williams el día del primer abandono de su compañero Bottas. En la jornada del estreno de Hamilton con Mercedes.    

viernes, 26 de julio de 2013

La ‘Barcelona’ de Ona Carbonell desde la grada del Sant Jordi

Otro punto de vista del bronce en solo libre de la nadadora catalana

Ona Carbonell, durante su actuación en la final de solo libre - EFE. 

Tiene la sonrisa de Clara, concursante de MasterChef. La chica, acompañada por su novio  –a juzgar por cómo se miran–, es la única de alrededor abstraída con la actuación de la primera de las finalistas del solo libre en los Mundiales de natación de Barcelona, Rebecca Kay Moody, de Estados Unidos. Está más centrada que la propia realización, que no proyecta imágenes de la actuación en las pantallas del Palau Sant Jordi. Por megafonía se advierte al público que no distraiga a las nadadoras ni a los jueces. Moody obtiene, 81’230, mucho menos que en la preliminar, 84’040.

“¡Oh, qué chulo! ¡Qué chulada!”, se le oye decir a una madre con su niño. Es la reacción más normal al ver la inmensidad de la piscina, la instalación temporal más grande del mundo con 50 metros de largo, 26 de ancho y 3 de profundidad para 10 calles. Desde la grada –y si renuncias a seguirlo por las pantallas, que es lo que hago, sino sería como si estuviese en casa– observas un punto lejano que se mueve y hace virguerías. Una buena metáfora de lo insignificantes que somos en el mundo, pero de la capacidad que tenemos para emocionar. Y la siguiente, Linda Cerruti, de Italia, emociona mucho más que Moody, y ya sale en las pantallas.

– ¡No me toquéis las canciones de Pink!– grita indignado un aficionado al ver que, efectivamente, como suelen hacer en las discotecas, maquillan el último éxito de la cantante en la actuación de Sona Bernardova, de la República Checa.
– No te sulfures, aquí lo hacen mucho. Ponen una versión para marcar más el ritmo– le comenta su amiga –aquí no hay miradas de las otras–. 

“Las patitas esas así”

La grada francesa enloquece con su representante, Estel-Anais Hubaud, pero es Ji Hyang Ri, de Corea del Norte, la primera en mejorar su nota. Cosa que no consigue Jenna Randall, de Gran Bretaña, en parte, según el seguidor de Pink, porque la música es “para que duerman las ovejas”. “Y porque no sale de las patitas esas así”, le dice su acompañante, que gira los dedos: “No creo que haya 150 movimientos en natación sincronizada. Se tienen que repetir por narices”.

Despoina Solomou, de Grecia, apuesta por el flamenco y lo borda, mientras en la call room [cámara de llamada] Svetlana Romashina, la favorita con mayúsculas, bosteza. Y es con la séptima actuación cuando el Palau Sant Jordi, ese escenario para todo –Copa Davis, conciertos, natación, X Games…–, ruge de verdad. Ona Carbonell está a punto de defender la canción Barcelona, interpretada en los Juegos Olímpicos de 1992 por Freddie Mercury y Montserrat Caballé. La soprano ha acercado a la letra a Ona, a quien ha trasmitido cómo evocar el encanto del Mediterráneo, la fuerza del mar…

El más creativo e íntimo 

Ona está a la altura del himno con una actuación desgarradora, pasional y emotiva que pone la piel de gallina y con la que mejora la puntuación anterior –de 94’260 a 94’290–. Cumple su cometido de disfrutar y de hacer disfrutar.

El solo libre es quizás el más creativo e íntimo y Ona ha asumido el reto tras la retirada de Andrea Fuentes a principios de año. Gemma Mengual, en la piscina, está al borde la lágrima y la acompaña junto a Mayujo Fujiki. Ona atiende a Izaskun Ruiz, de Tedeporte, y después a Esport3. Mientras, Romashina, al compás de I want to be loved you, de Marilyn Monroe también levanta pasiones en la grada y mucha admiración en una chica de al lado: “¡Y yo que ni soy capaz de hacer la voltereta! [en el agua, se entiende]”.

Romashina se asegura el oro y la china Xuechen Huang no da opción a Ona y mejora casi cinco décimas para colgarse la plata con acrobacias inverosímiles. Huang no para de sonreír y saludar. Antes de recibir la puntuación ya es consciente de que será segunda.  

Un espontáneo profesional 

Solo Ucrania y, en concreto Lolita Ananasova, puede quitarle el bronce a Ona. Romashina y Huang se meten en la call room –nadie les quitará las medallas; poco después les sigue una tercera nadadora, puede que sea Ona, pero no estoy seguro–. Lolita mejora la nota, pero no lo suficiente y la actuación de la japonesa Yukiko Inui es irrelevante y la única que ve una pareja que acaba de llegar. Les da tiempo de sorprenderse del show de un espontáneo que baila con más entusiasmo cuando se da cuenta de que le enfocan las cámaras. Definitivamente, es un espontáneo profesional que baja las escaleras de la grada al ritmo de la música –o al suyo, más explosivo– e intenta, con mayor o peor suerte, contagiar a quien se encuentre a su paso. Lo consigue con una chica, que se pone a bailar con él. Se añade otro chaval. Un curioso paréntesis antes de la ceremonia de medallas.

Suena el himno de Rusia en honor a Romashina y el público se pone en pie como muestra de respeto y después canta “¡Ona! ¡Ona!”. Tres aficionados agitan cartulinas con las letras de su ídolo, O-N-A, que saluda y reparte besos al aire. En las inmediaciones del Palau, la gente hace colas para fotografiarse con la mascota, Xop –descubro que el hombre se llama John– o en un trampolín pintado en el suelo, y se ha perdido una bolsa con documentación y dinero en el pabellón de Kazan (Rusia), la ciudad que albergará los Mundiales de natación de 2015. Según parece, estos de Barcelona son una buena oportunidad para promocionar que Madrid sea sede de los Juegos Olímpicos de 2020. Lo digo porque me encuentro en el suelo un pin con el logo de la capital como candidata olímpica.

Ya en el metro, una chica sonríe mientras huele las páginas un libro de arte que, aparentemente, acaba de comprarse. En la portada aparece El caminante sobre un mar de nubes, de Caspar David Friedrich.  

Me acerco y le pregunto: “Seguro que te gusta la natación sincronizada, ¿no?”.                 

lunes, 22 de julio de 2013

Marc Márquez: ver y vencer

El piloto de Honda se convierte en el primer debutante en ganar en Laguna Seca tras marcarse un adelantamiento espléndido a Rossi en el Sacacorchos 

Rossi bromea con Márquez en Laguna Seca - EFE. 

De las primeras cosas que hizo al aterrizar en el circuito de Laguna Seca, un trazado en el que nunca había corrido y que solo había podido ver a través de los vídeos de carreras anteriores de MotoGP fue plantarse en la curva más peliaguda del Mundial y hacerse unas fotos. “¡Por fin! ¡Ya estoy en el famoso Sacacorchos!”, colgó en Twitter Marc Márquez (Cervera, Lleida, 1993) como gesto para sus fans. Una vez allí, se colocó en el interior del Sacacorchos con la scooter y estudió al límite cómo adelantar por los espacios más recónditos con la Honda. En carrera, talento, intuición y estudio casero hicieron el resto y Márquez se marcó un adelantamiento excepcional en el Sacacorchos a Valentino Rossi, parecido al que éste le hizo a Stoner hace cinco años en el mismo punto. “Veía que Bradl se escapaba y he llegado antes a la subida lo he adelantado por el exterior y luego he terminado por el interior de la curva. Me parecía imposible, pero llegado allí... Ya le he dicho a Rossi que le pagaré los derechos de autor”,  bromeó Márquez, recibido por Il Dottore tras la carrera al ritmo de “¡bartardo!”. El nueve veces campeón del mundo, tercero en el GP de EE UU –Bradl fue segundo–  le cogió del cuello y le soltó un gancho en una escena cómica que acabó con los dos riendo a carcajadas. Rossi admira a ese piloto que ya es también, superando a Freddie Spencer, el más joven en lograr dos victorias consecutivas –Sachsenring y Laguna Seca– y suma triunfos en el año de su debut, las mismas que el actual campeón, Jorge Lorenzo, que exprimido por el rendimiento del recién llegado corrió tras dos operaciones en la clavícula y rebañó 10 puntos con un sexto puesto. También malherido, Dani Pedrosa cogió 11 puntos después de ser quinto. Márquez consolida su liderato con 163 puntos, 16 más que Pedrosa, 26 que Lorenzo y 46 que Rossi. 

Il Dottore ha hecho buenas migas con Márquez: “En 2008 hice uno de los mejores adelantamientos ¿de la historia? Hoy ha hecho lo mismo. En ese movimiento arriesgas mucho. Ya sé que no respeta las reglas, pero me parece justo, correcto: esa curva es muy difícil, no ves dónde estás, ni dónde acaba. Intentaré devolvérsela algún día”. La broma venía de un mito y el líder sonreía: “Ha sido menos espectacular, pero la intención estaba”.

Bradl, eufórico

De nuevo Márquez pasó ciertos apuros en la salida, su asignatura pendiente. Dijo no encontrarse cómodo con el depósito lleno y, después de salir segundo –se quedó a 17 milésimas de Crutchlow, que solo acabó séptimo– bajó a la cuarta plaza y sintió en el cogote a Lorenzo, que probó de adelantarle por el interior en la primera vuelta. Mientras, Bradl y Rossi –que le había dicho en el hotel a Ángel Nieto que la clave iba a ser la salida– se intentaron escapar. Pero no lo consiguieron. Así que en el cuarto giro Márquez lo bordó en el Sacacorchos para superar a Rossi y en el ecuador de la carrera también rebasó a Bradl apurando en la frenada en la última curva. Ya no sufrió por la victoria. 

Tampoco lo hizo el alemán –eufórico por el primer podio de su vida en la categoría reina: “Por supuesto que es mi mejor carrera. He tenido un buen ritmo y estoy muy feliz”– e Il Dottore resistió a un Bautista insistente que no llegó a probar de adelantarle. Quinto fue Pedrosa –“ha sido duro este fin de semana. He pilotado muy suave. Agradezco a todos los que me han mandado mensajes esta semana”–, que superó en la 11ª vuelta a Lorenzo, que confesó que a mitad de carrera se mareó, lamentó la victoria de Márquez y deseó en voz alta estar el 100% en Indianápolis. Dentro de casi un mes, porque el Mundial descansa. “Nuevo circuito, 25 puntos… Estoy muy feliz porque llega el verano [para los pilotos]”, relató Márquez. Ver para vencer.      
    

domingo, 21 de julio de 2013

Un estreno de bronce para la pareja Ona Carbonell y Marga Crespí

La nueva pareja española alcanza los 93'800 puntos y suma la segunda medalla para la delegación en dúo técnico, por detrás de China, plata, y Rusia, oro

Marga y Ona, durante la final de dúo técnico - EFE. 

Parecía ensimismada, casi enamorada con esa medalla con la que a principios de años no podía soñar porque era imposible. Ona Carbonell y Andrea Fuentes eran tan indiscutibles en el dúo como lo habían sido antes la propia Fuentes con Gemma Mengual y ésta con Paola Tirados. La retirada de Fuentes y una puesta a punto sensacional en poco más de seis meses han hecho posible esa mirada de Marga Crespí (Palma de Mallorca, 1990) a la medalla de bronce en dúo técnico –el segundo metal de la delegación en los Mundiales de natación de Barcelona y exacto botín que en Shanghái 2011– como escudera de la actual líder, Ona Carbonell (Barcelona, 1990). La nueva pareja española completó un ejercicio enérgico y repleto de pasión del Zapateado de Flora Albaicín, que había valido una plata en Londres. Esta vez dicho metal fue para China (94’900 por el 93'800 de Ona y Marga) y el oro, como era lógico, se lo llevó Rusia, (97'300).

“Somos un dúo joven, con mucha energía y creo que mi reto es demostrar que estoy al nivel de Ona y que podemos competir juntas”, explicó horas antes de comenzar los Mundiales a la agencia EFE Marga, que empezó en la sincronizada con seis años y competía con nueve. A los diez descubrió este deporte Ona, con quien ha conseguido formar un dúo de podio en medio año. Debutaron en marzo en el Centre Nautique Maurice Thorez de Montreuil (Francia), en la tercera edición del Open Make Up for Ever con una plata, por detrás de Tingting y Wenwen, las hermanas gemelas chinas Jiang en una competición en la que no compitió la pareja  Svetlana Romashina y Svetlana Kolesnichenko.

Ona y Marga emocionaron a un Palau Sant Jordi entregado –“esto es indescriptible. Muy emocionante”, dijo la barcelonesa, pero tuvieron una actuación menos precisa que en la preliminar –Mengual, en Teledeporte, se refirió, por ejemplo “al final de los giros”– y bajaron una décima. Por el contrario, sus principales rivales subieron de nota. Fue la segunda final de las siete en las que aspira a participar para Ona  [solo, dúo y Equipo en sus dos variantes, técnico y libre; y el combo]. Ya tiene marcadas como superadas solo y el dúo técnico y se propone emular en unos mundiales a sus mentoras,  Mengual (Roma 2009) y Fuentes (Shanghái 2011).

sábado, 20 de julio de 2013

Ona Carbonell, una renovación de bronce

La barcelonesa debuta en el solo técnico con la primera de las siete medallas a las que aspira en los Mundiales de natación de Barcelona

Ona Carbonell, durante su ejercicio en la final - EFE.

Tiene el tono de Andrea Fuentes y una voz similar a Gemma Mengual. Puede que sea casualidad o fruto de tantos años de convivencia en el CAR de Sant Cugat y compitiendo alrededor del mundo. Años en los que Ona Carbonell (Barcelona, 1990) ha sido una esponja fijándose en el trabajo de sus ya ex compañeras y referentes mundiales. Ahora es ella la que acapara la presión de ser la líder del grupo y ha asumido la situación con entereza y determinación. No han pasado ni seis meses desde que Fuentes anunció su retirada por no encontrarse a gusto en un ambiente con dos grupos enfrentados –a favor y en contra de Anna Tarrés, despedida de su cargo de seleccionadora– y Ona ha trabajado muy duro como el resto del grupo para que nada le descentrase de los Mundiales de natación de Barcelona. En su ciudad, Ona aspira a siete medallas y mordió la primera en el solo técnico. Un bronce -el primer metal para la delegación española- tras un ejercicio espectacular y explosivo que comenzó con dos saltos fuera de agua, al ritmo de La voz del violín, y que le valió 94’400 puntos. La china Huang Xuechen fue plata (95’500) y la rusa Svetlana Romashina, oro (96’800).

Ona sumó 47’2 en la ejecución y en impresión general, con lo que mejoró dos décimas su actuación en la sesión preliminar y logró su mejor marca en la modalidad. Estuvo más expresiva y afilada, pulió sus movimientos y aplicó mejor esas indicaciones que durante estos meses ha recibido de la propia Mengual, Mayuko Fujiki y de Virginie Dedieu, esta última colaboradora de la Federación. Una mejora que le hizo asegurarse sin apuros el bronce en una final que se llevó con suficiencia otra debutante en la modalidad en una cita importante, Romashina: “El solo ha estado en mi corazón desde que en 2004 lo hice por primera vez, aunque reconozco que no ha sido fácil sustituir a [la inalcanzable Natalia] Ishchenko [que se ha tomado un año sabático]”. Más tensa, claro, está Ona, que después de elogiar al público –“ha estado inmenso. Me he emocionado al salir. La grada me ha dado un plus de motivación”– prometió una mejor cosecha en el otro solo, el libre: “A por la china. A por el libre. Tengo muchas ganas de que llegue ese momento para traer de nuevo a Montserrat Caballé y Freddy Mercury con el himno de Barcelona 92”. Entonces Ona tenía... dos años.      

Nairo Quintana, la efervescencia de un debutante protagonista

El ciclista del Movistar vence en Annecy-Semnoz y llegará a los Campos Elíseos como maillot blanco y de la montaña y segundo en la general, puesto que le arrebata a Contador, cuarto y superado también por Purito en un Tour ganado por Froome   



Rodeado por un círculo de personas, pidió espacio. Espacio para coger aire, beber un poco y saborear una victoria muy estudiada. Por un día, Nairo Quintana (Cómbita, Colombia, 1990) había sido cauto y reservado, nada que ver con su comportamiento en Pailhères, Mont Ventoux o Aple d'Huex, donde fue un ciclista desatado. En la penúltima etapa de su primer Tour el ciclista del Movistar gestionó el tiempo a su antojo, como un buen base. Primero respondió a Purito Rodríguez cuando éste, en la subida al puerto de Annecy-Semnoz y después de coger al último escapado de la jornada –el eterno Voigt–, definió el podio en París dejando con la lengua fuera y como gran derrotado a Alberto Contador –finalmente cuarto–. Y después, a Froome, que buscó su cuarto triunfo con un ataque seco al que el ciclista colombiano contestó con frialdad y casi sin esfuerzo. Quintana se reservó la traca final para los últimos metros, que recorrió en solitario. Un broche de oro para Quintana, un debutante efervescente y protagonista, que al maillot blanco como mejor joven que ya tenía más que asegurado sumó el de la montaña y el segundo puesto en la general. Muchas alegrías en la jornada más emotiva para su país, que conmemoraba el 203º aniversario de su independencia: Es un día muy especial para Colombia. Este triunfo está dedicado para todos los colombianos, que en este momento me están viendo. A mi padre, a mi madre, mi novia, mis hermanos, a todos mis amigos que me han ayudado de muchas maneras. Un saludo a toda Tunja, Cómbita, Boyacá y Colombia”. Aunque del primero que se acordó fue de José Luis Arrieta, “el mejor director que he tenido” y al que felicitó por clavar el plan: “Sucedió todo según lo previsto”.

El Movistar ha sido el equipo más combativo y el que más salsa ha dado en un Tour en el que ha sabido recomponerse y replantear su planteamiento inicial. En Saint Amand Montrond perdió la opción de podio para el líder previsto, Alejandro Valverde –al murciano se le rompió una rueda entre los abanicos– y la clasificación por equipos, pues varios compañeros fueron sacrificados para sacar a Valverde del apuro –sin éxito, entre otras cosas, por la aceleración del Belkin de Mollema–. Ese día uno de los sacrificados fue Rui Costa –renunció al Top 10, pero se resarció después ganando en Gap y Le Grand Bornard– y Quintana pasó a ser el líder del equipo. Mensaje claro: ya no tienes ataduras, Nairo.

La acción despreciable de Rolland

Con carta blanca, Quintana ha sido todavía más grande e incluso compitió en el Mont Ventoux con Froome, al que sí doblegó en Annecy-Semnoz, llevándose una etapa que comenzó con un ataque en los primeros metros de Rolland. El francés –al que después se le añadieron varios corredores, entre ellos, el incansable Flecha– soñaba con el maillot de la montaña, del que solo le separaba un punto con respecto a Froome. Rolland se volvió a ganar la admiración del espectador por su osadía, una simpatía que perdió en la coronación al Col de Leschaux, cuando empujó a Igor Antón hacia el público para impedir que pasase primero y se llevase la máxima puntuación. Pero el ciclista del Euskaltel pudo mantener el equilibrio para llevarse esos dos puntos –Rolland sumó otro– y reaccionó con frialdad o, mejor dicho, deportividad ante una acción tan despreciable: le dio un golpecito en la espalda casi paternal.

Voigt, en cabeza

Poco después, Voigt se quedó solo en cabeza y Antón probó de todas las formas posibles alcanzarle sin éxito, mientras el pelotón iba neutralizando al resto de escapados y tanto Evans como Andy Schleck se quedaban petrificados. El primero antes de empezar el puerto de categoría especial, el segundo, tras un arrebato del Sky, que cogió el testigo del Movistar, que en todo momento había mantenido las diferencias con los escapados. Una desventaja que nunca alcanzó los cuatro minutos y casi siempre se mantuvo en el minuto, minuto y poco. Minucias.

Cortado Mollena, Valverde quiso hacer una selección todavía más profunda con otro cambio de ritmo que dejó sin fuerzas a Kreuziger, eliminado tras otro arreón de Porte. Entonces fue el turno de Purito, inmenso en el tramo final del Tour, y al que solo pudieron seguir Quintana y Froome, que apartó a un espectador que parecía querer oír las pulsaciones del ganador de la prueba de lo cerca de que se le puso al británico. Mientras Contador, fundido, iba a su ritmo y se refrescaba el cuello con una botella del agua, consciente que el podio era ya una quimera y que por delante rodaban los tres más fuertes. De ese grupo siempre tiró Purito, hasta que Froome se marcó un ataque estéril ante Quintana, que replicó con suma tranquilidad. Quizás el británico se marcó un farol, pues tampoco pudo disputarle la segunda plaza de la etapa a Purito. Eso sí, Froome sonrió de alivio tras cruzar la línea de meta y Quintana mostró después a los periodistas una medalla que le regaló su compatriota Mauricio Soler, al que sustituyó en el Movistar, y que tuvo que retirarse del ciclismo tras un grave accidente en la Vuelta a Suiza en 2011 que a punto estuvo de costarle la vida. “Este triunfo también es para Mauricio”, dijo. Sí, Quintana también es detallista.     

martes, 16 de julio de 2013

Xavi Tondo, convencido de vencer

Rafael Vallbona dibuja en 'El triomf de l'obstinació' un perfil humano y cercano del desaparecido ciclista

Xavi Tondo.  

Una cosa es la vocación y otra el trabajo. Poca gente los puede compatibilizar.
Si no lo has conseguido todavía...
¿Por qué no lo dejas?

En general, la sociedad cuestiona a quien se arriesga, innova o se sale de la filosofía del grupo. La gente duda y reparte sus miedos, pero nadie logró sacarle de la cabeza a Xavi Tondo (Valls, 1978-Granada, 2011) que dejase de desear con todas sus fuerzas ser ciclista profesional. Ni siquiera un grave accidente en Figueres y las cuatro operaciones pertinentes cuando estaba recibiendo ofertas para llegar a la élite. Tampoco abandonó Xavi su sueño pese a la falta de confianza de algunos directores, como Jonathan Vaughters, que con el tiempo reconoció haberse equivocado por no haberle fichado.

– Yo sé que puedo llegar lejos en esto. Sé que pudo ser ciclista, he nacido para esto– le dijo un día a un buen amigo.

Muchos descubrieron a aquel chaval de generosa sonrisa y capacidad innata para unir grupos aquel sábado de marzo de 2010 cuando, enfundado en el maillot del Cervélo, levantó los brazos para festejar una etapa de la París-Niza, en Tourrettes-sur-Loup, para sorpresa de dos comentaristas de la televisión francesa, que no daban ni un duro por el desconocido que continuaba escapado a falta de 5 kilómetros. Así, con esa anécdota tan significativa, empieza Xavi Tondo. El triomf de l'obstinació [El triunfo de la obstinación; Cossetània Edicions], un buen perfil humano y cercano del desaparecido ciclista escrito por Rafael Vallbona. Un relato breve, pero profundo que llega al corazón mezclando dos géneros periodísticos, el perfil y el reportaje a través de varios testimonios.

Tondo es bici, y cuando la descubre a los quince años, ya no tiene nada más en la cabeza”, escribe Vallbona. Una frase con la que el escritor –apasionado de este deporte, se le nota y lo sabe transmitir– resume la devoción del protagonista del relato por un deporte que le hizo, por ejemplo, rechazar un contrato fijo en una fábrica de cereales. Porque Xavi entendía el ciclismo como una forma de vida y le encantaba entrenarse en grupo: “Es una forma sana de estar en armonía con el mundo. Supongo que mucha gente no lo entiende con tanto dopaje y esta necesidad de estar localizables siempre para someternos a controles (…) yo juego limpio siempre”.

Por eso no se lo pensó dos veces cuando recibió un correo en el que le ofrecían sustancias dopantes y alertó a los Mossos d'Esquadra. Destapó lo que después se conocería como la Operación Carrera, pero él no quería que le diesen las gracias ni medallas: He hecho simplemente lo que tenía que hacer, nada más. Ya espero dar ocasiones para que se hable de mí por mis glorias deportivas”.

Glorias –14 victorias, destacando la etapa de la París-Niza, la Vuelta a Portugal en 2007 y la Vuelta a Castilla y León un mes antes de su muerte– que saboreó sobre todo en equipos modestos, como Paternina-Costa de Almería, Babot-Gaia, Catalunya-Angel Mir, Relax-Gam, LA Aluminios-MSS y Andalucía Caja Sur. A finales de 2009 firmó por su primer gran equipo, un Cervélo con Carlos Sastre como jefe de filas. En la Vuelta a España Sastre solo pudo ser octavo y fue superado por Xavi, que acabó sexto –después de romperse la clavícula en Alemania tres semanas antes del inicio de la prueba– y que en esa temporada 2010 ganó el Critérium Ciutat de l'Hospitalet. Lo hizo meses después de haberse comprometido por dos años con el Movistar, el nuevo equipo que había perpetrado el histórico Eusebio Unzué. 2011 iba a ser el su estreno esperado en el Tour. Para preparar la ronda francesa y la Dauphiné Libéré estaba concentrado en Sierra Nevada, donde tuvo un desgraciado accidente que puso fin a su vida, pero no a su enseñanza, que permanece intacta.

Título: Xavi Tondo. El triomf de l'obstinació. Autor: Rafael Vallbona. Editorial: Cossetània Edicions. Páginas: 87. Valoración: 3.8 sobre 5.  
  

domingo, 14 de julio de 2013

Otro oro europeo moldeado por la U20

España logra su tercer campeonato continental consecutivo en Turquía ante Italia (59-53) tras un tercer cuarto definitivo (20-3)


Las jugadoras de Anna Caula - FIBA Europe.

A Andrea Vilaró se le resistía el último trozo de la red. Entre los nervios y que no acababa de colocar bien las tijeras, la jugadora del CD Zamarat no era capaz de sacar su tesoro de la canasta. En cuanto lo hizo se lo colocó en el cuello, a modo de collar. Un recuerdo impagable del tercer oro consecutivo de la U20 en un Eurobásket tras vencer a Italia por 59-53 en Samsun (Turquía) y firmar un tercer cuarto definitivo (20-3) con Yurena Díaz, Llobet y la propia Vilaró estelares. El grupo, muy superior en rebotes (52 por 35, un dato que compensó sus 19 pérdidas, por las cinco de su rival) se reunió en coro y empezó a gritar, llorar y cantar. Era la banda sonora de las campeonas, que celebraron antes de tiempo lo que era secreto a voces, que su compañera Ndour (17 rebotes en la final; 18’6 puntos y 8’9 rebotes de media) iba a ser la MVP del torneo. La pívot nacionalizada fue incluida en el quinteto inicial, junto a  Zanoguera, fundamental durante el torneo. Cakir, Francesca Dotto y Spanou completaron el equipo perfecto. Turquía se hizo con el bronce tras vencer 53-38 a Bielorrusia.  

Encallada en ataque y vulnerable en defensa, a España se le atragantó la puesta en escena. Formica en la pintura y las diabluras de Caterina Dotto le amargaron el inicio, en el que encajó un parcial de 0-8. Imparable, Italia había metido cuatro de sus seis tiros. Anna Caula pidió tiempo muerto, fue removiendo el banquillo y supo dar tranquilidad al equipo. La entrenadora no se desesperó ni cuando los árbitros no dieron por buena una canasta de Sara Rodríguez. Apenas protestó Caula, una excelente gestora de equipos y una gran comunicadora que entiende y sabe sacar lo mejor de la jugadora desde la empatía. Por entonces Ndour ya había anotado la primera canasta de su equipo (2-8 a los 3m 35s) y un triple de Estebas y una acción de Zanoguera apretaron el marcador (7-8) antes de otro arrebato italiano, firmado por Francesca Dotto y Reggiani, para acabar el primer cuarto (11-18) y con nueve pérdidas de una España que concedió nueve tiros más a las italianas en ese período.

“Hemos sabido sufrir”

Pero la selección no perdió el norte. Seguro que Caula les dijo algo parecido a sus jugadoras que a los periodistas después: Hemos sabido sufrir. Ver que las cosas a veces no van de cara, pero si continuas tu trabajo, este tarde o temprano sale”. Y España persistió y se recuperó con De Alfredo llevando la batuta, la pericia de Yurena Díaz y la omnipresencia de Ndour, al que el torneo se le quedaba pequeño (25-28 al descanso).

“Ha habido un momento en el que mostramos nuestra mejor versión de baloncesto”, recalcó la técnica de la U20, cargo que compatibiliza con el de entrenadora del Uni Girona. Se refería sobre todo al tercer cuarto, cuando España aplastó a un rival aturdido que solo anotó tres tiros libres y falló 16 tiros de campo ante un grupo espléndido, con una Yurena Díaz casi perfecta como Llobet, descarada con sus triples. La entrada de Andrea Vilaró había agitado a un equipo que llegó a dominar 57-39 (a 4m 56s) y que supo gestionar sin excesivos nervios el intento infructuoso de Italia de hacer al final lo que no había hecho antes.   

Froome incendia el Mont Ventoux

El líder del Sky deja sin respuesta a Contador y se deshace de Quintana, el único en replicarle en la montaña

Froome celebra la victoria en el Mont Ventoux - EFE. 
Quizás fueron un par de consultas de cortesía, respeto y admiración. Cuando Chris Froome (Nairobi, Kenia, 1985) miró varias veces fijamente, izquierda y derecha, a Alberto Contador es posible que le estuviese desafiando en plena subida al Mont Ventoux: “¿Atacas?”. Que quisiese ver cómo uno de sus grandes rivales respiraba y cogía aire después de que Kennaugh hubiese eliminado a varios del grupo de supervivientes. O que fuese una advertencia: “Cuidado, el ataque es cuestión de tiempo”. Froome no se anduvo con rodeos y quiso destrozar a Contador, el único contrincante que había replicado después al ritmo torturador de Porte. Impasible, el ciclista británico aceleró con parsimonia y volvió a mirar hacia atrás para comprobar que, en efecto, Contador era incapaz de seguirle. Froome era un molinillo humano y tenía hambre de victoria. Le importaba ese momento de gloria, no tanto casi sentenciar el Tour. Sabía que por delante tenía a Nieve y a Nairo Quintana, otro que como él apenas gesticula con el dolor y que sin torcer el gesto había en el primer cuarto de Mont Ventoux. Froome deboró al ciclista del Euskatel y pareció jugar con el colombiano, al que alcanzó, sacó de punto y dejó incorporarse, antes de arrancar definitivamente a cuatro kilómetros de coronar el mítico puerto. Froome, a quien nadie frena y que tanto sufrió el año pasado por tener que acatar que su compañero Wiggins era el líder impuesto, no se permitió ni un descanso hasta el final. Apuró tanto que solo festejó la victoria en la misma línea de meta –señalando el nombre de Sky, el patrocinador del equipo y levantando la otra mano– para sacar la máxima ventaja en la corona del Mont Ventoux, territorio, entre otros, de Pantani, Virenque, Merckx, Poulidor o Charly Gaul. Le sacó 29 segundos a Quintana, 1m 23s a Nieve y Purito Rodríguez y 1m 40s a Contador, que sigue tercero, pero ya a 4m 25s -“el camino a París es muy largo, pero la diferencia es muy, muy grande”-. A 4m 14s está el sorprendente Mollema.

No le podíamos dejar coger minutos”, dijo Froome sobre Quintana, el debutante sobre el que había dicho que no había que dejarle ni un centímetro y al que, visto lo visto, es el único con autoridad para replicarle. Aunque el colombiano ocupa es sexto -“he llegado vacío, nunca había hecho tal esfuerzo”- a 5m 47s, ya tiene carta blanca en el Movistar tras la jugarreta a Valverde en Saint Amand Montrond cuando rompió una rueda y perdió casi 10 minutos el viernes cuando iba segundo y Froome le señalaba como referencia: “Voy a su rueda”. Valverde coronó el Mont Ventoux a 2m 32s y superó en la clasificación –es 15º– a dos ganadores del Tour que quedaron a años luz de Froome: Andy Schleck (2010, tras la sanción a Contador) se quedó colgado al inicio del puerto y cedió ¡10m 42s con el vencedor! Y Evans (2011), 8m 45s. La pregunta es obvia: ¿cuánto le hubiera sacado al de 2012? ¿Cuánto le hubiese rebañado a Wiggins?

Marc Márquez agita el Mundial

El piloto de Honda es el nuevo líder tras vencer en Sachsenring aprovechándose de las ausencias de Pedrosa y Lorenzo

Rossi y Márquez , en el podio del GP de Alemania- AFP.

No es de los que dejan escapar trenes, sino que más bien tiene espíritu de maquinista. Sabe marcar su recorrido digan lo que digan y hagan lo que hagan los demás. A Marc Márquez (Cervera, Lleida, 1993) le sientan igual de bien los elogios que las críticas y no le preocupan los récords, que no tengan secretos para él. Cuando subió a MotoGP sabía que disponía de once oportunidades para desbancar a Freddie Spencer como piloto más joven en ganar en la categoría reina y Márquez rompió moldes con un tercer puesto en su debut en Catar -superando a su compañero Dani Pedrosa–. En su segunda aparición, en el Circuito de las Américas (Austin), se subió a lo más alto del podio para ser también el líder más precoz. Y en la tercera, provocó que el actual campeón, Jorge Lorenzo, le soltase una reprimenda por un apurado adelantamiento en la última curva de Jerez. Tampoco se amilanó Márquez tras sus cuatro trompazos en Mugello –entre ellos, uno a casi 340 km/h y otro en carrera, que le hizo abandonar cuando rodaba segundo– y en Montmeló y en Assen fue tercero. Como en Holanda, Valentino Rossi volvió a hacerle una reverencia tras su papelón en el circuito Sachsenring, donde el piloto de Honda derrochó chispa, inteligencia y paciencia: no se inquietó por pasar de la primera a la cuarta plaza en la salida y en solo cinco vueltas recuperó el liderato de la prueba, que no cedería pese a la insistencia de Cal Crutchlow, que se había despegado de Rossi, tercero. “Es la segunda victoria, pero no tiene nada que ver con Austin, sin ellos no es lo mismo”, recalcó Márquez, refiriéndose a la ausencia de Pedrosa, a quien los médicos no permitieron correr después de su accidente en la prueba de clasificación –pequeña fractura en la clavícula, shock traumático y ligera conmoción cerebral– y de que se tuviese mareos y le bajase mucho la presión cuando tenía que subirse a la moto; y la de Jorge Lorenzo, que vio la carrera desde su casa después de que le diesen el alta a mediodía tras su nueva operación en la clavícula dañada –se cayó en los segundos libres y el sábado por la noche aseguró que tampoco correrá en Laguna Seca–. Márquez es otra vez líder del Mundial con dos puntos más que Pedrosa y once que Lorenzo.

Dadas las circunstancias, era importante coger puntos y si eran 25, mejor que mejor. Somos líderes y después de ocho carreras eso no es casualidad”, dijo Márquez, descarado en la pista y divertido y cómplice fuera, como cuando le soltó una bofetada cariñosa a Cal Crutchlow ante los periodistas en Alemania. Ambos se rieron de la ocurrencia. El británico estaba eufórico, aunque no hubiese podido ayudar a Lorenzo, su compañero de marca –Crutchlow conduce una Yamaha satélite–: “Jorge me dijo que tenía que ganar y he sido segundo. Le mando un abrazo a él y a Dani”. Como Márquez, no salió nada bien y perdió tres puestos, cayendo a la quinta posición, en unos primeros giros dominados por un Rossi que se sentía capaz de todo –aunque Bradl no tardó en superarle– y con Aleix Espargaró rodando tercero –acabó octavo; quinto fue Bautista y 11º Barberá– con una CRT Aprilia –“al principio iba al 1.000 para estar con ellos. Sabía que era mi momento, pero luego he ido perdiendo terreno”–. Su hermano Pol se lo estaba pasando pipa: “¡Vamos! Es increíble”.


Aleix contuvo cuanto pudo a Márquez, que le hizo un interior a su ídolo, Rossi, y superó a Bradl para ponerse primero y sacarle al alemán casi cuatro décimas en un giro. Il Dottore pudo deshacerse de Bradl, pero no aguantar el ataque definitivo a Crutchlow en el ecuador de la carrera: Me esperaba ser más rápido con el neumático gastado a partir de la mitad de la carrera y lograr un mejor resultado. Aunque el podio es bueno y espero volver a hacer buenas carreras”.
 

domingo, 7 de julio de 2013

Murray reescribe Wimbledon

Tras vencer a Djokovic (6-4, 7-5 y 6-4), se convierte en el primer británico en ganar en el All England Club desde que el último título masculino, de Fred Perry en 1936

Murray besa el trofeo de Wimbledon - AFP.

Andy Murray (Dunblane, Escocia, 1987) se siente pesado. Le pesa incluso la gorra, que más que protegerle del sol, parece molestarle en ese juego interminable. Ha tenido tres pelotas para cerrar el partido y ha salvado otras tres de rotura ante Novak Djokovic, que se resiste a ceder la final en tres sets. Hasta que el resto del número uno se queda en la red de la pista central del All England Club. Ahí, tras poco más de tres horas y un parcial de 6-4, 7-5 y 6-4, Murray se desprende de la gorra, se tapa la cara, abraza a Nole, chuta al aire, y, encogido en la hierba, rompe a llorar. Después se desprende de las muñequeras y del peso de la historia. Ésa que decía que desde 1936 ningún británico había ganado un título masculino en Wimbledon –en el cuadro femenino lo había logrado Virginia Wade en 1977–. “No tengo ni idea de lo que pasó en el último punto”, confiesa después: “No sé cómo conseguí ganar ese último juego, tras un partido tan duro, de tantos intercambios largos. Ha sido muy duro”. Murray se acuerda, claro, de que hace un año en el mismo escenario tras perder la final ante Roger Federer, pero también de su dulce venganza con el olímpico en Londres ante el suizo. 

Felicito a Andy, que ha jugado un tenis increíble”, reconoce Djokovic, consciente de cuánto ha tenido que oír, escuchar y soportar su rival en estos años: “Se lo merece absolutamente. Sé lo mucho que significa para él, para su equipo y para el país entero”. Es cuando el serbio se gira hacia Murray: “Esto hace tu éxito más importante, sé la presión a la que has estado sometido. Es un gran éxito. Yo lo di todo, fue un placer y un honor formar parte de este partido y esta final”. Ivan Lendl sonríe y aplaude. Se emociona viendo cómo su pupilo recoge el trofeo que él, como jugador, nunca pudo levantar. 

Murray es casi siempre mejor en un partido en el que los pierden el norte y los nervios en algún momento. El británico llega a quejarse del abanico de un espectador y de una zapatilla. Y Djokovic explota –“¡que he pedido challange! ¡que he pedido challange!–, sin percatarse que no puede pedir otro. Es el undécimo juego de un segundo set que el serbio llega a dominar por 1-4 y acaba perdiendo por 7-5. En el tercero, la remontada es de Djokovic –de 2-0 para a mandar 2-4–, pero su rival vuelve a imponerse y se lleva la final, su segundo Grand Slam tras el US Open del curso pasado y, también ante Djokovic. Desde enero de 2012, desde le entrena Lendl, al que abrazó antes que a su propia madre, Murray es otro. Parece una roca, por más que a veces dé la impresión de que vaya a romperse. Es el número dos mundial y acaba de reescribir Wimbledon.
      

Vettel también sabe ganar en casa

 El piloto alemán se impone por primera vez en Nürburgring, seguido de Raikkonen, Grosjean y Alonso

Vettel festeja con champagne su victoria en el GP de Alemania - EFE. 

En su empeño por mezclar su imagen entre la muchedumbre, los patrocinadores de grandes eventos regalan objetos con los que entretenerse. Una publicidad en movimiento es más atractiva que un cartel o una pantalla que va cambiando de mensajes publicitarios. Esta vez era una inmensa mano azul la que parecía reclamar su protagonismo entre el público del circuito de Nürburgring durante la ceremonia de entrega de trofeos en el podio. La mano se movía de un sitio a otro con el dedo índice bien abierto y el resto de dedos encogidos. Justo el gesto que había vuelto a hacer el ganador de la prueba y uno de los ojitos derechos del deporte alemán, Sebastian Vettel (Heppenheim, Alemania, 1987), que cuatro días después de soplar las velas de su 26º aniversario se regaló su primer triunfo en su casa, uno de los tres que le quedaban entre las actuales citas del calendario. Al alemán, que hasta ahora nunca había ganado una carrera en julio, solo se le resisten dos circuitos más, el próximo, el de Hungaroring (Hungría) y el Circuito de las Américas (GP de Estados Unidos). “Ganar en casa es especial y un alivio”, recalcó Vettel, que se apuntó su 30ª victoria -cuarta de la temporada- en su 110º gran premio, en los que acumula 52 podios y 39 poles. El piloto de Red Bull hizo otra carrera perfecta engullendo a Lewis Hamilton en la salida y conteniendo a Kimi Raikkonen en las últimas vueltas. El finlandés quedó segundo           –inconformista como es, se preguntó si la última parada era necesaria– por delante de su escudero en Lotus, Roman Grosjean. Cuarto fue Fernando Alonso, al que ve cómo Vettel se le vuelve a escapar. 34 puntos les separan. 

“Mis rivales me han han hecho ganarme el sueldo”, soltó, divertido, Vettel, que acarició con mimo el toro de su monoplaza. Sabe que Adrian Newey ha vuelto a darle la máquina más equilibrada de la parrilla, por más que Webber siga sin sacarle el provecho que debería. Aunque al australiano, que al final de curso abandonará la Fórmula 1, le sobra mala suerte. Un día que salió bien –se le coló por la izquierda a Hamilton– quedó penalizado por el error de un mecánico tras colocarle una rueda, que salió despedida e impactó en la cabeza de un cámara, afortunadamente fuera de peligro –el incidente le costó a Red Bull una multa de 30.000 euros–. Webber cayó a la última posición y logró ascender hasta la séptima, justo por detrás de Jenson Button, que este curso solo lo ha hecho mejor en China, donde fue quinto. El lugar que le birló Hamilton en el último giro. Mientras que Nico Rosberg, compañero del británico solo fue noveno y quiso justificar los causas: “Tenemos neumáticos nuevos, diferentes. Han cambiado del todo –tras el desastre de Silverstone, donde reventaron cuatro ruedas de cuatro pilotos de equipos diferentes–. Ahora equipos como Renault –Lotus– van más rápidos y nosotros no”.

Un monoplaza para ganar “tres o cuatro carreras seguidas”

Soluciones quiere también Alonso: instó a Ferrari a que le proporcione un monoplaza con el que poder ganar “tres o cuatro carreras seguidas” y recalcó que un podio en el GP de Alemania hubiese sido “demasiado premio” para el ritmo que llevaba el F138. El de Felipe Massa se quedó clavado al inicio de la carrera tras salirse el piloto brasileño del trazado: “En el momento en que frené se bloquearon las ruedas traseras y no pude evitar el trompo del coche. Una vez que el coche se detuvo, se atascó en quinta marcha y no pude evitar que el motor se calara”. Felipinho lleva 77 pruebas consecutivas sin ganar y continúa aumentando el récord negativo de un piloto de Ferrari. 

Tampoco lo está pasando nada bien Grosjean, que se reivindicó con un tercer puesto tras cuatro carreras sin puntuar y horas después de que el diario Bild publicase que no acabará la temporada en Lotus y que su puesto lo ocupará para Hulkenberg. Grosjean había sido el único en no perder la estela de Vettel antes de la aparición del coche de seguridad tras el incendio del Marussia de Bianchi y que una vez que el piloto se bajase el monoplaza, hizo una peligrosa excursión por el circuito.

   

jueves, 4 de julio de 2013

Dos camisetas del Eibar y un ascenso a Segunda

Pablo, de la peña Eskozia La Brava, disfruta del éxito de su equipo, que vuelve a vencer en el partido de vuelta a un Hospi ejemplar  

Pablo muestra su bufanda - Foto: Toni Delgado.
Apura el cigarro. Se le ve en una nube aplaudiendo a su equipo, mientras el Estadi de futbol de l’Hospitalet se convierte en un intercambio de cánticos entre los jugadores y los aficionados del Eibar, que acaba de ascender a Segunda. Quizás Pablo Sánchez (Salamanca, 1964), de la peña Eskozia La Brava, sea el hombre con más recursos y mejor equipado del lugar. Se ha pintado la cara con los colores de su club, a juego, claro, con la camiseta que lleva puesta. En la espalda tiene otra que le ha dado un jugador y, guardada en las partes nobles, una más: “Así nadie me la pide”. Confiesa que ha sido rápido para procurarse un buen sitio para coger su botín. Varios aficionados del CE l’Hospitalet le abrazan. El anfitrión ha tenido un comportamiento ejemplar dentro y fuera del campo felicitando por megafonía al equipo que le ha despertado de su sueño de volver a Segunda 47 años después. “¡Eibar! ¡Eibar!”, corean los aficionados del Hospi, tristes porque su equipo no ha podido remontar el 3-0 de Ipurua y ha vuelto a perder, esta vez por 0-1 tras un gol a última hora de Capa.

Pablo está muy contento del trato que ha recibido en Hospitalet e incluso me enseña la tarjeta del restaurante gallego donde ha comido: “Me he hecho amigo de Eduardo, un barrendero, y me ha llevado allí. Impresionante. Nos han tratado de puta madre y he pedido que saliera el cocinero para darle las gracias”. Lleva siguiendo al Eibar desde los 14 años, aunque entonces le prohibieron ser socio por arbitrar. Lo dejó a los 19, tras ver que no ascendía más en el arbitraje: “A igualdad de condiciones, subían los de San Sebastián. Como no tenía padrinos…”. Y desde entonces es socio del club de sus amores, al que sigue a todas partes. “Hoy ha venido mucha gente, pero nosotros somos los que no nos perdemos un partido”, dice mientras muestra con orgullo la bufanda de la peña Eskozia La Brava.    

¡Se ha tirado diez segundos!”

Tiene madera para ser el líder de la grada visitante, que al principio del partido agita una bandera gigante con los colores del Eibar y se lleva las manos a la cabeza con el tiro a las nubes de Diego Jiménez ante Craviotto y el palo de Roldán. Entre los seguidores del Hospi uno de los protagonistas no es otro que el portero rival, Irureta, a quien acusan de sacar con mucha calma: “¡Se ha tirado diez segundos, cuando lo máximo son cinco!”. El guardameta se hace con un centro envenenado de Aday –por ahí andaba atento Bacari, a quien Irureta saca un disparo a bocajarro– y dice que no, que las manos de Añibarro en el área han sido involuntarias. No opinan lo mismo, claro, los aficionados locales:“¡Venga ya! ¡Ya está bien!”.

El hijo de Claudio, a quien conocí en la vuelta de la eliminatoria de campeones ante el Tenerife, se va al bar a coger provisiones con unos amigos y el propio Claudio lamenta en voz alta que el número del sorteo, el 432, fuese el que tenía él el partido anterior. Tras el descanso, el Hospi lo intenta sin suerte ni descanso y Miguel Álvarez va renovando el equipo en busca de un gol no llega, por más que Aday pruebe a Irureta con un tiro seco, insuficiente para un recogepelotas: “¡Antes! ¡Antes!”. “¡Que bote, que bote Ipurua!”, cantan los aficionados vascos. Se sienten como en casa.


Todavía queda el gol de Capa en un mano a mano ante Craviotto y uno anulado a Bacari por un posible fuera de juego tras un centro de Osado. Se acaba el partido. El capitán Hammouch trata de consolar a Aday, mientras los aficionados del Eibar saltan de alegría y anticipan el futuro: –“¡El Eibar es de Primera, el Eibar es de Primeraaaaa…!”–. Los jugadores del Hospi agradecen el apoyo de los aficionados, que como dice Luis, “somos pocos, pero humildes y fieles”. Como Pablo, al que dejo tras la caza de la que sería su tercera camiseta, con su Eibar.