domingo, 30 de septiembre de 2012

Pedrosa se luce en Aragón para aspirar a la remontada


El piloto de Honda logra su cuarta victoria del curso y recude a 33 puntos su desventaja con Lorenzo a falta de 100 en juego

Pedrosa festeja su triunfo en MotorLand Aragón - AFP. 

Nunca había ganado en Aragón y seguirá sin hacerlo de momento porque entendió que no era el día para hacerlo. “Quizás he tirado demasiado [al principio], me he gastado físicamente y también los neumáticos. Era una carrera más o menos de trámite para asegurar los puntos”, relató Jorge Lorenzo: “Ya vendrán tiempos mejores”. El piloto de Yamaha fue uno de los primeros en felicitar por su clara victoria a Dani Pedrosa, que se estrenó como vencedor en MotorLand Aragón tras ser arrollado por Héctor Barberá en Misano después de una serie de infortunios en la salida. Esta vez Pedrosa no se dejó sorprender, alcanzó a Lorenzo tras una primera vuelta notable de éste y le superó en una frenada para festejar los 27 años que cumplió este sábado. Su cuarta victoria del curso, por las seis de su rival, coloca a Pedrosa a 33 puntos de Lorenzo con 100 en juego, por lo que no permitirse ningún fallo. 

Con Pedrosa y Lorenzo segundo en solitario y las buenas noticias sobre el golpazo de Hayden –le estaban haciendo un chequeo en el centro médico y estaba consciente–, la tensión se centraba en el tercer puesto, que perdió Bradl con su caída y se ganó con apremio Dovivioso ante Crutchlow en el último suspiro. El italiano es el más regular exceptuando los tres pilotos –incluyendo a Stoner, que se perdió su tercer carrera por lesión– y se mostró muy “contento de volver al podio”, justo antes de definir a su rival: “Es agresivo, pero correcto”. Así corrió también Rossi, que se salió de la pista en la vuelta inicial tras tocarse con un rival y del último lugar pasó al octavo, mientras que Bautista fue sexto.

“Ha sido difícil mantener la calma y la concentración”, confesó Pedrosa, que se había caído el día de su cumpleaños y había perdido la pole por media uña. Tuvo algunos problemas con el embrague, pero confió plenamente en su moto y, superado Lorenzo, pudo ir “a mi ritmo y escaparme al final”. Sueña con una remontada histórica.     

Sinanovic conduce al Valladolid a una brillante remontada ante un Barça irreconocible (71-78)

El pívot bosnio, con 28 puntos y 10 rebotes, firma su mejor partido en la Liga ACB y lidera la primera victoria de su equipo en el Palau desde 1991

Tomic y Sinanovic, en una acción del partido - ACB Photo. 

Hace unos días ni tan siquiera tenía contrato y estaba en el paro. Firmado el acuerdo y presentado como nuevo jugador del Valladolid, Nedzad Sinanovic (Zavidovici, 1983) se presentó en el Palau Blaugrana con una actuación prodigiosa, 28 puntos y 10 rebotes para un total de 31 de valoración. Los mejores números de su vida en la Liga ACB resultaron claves para que su nuevo equipo ganase a domicilio al Barça 21 años después, tras aquellos lejanos 30 puntos de un tal Arvydas Sabonis. Esta vez el protagonista fue Sinanovic, deshechado por la renovación casi total en el Unicaja y con amplio pasado en LEB Oro, y el último en llegar al Valladolid, descendido al final del curso pasado y que recuperó la plaza favorecido por la estrechez económica de terceros. Sólo Nacho Martín continúa en un equipo que sonrojó a un Barça que, poco antes del descanso, iba camino de un triunfo sin historia (42-25) con el trío Mickeal, Ingles y Tomic, pero que sucumbió a su apatía, falta de confianza y a la gran fe y oficio de los visitantes, lanzados también por Mohammed, David Navarro y Tripkovic, imperiales para firmar una remontada histórica y ganar al vigente campeón por 71-78.

Con un triple tan mal defendido por un Huertas perdido y bien clavado por David Navarro justo antes del paso por los vestuarios. González retocó la defensa en la segunda parte con una zonal 2-3 y diversas alternativas. Privados del lesionado Juan Carlos Navarro y con Jasikevicius de nuevo descartado, parecían estatuas ante la alegría del Valladolid, poderoso con un Sinanovic omnipresente y con los brochazos de O'Leary, debutante en la Liga ACB. Los visitantes empequeñecieron a un Barça bloqueado y despistado como Jawai, al que le costará encontrar el punto de los árbitros y a éstos encontrárselo a él. Ante la duda parece que el corpulento es el infractor. Sólo Sada, por sus recuperaciones, e Ingles, siempre presente en el partido, en el festival y también en el amago de remontada en el último cuarto. Con su tercer triple el australiano puso el 64-67 a 3m 03s y con 66-71 –y después de que Lorbek hubiese puesto un 66-67 a 2m 29s– falló un tiro libre y metió otro a minuto y medio. David Navarro y Tripkovic -otro que hasta hace poco no tenía equipo, un excelente tirador al que sólo le falta confianza- aseguraron la victoria de su equipo, por más que Huertas demostrase su fiabilidad en los momentos finales y los azulgrana intentaron salvar el entuerto desde más allá de 6'75.

El Barça intentó coger aliento con los triples (4/21), que prácticamente no probó cuando dominó el encuentro al contragolpe (1/7 al descanso) con Mickeal desatado e Ingles tan centrado en defensa como en ataque. El problema fue que Mickeal se apagó tras un primer cuarto fantástico y que Tomic sólo explotó en el segundo, coincidiendo con la ausencia de Sinanovic, que descansaba en el banquillo. El pívot bosnio estaba tan cómodo en la pista que incluso sonrió ante una canasta, quizás incrédulo con su puntería. Sinanovic fue el puntal de su equipo, superior en el rebote –42 por 31– y el puñal para los azulgrana, fundidos por la ilusión de un conjunto remozado que había bajado a LEB Oro y que volvió a vencer 21 años después en el Palau. "Un equipo grande no puede dejar de defender", sentenció Xavi Pascual, descolocado.

     

sábado, 29 de septiembre de 2012

La madurez de Griezmann

El extremo francés funde a un Athletic al que Iraizoz salva de una derrota más abultada (2-0)
Griezmann, en una acción del partido - Diario Vasco.

Se ha olvidado de dar titulares con el micrófono y de anunciar su simpatía por otros equipos como el Atlético. Ahora Antoine Griezmann (Maçon, 1991) se centra y concentra en jugar en la Real, por más que confesase hace unos días en la revista France Football que en su momento Pep Guardiola lo quiso para el Barça B y que en verano se rumorease que era pretendido por el Athletic, al que fundió con una actuación prodigiosa desdibujando a una defensa confundida y rescatada por un Gorka Iraizoz casi imbatible que evitó una derrota más abultada de primero (2-0).

Primero lo probó Griezmann con un tiro tan flojo como un soplido y después de un penalti no pitado de Íñigo Martínez a Aduritz exigió al límite en una falta a Gorka Iraizoz, de nuevo brillante ante un disparo duro y seco del extremo francés. El portero del Athletic volvió a replicar a un tiro desde fuera del área de Illarramendi. A la Real le falta el punto final, pues tenía la posesión y se sentía cómoda. Añoraba el gol, que celebraría por el talento de Griezmann, que a diferencia de otros tiempos declara que sólo piensa en jugar de txuri-urdin. El escurridizo jugador remató un centro de Agirretxe para adelantar a su equipo con su primer gol del curso. Bielsa buscó en Llorente, tristemente castigado por club y entrenador por pretender irse, al agitador, pero sería otro recién entrado, pero de la Real, Vela, quien sentenciaría el encuentro con un penalti que rozó Iraizoz. El portero había frustrado a Griezmann sacando una pierna magnífica y tuvo que lamentar en la misma jugada las manos de Amorebieta, expulsado por doble amonestación. Fue el lazo a un triunfo perseguido por la Real que no echó en falta a Bravo, lesionado. Zubikarai apenas tuvo trabajo en el segundo partido en Liga de su carrera con la Real.

REAL SOCIEDAD 2: Zubikarai; Estrada, Mikel González, Iñigo Martínez, De la Bella; Illarramendi (Cadamuro, m.81), Markel, Zurutuza (Chory Castro, m.73); Griezmann, Xabi Prieto y Agirretxe (Vela, m.68). ATHLETIC 0: Iraizoz; Castillo (Llorente, m.66), Amorebieta, Gurpegi, Iraola; Iturraspe (San José, m.54), De Marcos, Susaeta, Isma López (Ibai, m.60); Muniain y Aduriz. Árbitro: Clos Gómez (Aragón). Expulsó a Amorebieta en el minuto 70 por doble amonestación. También mostró tarjeta amarilla a Illarramendi, Gurpegui, Iturraspe, Susaeta. Goles: 1-0, m.62: Griezmann. 2-0, m.71: Vela, de penalti. Incidencias: 28.000 espectadores en un estadio Anoeta que no se llenó. Antes del encuentro una representación de deportistas olímpicos del territorio guipuzcoano hicieron el saque de honor.
 


Oliver y Quezada abrillantan a la Penya en un suculento debut ante el Lagun Aro (89-73)

Oliver bota el balón ante Neto - ACB Photo. 
No hay duda de que hay jugadores cuya presencia va más allá de una pista de baloncesto y de una jugada en concreto. Jugadores como Albert Oliver (Terrassa, 1978), capitán de la Penya y un notable embajador de una Liga ACB que conserva su encanto pese a la salida de piezas como Teletovic, Prigioni o Caner-Medley y los problemas para cuadrar plantillas con menos dinero y con nombres menos conocidos y reconocidos, por ejemplo, en la LEB Oro. Como es el caso de Manny Quezada (Nueva York, 1985), llegado a Badalona procedente del Baloncesto León y que tuvo un estreno con la Penya y en la élite difícil de soñar: 27 puntos, cinco rebotes y seis asistencias para un total de 31 valoración. Quezada y Oliver, con 15 tantos y ocho asistencias, abrillantaron el suculento debut de su equipo ante un Lagun Aro (89-73) todavía por descubrirse, que no pudo permitirse el lujo de jugar en Europa ni de retener a dos pilares como Vidal y Panko. 

Oliver es un tipo carismático que una jornada ganó en el Supermanager bajo el nombre de Xito y poniéndose entre los once jugadores escogidos y el artista capaz de calcar una canasta imposible para dar la victoria sobre la bocina al Manresa en Sevilla y de clavar otra parecida ante el Estudiantes en un Olímpic de Badalona de nuevo ilusionado con un proyecto más modesto que el curso anterior, pero más equilibrado. Gaffney es un muelle que batalla pese a su falta de corpulencia –le sobraron los tiros de tres, 1/5–, cuenta con Savané, viejo conocido de Salva Maldonado en Canarias y con bastante carrete por delante a los 34 años o el descarado Ventura, capaz de marcarse dos señores triples ante Fisher, el gran tirador lesionado, que no perdía detalle en el banquillo. 

Neto, cada vez más hecho

Con el segundo triple de Ventura, sobre la bocina del tercer cuarto se acabó un partido que Oliver y Quezada, que modelo y artista habían llevado al terreno de la Penya, más entera desde el principio, con la primera canasta de la competición de Gaffney y las primeras diabluras de Quezada y de Oliver, replicados por Neto, cada vez más hecho, y la metralleta de Woods, otro talento que aterriza a la mejor liga de Europa como Ibekwe. Oliver anotaba a una pierna y al límite, Savané iba aportando y el Lagun Aro, penalizado por su falta de tino con los tiros libres (11/19), se sostenía al descanso (40-35) como podía con oficio, como el de Guille Rubio, que se reencontró en Sevilla y quiere volver a ser el mismo que en Manresa.

Otra canasta marca de la casa de Oliver y la hiperactividad de Quezada distanciaron definitivamente a los locales, que apenas tuvieron un par de minutos de despiste, y que no bajaron el pistón hasta el final. Para muestra, la recuperación al límite del propio Quazada a poco más de medio minuto para el final y con todo decidido, por más que Sito Alonso llegase a jugar con Salgado y Neto juntos. Ventura acabó en la línea de tiros libres en una jornada redonda para su equipo.  

PENYA 89 (18+22+23+26): Oliver (15), Quezada (27), Barrera (7), Gaffney (11), Savané (8) -equipo inicial-, Trias (4), Llovet (-), Ventura (9), Vives (-), Kuzmic (4) y Ehambe (4). LAGUN ARO GBC 73 (17+18+17+21): Neto (12), Papamakarios (5), Woods (15), Rubio (6), Ibekwe (13) -equipo inicial-, Díez (2), Doblas (4), Salgado (12), Korolev (4) y Motos. Árbitros: Hierrezuelo, Pérez Pérez y Planells. Sin eliminados. Incidencias: partido correspondiente a la primera jornada de la Liga disputado en el Palau Olímpic de Badalona ante 3.982 espectadores.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Mickeal frena a una Penya fresca (69-76)

El alero de Rock Island y Huertas lideran en el epílogo a un Barça que alcanza su 16ª Lliga Catalana


Mickeal entra a canasta ante Savané - M.A. Chazo / Ricard Rovira (FCBQ). 

No es nada protocolario que un jugador esté subido al podio de campeón del torneo y reciba su  medalla con una toalla colgada en el cuelo. Ni que no se separe de ella ni en la sesión de fotos con el trofeo. Pero es que Pete Mickeal es un mundo aparte, un tipo fuerte por superviviencia, por haber superado un tromboembolismo pulmonar o haber visto el buen camino tras pasar un tiempo oscuro  tras el suicidio de su primo, destrozado por la muerte de su madre de cáncer. Los golpes han convertido a Mickeal en un tipo optimista y ganador al que le gusta asumir responsabilidades en una pista de baloncesto, como volvió a hacer en la final de la Lliga Catalana ante una Penya fresca, pero tierna, por su joventud (69-76). Con su destreza y liderazgo Mickeal, ayudado por Marcelinho Huertas y por Lorbek, condujo al Barça hacia su 16ª Lliga Catalana, cuarta consecutiva en el Olímpic de Badalona. 

A 6m 24s anotó Mickeal su único triple y el primero del Barça en siete tentativas. Los azulgrana buscaban más las jugadas interiores para sus pívots y se habían cansado de sumar acciones de canastas más tiro adicional, hasta tres sumó en el segundo cuarto. Fue el que mejor jugó el conjunto de Xavi Pascual, que aparcó su titubeo inicial y sacó a reluciar su podía interior, sonrojado antes por un imparable Gaffney, llamado a ser uno de los referentes de una Penya casi irreconocible por sus caras nuevas y que no pudo contar por lesión con Fisher. Sí que lo hizo con el eléctrico Quezada, perdido al principio y desatado al final, hasta convertirse en el máximo anotador con 19 puntos y poner el 64-68 a 4m 20s. Fue entonces cuando Mickeal se hizo con un rebote ofensivo tras un palmeo de Jawai y Kuzmic fue eliminado. El alero de Rock Island no falló los tiros libres, la primera piedra de un parcial de 0-7 con Huertas, un bailarín de cuidado como centro de atención. Bastante antes el público había recibido con pitos a Todorovic, otro jugador de la cantera que había brillado en el filial oficioso, el CB Prat, y que volvió vestido de azulgrana. Su puesta en escena resultó humana: tres pérdidas consecutivas. 

Antes de recibir la medalla Mickeal hablaba con Abrines, recién llegado y diamante en bruto. Se añadía a la conversación Rabaseda, menos tierno, pero falto de minutos con su equipo. Jasikevicius se entretenía leyendo la inscripción del metal y había dejado su huellla y carácter en la final, ganándose una técnica de Xavi Amorós, que en su despedida como árbitro, le dijo que tenía que aprender a saber cuándo tenía que callar. Quezada continuó con su carrusel de tiros libres (10/11) y se marcó un triple (57-59), replicado por Saras. Como le sucedió ante el Valencia Basket en las semifinales de la Supercopa ACB, el Barça estuvo infalible cuando peor le iban las cosas y pudo celebrar su primer título del curso, la Lliga Catalana, pocas horas después de que fuese presentada la Liga ACB, en la que también defiende corona.  

PENYA 69 (17+12+20+20): Oliver (8), Quezada (19), Barrera (9), Gaffney (14), Savane (6) -quinteto inicial-, Kuzmic (3), Ventura (-), Vives (5), Ehambe (5) y Trias (-). BARÇA  76 (18+21+16+21): Sada (4), Jasikevicius (4), Mickeal (13), Wallace (-), Tomic (9) -equipo inicial-, Huertas (12), Jawai (4), Lorbek (15), Ingles (9), Abrines (-), Todorovic (2) y Rabaseda (4). Árbitros: Amorós, Guirao y Cardús.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Rudy regresa con la Supercopa bajo el brazo

El alero mallorquín, con 22 puntos y nombrado MVP, guía al Madrid para darle un título que no ganaba desde hacía 27 años ante un Barça superado (84-95)

Rudy, en una acción de la final - ACB Photo. 

La familia Fernández dispone de una buena hemeroteca sobre la trayectoria deportiva de sus dos hijos, Marta, la mayor y jugadora del Perfumerías Avenida de Salamanca, y Rudy, el pequeño, del que tienen grabado un partido especial. Rudy metió 25 puntos siendo mini y jugando contra infantiles de la Penya. Rodolfo, su padre, no se llevó la cámara porque pensaba que no jugaría y fue el padre de un compañero quien le pasó la cinta. Hace tiempos que aquel renacuajo creció, triunfó en la ACB y se marchó a probar fortuna a la NBA. El curso pasado volvió durante el cierre temporal -el Madrid lo disfrutó durante dos meses- y una vez solucionado el largo serial regresó a Estados Unidos. Rudy ha vuelto definitivamente a la capital para ganar títulos y  guió al Madrid para que alzase la primera Supercopa en formato de cuatro equipos, la primera desde la lograda en Alcora 27 años atrás. Con 22 puntos y apareciendo en los momentos oportunos fue el MVP y el principal incordio de la victoria por 84-95 ante un Barça que echó de menos a Mickeal, castigado por las personales, y que no pudo imponer su ritmo, por más que mejorase en defensa en el segundo y tercer cuartos y contase con Ingles y Jawai, dos compatriotas australianos, como grandes valedores. El Madrid llevó el hilo en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza.

Rudy habla con una pelota entre las manos. Con un micrófono se aparta de protagonismos y va al grano, difícilmente se sale de la línea y da un titular: “Más que más rodados [que los azulgrana] lo cierto es que casi todos nos conocemos”. Cuando le preguntaron por su MVP dijo que lo más importante era el título y el trabajo realizado del equipo y tuvo el gran gesto de despedirse con un “Manel, ets un crack!” –¡Manel, eres un crack!–. Se lo dijo a Manel Comas, que ha vuelto a las retransmisiones de TVE ahora que está mucho más fuerte en su lucha contra el cáncer de pulmón. “Él sí que lo es”, le devolvió el entrenador, que destacó el oportunismo de Rudy Fernández. No se escondió el fichaje estrella del Madrid, imparable con ocho puntos en un primer cuarto en el que su equipo anotó seis triples de ocho intentos (23-30).

La elasticidad de Carroll

Si el Barça se sostenía en el marcador era por su excedente en la pintura, con Tomic batallador y Lorbek fino, además de por el desparpajo de Rabaseda, del que se espera más protagonismo y que lo tuvo esta vez por la ausencia por lesión de Navarro, que atesoraba el premio al mejor jugador del torneo los últimos tres años, y por la ausencia, también forzosa, pero por faltas, de Mickeal. El Madrid imponía su ritmo y Pablo Laso se permitía reservar a Carroll, un jugador tan fiable que cuando entraba en la pista lo hacía anotando, como si hacer eso tras salir del banquillo fuese fácil. El tirador canadiense metió un punto por cada minuto jugado (17) y a 4m 05s (72-85) se inventó una canasta propia del Señor Elástico, de los 4 fantásticos, para cortar las alas a un Barça persistente que había sido capaz de empatar el partido tras ceder por once puntos en el segundo cuarto y que pretendía remontar una desventaja de 19 a falta de 6m 18s tras un triple de Carroll.

La empresa era casi imposible para los azulgrana, por más que Mickeal estuviese fino y Jawai hiciese pensar al espectador sobre cómo puede ser que alguien con esa talla pueda moverse con esa agilidad. El pívot australiano hizo cinco mates –volvió a entenderse de maravilla con Huertas, autor de siete asistencias– y fue el más resolutivo junto con Ingles, fundamental para que su equipo reaccionase antes del descanso tanto en defensa como en ataque.

Con las diabluras de Llull y las pinceladas de Mirotic se escapó el Madrid, replicado por Rabaseda y Jawai. El conjunto banco se repuso con el repertorio de Rudy, atento para aparecer en los momentos de dudas del equipo, satisfecho de nuevo por el rendimiento de Reyes. La poca puntería del Barça bajo el aro (1/7 de Lorbek en tiros de dos para un total de 19/39) y los contraataques de su rival le privaron de tener opciones de verdad hasta el final. “Hemos dominado desde el principio, desde el primer minuto”, resumió Mirotic.

BARÇA 84 (23+20+13+28): Marcelinho Huertas (3), Ingles (16), Mickeal (5), Lorbek (14), Tomic (7) –quinteto inicial–, Sada (5), Abrines (0), Wallace (3), Rabaseda (11) y Jawai (20). MADRID 95 (30+14+21+30): Llull (14), Rudy Fernández (22), Suárez (5), Mirotic (11), Slaughter (5) –quinteto inicial–, Pocius (2), Reyes (9), Sergio Rodríguez (8), Begic (2) y Carroll (17). Árbitros: Pérez Pizarro, Conde y García González. Pabellón Príncipe Felipe. Unos 13.000 espectadores. Rudy Fernández fue elegido MVP de la final.

Gilbert cumple los pronósticos y Valverde agarra el bronce en Valkenburg

El belga se viste el maillot arco iris de campeón del mundo de ruta con un ataque seco y esperado a dos kilómetros de la meta

Hagen, Gilbert y Valverde, en el podio - AFP. 

No por esperado y anunciado por cronistas y entendidos del mundo del ciclismo dejó de ser un ataque duro y sin un ápice de duda de Philippe Gilbert (Verviers, Bélgica, 1982), rodeado y protegido por varios compañeros suyos de la selección belga en la última subida al Cauberg. En forma, Gilbert es un salvaje difícil de atrapar que gana con tiempo a recrearse, en cuanto dejó atrás a Nibali, el único que no era de su país, pedaleó hacia su sueño de siempre: el maillot arco iris, ser campeón del mundo de ruta y morder la medalla de oro. En un suspiro, a 2 kilómetros para la meta, abrió un hueco tan grande que le dio tiempo a agitar su puño derecho, a saludar al público en la localidad turística holandesa de Valkenburg, entre ellos muchos belgas ondeando la bandera de su país, y señalar al cielo. Ahí, en las nubes, estaba Gilbert, incansable para arrancar con el plato gordo. Escapado el que sería el campeón, se formó un terceto de aspirantes a las dos medallas que quedaban por repartirse: Kolobnev, Hagen y Alejandro Valverde, fantástico en la temporada de su retorno tras su sanción y recibió el bronce de las manos de Pat McQuaid, presidente de la UCI, quien hizo todo lo posible para impedir su presencia cuando no el murciano no había sido castigado. Valverde reconoció que no se fue a por Gilbert para seguir trabajando para Óscar Freire y no tuvo fuerzas para replicar a Hagen, que se llevó la plata.   

No hubo dudas sobre quién sería el campeón cuando arrancó Gilbert, que recordó que sus antepasados son holandeses, y que, por supuesto, su selección “ha hecho un gran trabajo y ha sabido posicionarse”. Quedarse en el grupo final de 40 más fuertes, después de una primera fuga neutralizada en la que estuvo Pablo Lastras y a la que se uniría después Flecha, també Contador o Cataldi, vencedor en el Cuitu Negro de la Vuelta. La prueba en la que renació Gilbert, capaz de ganar en Montjuïc ante Purito Rodríguez y en La Lastrilla ante Valverde. Dos triunfos que, unidos al sueño de siempre, “llevar 12 meses el maillot arco iris”, hacen que la temporada sea de notable alto para Gilbert, un clasicómano con un palmarés generoso: dos Amstel Gold Race (2010 y 2011), una Liège-Bastogne-Liège (2011), dos Paris Tours (2008 y 2009) y un Tour de Lombardía (2009 y 2010). También cuenta con un triunfo de etapa en el Tour y otro en el Giro. Lejos queda un gran susto, el cáncer de piel que le fue detectado en 2007 y del que se recuperó este ciclista que empezó su carrera siendo instruido por su familia y por Christian, su hermano mayor. Como rezaba una pancarta en holandés que sostenía un monigote que emulaba a un ciclista, un invento de un espectador, “Proficiat Phillipe”. O lo que es lo mismo: bravo Philippe. Bravo Valverde, que entró a cinco segundos del oro y a uno de la plata, con margen sobre el imparable Degenkolb. El murciano, segundo en una Vuelta en la que se llevó el maillot verde y el de la combinada, además de dos triunfos de etapa y otro con su Movistar, logró su cuarta medalla mundialista, la segunda de bronce. Tiene otras dos platas. A su cuarto oro aspiraba Óscar Freire en su último Mundial y que se quejó de la estrategia: “Habíamos decidido que nos la íbamos a jugar en el sprint conmigo y que todos me guiarían. Algunos lo hicieron hasta que pudieron. Otros no lo hicieron por falta de fuerzas. Pero Valverde se fue a buscar a Gilbert y se olvidó de mí y de su compromiso. Y yo estaba bien. Podía haber ganado”. Nada que ver con el punto de vista de Valverde: “Pero tenía que haber ganado yo. Tenía que haberme ido con Gilbert cuando atacó porque iba delante, con él, pero me quedé esperando a Freire, pues era lo decidido”.
      

Vettel se reengancha al Mundial ganando una carrera loca en Singapur

El bicampeón alemán se coloca a 29 puntos de Alonso, tercero y beneficiado por la retirada de Hamilton en Marina Bay

Vettel y Alonso se saludan tras la carrera - EFE. 

Se las prometía muy felices Lewis Hamilton superado un tercio del GP de Singapur. “Iba a velocidad de crucero hacia la victoria”, pretendía el británico lograr la cuarta de la temporada y la 12º en las 24 ocasiones que ha partido como primero. Quizás olvidó que el circuito de Marina Bay es sinónimo de contratiempos, sorpresas y percances, con un punto negro, el Crashgate, la lamentable pantomima de Briatore y Nelsinho Piquet, que firmó su adiós en la Fórmula 1. Hamilton no se salvó del gafe de una carrera que los pilotos quieren acortar por su exagerada dureza y se quedó helado cuando comprobó que su caja de cambios se había roto. Es la cuarta retirada este curso del piloto de McLaren este curso, con lo que que tiene difícil reengancharse al Mundial con tantos ceros ante Fernando Alonso, muy regular –sólo no puntuó en Spa, cuando fue arrollado por Grosjean– y que de nuevo estrujó al máximo al F2012 con un meritorio tercer puesto en una prueba con dos apariciones del coche de seguridad que ganó quien pasa a ser su inmediato perseguidor, Sebastian Vettel. Hacía más de cinco meses que no vencía el piloto de Red Bull  –“increíblemente contento”–, que se coloca a 29 puntos de Alonso, histórico con su 81º podio, uno más que Ayrton Senna. Jenson Button fue segundo.       

Seis abandonos hubo en Singapur y dos accidentes, el de Karthikeyan y el Michael Schumacher embistiendo a Vergne –muy deportivo dándole una palmada en la espalda a Schumi–, provocaron la salida del coche de seguridad dos veces, cosa que hizo que no se completasen las 61 vueltas previstas, sino que se diese por finalizada la prueba a las dos horas, el tiempo máximo señalado en el reglamento. En la primera aparición del safety car Alonso perseguía con insistencia a Pastor Maldonado, que después de hacer una nueva parada en boxes tuvo que abandonar por un problema hidráulico, con lo que el venezolano no puntúa desde su triunfo en Montmeló. Cuando Schumacher cometió su error Alonso era virtualmente tercero y su compañero en Ferrari, Felipe Massa, 16º después de haber salido 13º y de bajar hasta la 21ª posición en una salida en la que se abrió demasiado y se quedó encerrado. Felipinho fue utilizado como conejillo de indias por su equipo y no tardó en calzar las gomas duras, con las que se convirtió en el piloto más rápido en pista rodando el último. El baile en garajes y los percances y adelantamientos al límite como el que le hizo a su compatriota Bruno Senna permitieron a Massa protagonizar la remontada de la jornada para acabar octavo y en zona de puntos.    

Homenaje a Sid Watkins

Y diez puntos son los que le recortó Vettel a Alonso con su victoria, que dedicó al neurocirujano Sid Watkins, una institución en la Fórmula 1 y quien atendió el día fatal a Ayrton Senna. Vettel sacó a relucir su dedo índice reivindicativo y acarició su monoplaza con cariño. Escoltado por Button y Alonso en el podio, el alemán estaba al borde de la lágrima cantando el himno de su país, ya que seguramente no esperaba un día tan propicio. Segundos antes Hamilton se lamentaba de su suerte, un buen regalo de Alonso, que celebró, micrófono en mano, que en las últimas carreras sus principales rivales hayan tenido que abandonar. No lo ha hecho Raikkonen, sexto en Marina Bay, y el único que no falla junto al asturiano, pero a Ice Man le falta un triunfo que le haga ser un opositor más firme, lo que tampoco está logrando ser Webber, décimo y ya a 61 puntos de Alonso. 
     

sábado, 22 de septiembre de 2012

Mickeal y Huertas ajustician a un Valencia Basket perdido a última hora (77-63)

El Barça finiquita el partido con un partido con un parcial de 17-3 y se cita con el Madrid en la final de la Supercopa ACB 

Abrines celebra un triple - ACB Photo. 

No se tropezó tres veces con la misma piedra y en el mismo verano. A la tercera, después de dos amistosos perdidos con un marcador de miniatura y un juego discontinuo, ganó el Barça al Valencia Basket por 77-63 en el Pabellón Príncipe Felipe. Lo hizo con frialdad, sabiéndose superior, incluso cuando su rival le planteaba más problemas y le había empatado el partido a 60 a 5m 37s. Fue entonces cuando más brillaron dos de los artífices de que los azulgrana levantasen la pasada Liga ACB: Marcelinho Huertas y Pete Mickeal. Ambos se conjuraron para perpetrar un parcial de 17-3 y resolver el acceso a la final de su equipo, que opositará por su quinta Supercopa ACB contra el Madrid, vencedor por 64-72 ante el anfitrión, el CAI Zaragoza.   

Llegado el punto decisivo del encuentro, el Barça supo atar en corto al Valencia Basket, tan bloqueado que sólo fue capaz de anotar una única canasta en los instantes finales. Ni tan siquiera se sintió cómodo en la pista Faverani, deslucido entonces ante el entendimiento de Huertas y Jawai –una pareja que promete ser fructífera–, el oportunismo de Lorbek y el oficio de Mickeal.  

Lorbek, aplicado

Xavi Pascual fue franco o, quién sabe si comedido, cuando en la previa dijo que su equipo estaba verde. Se refería a la comprensible falta de empaque de un grupo que ha renovado casi por completo en su juego interior, en el que sólo continúa Lorbek, convencido con una suculenta oferta de renovación después de que el mejor pívot de la Liga ACB de la NBA estuviese muy cerca de los Spurs de la NBA. Precisamente Lorbek fue el más aplicado recuperando pelotas, hasta tres, en un primer cuarto (22-12) bien jugado por los azulgrana, dirigidos por Huertas, que no ha tardado en entenderse con Tomic y con Jawai, dos de los nuevos interiores. 

De Tomic se espera regularidad, que demuestre su talento con continuidad y sin reparos, algo que le faltó en su etapa en el Madrid, donde se reconoció a ratos. Tampoco ha sido fácil su periplo en Barcelona para Ingles, bendecido en su selección en los Juegos Olímpicos de Londres, y que debería contar más que temporadas anteriores para Pascual, pues Navarro continúa con sus problemas físicos y no viajó con el equipo –tampoco lo hizo Jasikevicius, descartado– y a Abrines y a Rabaseda –certeros durante el partido– les falta recorrido. No es el caso de Mickeal, de nuevo en gran forma en la Supercopa, una competición que ha ganado con los azulgrana y el Caja Laboral. Mickeal tuvo sus chispazos ofensivos y se vacío en defensa. Ahí donde se estrelló varias veces el Barça contra el versátil Faverani, al que pretendió a final de curso y que se ha acabado quedando en el Valencia Basket. Un club al que, tras su periplo en el Khimki, ha vuelto Kelati, roto en una jugada fortuita para desconsuelo de su equipo (38-32 al descanso). 

Tres jugadas casi consecutivas de Tomic y el primer triple del equipo, en este caso de Mickeal, llevaron a los azulgrana a igualar su mejor ventaja hasta entonces (47-36 a los 23m 40s). Ningún contratiempo para el conjunto de Perasovic, muy entero para ponerse a tres puntos con un parcial de 3-11 con Pau Ribas y Rafa Martínez como jugadores eléctricos. La réplica fue de Abrines, que se marcó dos triples en un momento (60-49), forzando otra tremenda reacción del Valencia Basket, capaz de lograr un parcial de 0-11. Pero cuando mejor se le ponía el partido fueron machados por Mickeal y Huertas, dos jugadores que no miran el marcador, que no obvian responsabilidades y se sienten como pez en el agua en los momentos más dramáticos.  

BARÇA 77: Huertas (7), Mickeal (15), Ingles (7), Lorbek (7) y Tomic (12) –quinteto inicial–, Jawai (11), Rabaseda (5), Sada (3), Abrines (6), Todorovic (4) y Wallace. VALENCIA BASKET 63: Rafa Martínez (13), Kelati (4), Doellman (9), Markovic (2) y Lischuk (6) –quinteto inicial–, Ribas (7), Faverani (14), San Miguel (1), Pietrus, Keselj (3) y Dubljevic (4). Parciales: 22-12; 16-20; 19-17 y 20-14. Árbitros: Pérez Pizarro, Conde y Peruga. Sin eliminados. 6.100 espectadores en el Príncipe Felipe de Zaragoza.

domingo, 16 de septiembre de 2012

El colmo de la mala suerte para Pedrosa, el triunfo más cómodo para un Lorenzo que se escapa en Misano

El piloto de Yamaha gana y tiene 38 puntos de margen sobre su rival, al que le pasó de todo y fue arrollado por Barberá en una jornada feliz para Rossi, segundo en casa, y Bautista, que logró su primer podio en Moto GP

Lorenzo festeja su sexta victoria del curso en Misano - Reuters. 

Decía Jorge Lorenzo que cuando la temporada baje el telón en Valencia podrá saborear su duelo codo con codo, milésima a milésima, con Dani Pedrosa. “Con la presión es difícil disfrutarlo”, continuó el piloto de Yamaha, que se había quedado a una curva de ganar en Brno y a 18 milésimas de lograr la pole en Misano. Esperaba Lorenzo una carrera de tú a tú tensa y larga. Contaba el balear –y el aficionado– con otro duelo delicioso. Un duelo que no pudo ser por el colmo de la mala suerte de Pedrosa, al que, sin comerlo ni beberlo, le pasó de todo en el GP de San Marino: en el primer warm up se le paró la moto y tuvo que ser empujado por sus mecánicos, que después –descontada una vuelta por una salida fallida por los percances de Abraham– tuvo problemas con uno de sus calentadores. El equipo se llevó la máquina al pit lane para solucionarlos y Pedrosa hizo la segunda vuelta de reconocimiento dándole un golpe a la moto: algo fallaba. Iba tan lento que llegó a la formación de salida detrás del coche de seguridad, con lo que, como marca el reglamento, tuvo que ponerse último. En la salida Pedrosa fue esquivando rivales, hasta que, cuando rodaba 12º, fue arrollado por Héctor Barberá, con lo que el terreno quedó llano para Lorenzo, frío para no arriesgar en exceso y escaparse poco a poco como líder de la prueba, la cuarta consecutiva que gana en Italia. Un triunfo, el sexto en 13 carreras, que le permite contar con 38 puntos de margen sobre su rival a falta de 125 por disputarse. Lorenzo, deportivo, lamentó los percances de Pedrosa y bromeó en el podio con el cava con su próximo compañero en Yamaha, Valentino Rossi, brillante para escalar hasta el segundo puesto para delirio de su hinchada y en el circuito que está al lado de su casa y que ahora lleva el nombre de su amigo Marco Simoncelli, de quien Álvaro Bautista heredó la moto. El piloto de Talavera de la Reina se estrujó para lograr su primer podio en Moto GP por tres milésimas ante Andrea Dozivioso.   

Cambió el chip Lorenzo en cuanto le marcaron en la pizarra que Pedrosa estaba fuera. “Me hubiera costado batirle”, dijo el balear, que también tuvo que retirarse en Assen tras ser envestido por Bautista, emocionado por su primer podio en la máxima categoría y lo suficientemente sereno como para dedicarle el resultado a los que han confiado en él y no lo ha los que le han criticado. Bautista tuvo una mala salida y cayó a la séptima posición, pero con su tesón habitual fue zampándose a Spies –Cruthlow se cayó solo–, a Dovizioso y por el interior a Bradl, que había agobiado tanto como podía a su ídolo, Rossi, excelente para remontar tres posiciones en la salida y plantarse segundo. Un puesto que nunca cedió: “Quería dedicarle la victoria a Marco, pero he dado todo lo que podía dar. Esto va para los que me han ayudado, han creído en mí y me han soportado”. 

Dovizioso, otra vez cuarto

Il Dottore estaba encantado viendo ondear las banderas con su número, el 46, oyendo a sus vecinos y volviendo a estar entre los mejores en una carrera, con su podio número 177. Lo primero primero que hizo el nueve veces campeón del mundo fue saltar encima del muro de protección de neumáticos para saludar al público. Mientras, Bautista estaba inquieto porque no sabía todavía si era o no tercero. La organización examinaba una y otra vez la llegada a meta con Dovizioso, finalmente cuarto por 20ª vez en Moto GP. El italiano es el piloto que más veces se ha quedado a las puertas del podio en una categoría que está dominando Lorenzo, que decía que sí con la cabeza mientras sonaba el himno español, que guiñaba su ojo izquierdo. Luego hizo su salto habitual, tan grande como el que ha pegado en la clasificación por su templanza y regularidad y la mala suerte de Pedrosa en Misano. Al balear le tocó también la cruz en Assen.    

sábado, 15 de septiembre de 2012

Juan Carlos Ferrero, el primer héroe de la Davis

El tenista de Ontinyent anuncia que se retirará en octubre, tras el Valencia Open 500, del que es propietario junto a David Ferrer

Ferrero, tras el punto definitivo en la Copa Davis de 2000. 

Los nervios de un anuncio bien meditado y que no tiene vuelta atrás se reflejan en tres gestos. Como entrada a la noticia Juan Carlos Ferrero (Ontinyent, Valencia, 1980) recorre, nervioso, su ceja izquierda, hasta tres veces. Dado el titular de que se retirará en octubre, tras el Valencia Open 500, del que es propietario junto a David Ferrer, que lo hace a los 32, a una edad idónea “para un deporte tan exigente”, continúa con los agradecimientos. Se le corta la voz mencionando a su padre, Eduardo, y logra seguir con sus hermanas, Laura y Ana, a su familia en general y a Toni [Antonio Martínez Cascales, su técnico de casi siempre, Josep Perlas lo fue un tiempo]... No puede más: pide “un segundo” y toma un sorbo de agua mientras llora en un momento inevitable para el primer héroe de la Copa Davis. Para quien rompió la eterna barrera de España con la Ensaladera con un passing de revés ante Hewitt en un Palau Sant Jordi a rebosar que disfrutó de un talento precoz al que sólo las lesiones pudieron frenar. Del segundo número uno nacional tras Carles Moyà y antes de que lo fuese Rafa Nadal.  

De Ferrero se recuerda cómo celebró el punto decisivo de la primera Copa Davis, dejando sus rodillas reposar en la arcilla con 20 años y como con 23 hizo lo mismo para festejar su único Grand Slam, Roland Garros, cuya copa llenó a besos: “Era el sueño de mi vida. Te lo dedico también a ti, que estás ahí arriba”. El Mosquito, como le apodó un amigo por su tremenda velocidad, hablaba de Rosario, su madre, que murió de una enfermedad cuando él tenía 16 años, y que no pudo disfrutar con su retoño como número 1, también en 2003, su mejor temporada, en la que además de seducir a París, se metió en la final del US Open, coto privado hasta entonces para los españoles y emulando a Moyà, que también fue finalista en el Abierto de Australia, otro territorio prohibido hasta la aparición fulgurante de Nadal. 

Sí, Ferrero fue y será recordado como un pionero, un talento precoz al que sólo pudieron las lesiones, de todo tipo y continuas, a veces se recuperaba de una y volvía a la otra. Pero El Mosquito continuaba erre que erre –“Ferrero sigue jugando por su autoestima, por estar bien consigo mismo”, decía su entonces técnico Josep Perlas a Sergio Heredia en La Vanguardia–, venciendo al miedo y a los dolores por hacer lo que le gusta, jugar al tenis –“ahora lo haré de una forma un tanto más relajada”–. Estuvo casi cinco años largos sin ganar un título individual, el período entre que alzó el Másters de Madrid ante Nicolás Massú y eliminado a un jovenzuelo irreverente y con coleta, Roger Federer, en octubre de 2003 –en 2006 sí que ganó el Másters nacional– hasta que en abril de 2009 alzó el de Casablanca. 

Entre medias, algunas finales, como las de Rotterdam (2003), Godó y Viena (2005), Costa do Sauipe (2007), Auckland (2008) y Cincinnati (2006), a la que llegó tras batir por el camino a, entre otros, Nadal. La joven perla desplazó a Ferrero en la final en Sevilla ante Estados Unidos poco después de haber logrado su primer título ATP en Sopot y se convirtió en el más joven en lograr un punto para el vencedor. Moyà quedó como héroe final, emulando a ese Ferrero descarado del Palau Sant Jordi. Ferrero fue fino en la pista y dentro de ella, eterno, por ejemplo, para dar el punto definitivo ante Alemania en Marbella y alcanzar las semifinales de 2009 de la Davis, una competición a la que no acudía desde 2005. Aficionado del Madrid, jugador puntual de golf y enamorado de los coches, Ferrero se irá de las pistas a finales de octubre en su torneo, pero continuará ligado al mundo del tenis que tanto ama y no dejará de escuchar su música favorita, a  los desaparecidos Michael Jackson y Whitney Houston, y a Manolo García y Ella baila sola. 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Paul Shirley o la oportunidad de no rendirse

En '¿Me puedo quedar la camiseta?' el ex jugador de baloncesto nos acerca al lado desconocido de su deporte y de la NBA desde su experiencia de suplente perseverante lleno de ironía y humor

Suelen ser discretos y en vez de quejarse de su situación en el equipo ante la prensa tratan de convencer al técnico en los entrenamientos y en los contados minutos que juegan. Los desaprensivos les bautizan como agitatoallas sin reparar que ellos, los sufridos reservas, también forman parte de los éxitos y fracasos del grupo, que también son protagonistas, por más que puedan ser anónimos incluso para algunos aficionados del club. ¿Me puedo quedar la camiseta? [Lée|me Libros] es un anecdotario crítico, irónico, humorístico y sarcástico escrito por Paul Shirley, un ex jugador de baloncesto graduado en Ingeniería Mecánica que encontró en la escritura una vía terapéutica y de escape para explicar los entresijos de sus vivencias en la NBA, España, Rusia y Grecia. Un testimonio incómodo para buena parte de los mencionados y sabroso para quien quiera saber qué pasa las horas previas a un partido, los viajes, cómo son los jugadores y el sistema fuera de los focos.

Shirley se define como un pesimista sin remedio, aunque sus actos digan todo lo contrario, pues por más percances que le sucedan, por más lesiones que arrastre y por más que le llegue a decepcionar el mundillo que rodea al baloncesto no cesa en su empeño de hacerse un hueco en la NBA. Un universo en el que se siente un bicho raro, ya que no comulga con los intereses de sus compañeros, a los que ve en una burbuja, abstraídos de la realidad y aburridos a más no poder. De hecho, le cuesta hacer amigos de verdad en el vestuario y se acaba juntando con miembros del equipo técnico, que le hacen sentir que no estaba perdiendo ni tiempo y saliva.

¿Me puedo quedar la camiseta? es la versión española de su exitoso Can I keep my jersey? y cuenta con un apéndice especial con artículos de su etapa griega y de su paso por Menorca, aunque se echa en falta alguna anécdota sobre su periplo en su último equipo, Unicaja. En esa parte final los pies de página, escritos por el propio Shirley, son jugosos –[como cuando dice que su amigo Javi le conocía “lo suficiente como para saber que no puedo dejar pasar ninguna oportunidad de ser rechazado por una mujer atractiva”]– y definen a un escritor que no deja de reírse de sí mismo, como cuando se atiza tras un partido en el que tres de sus cuatro tiros libres no tocaron ni aro o bromea con que alguien pueda ficharle viéndole en el calentamiento “driblar simultáneamente a anunciadores, animadoras y otros jugadores solitarios”. O cuando explica sus tácticas para ligar, historias que, en general, no le funcionan, en parte, porque es un trotamundos por necesidad.

Se agradece la sinceridad con que se expresa Shirley, que sea tan llano explicando sus temores y debilidades, su inseguridad por un futuro en un sistema viciado. Y también que sea agradecido con quienes han tenido buenos gestos hacia él, como el mismísimo Shaquille O'Neal, que en su primer día en los Lakers le dijo que sabía quién era. O los esfuerzos de su agente Keith Glass por intentar encontrar el mejor acomodo.

El humor de ¿Me puedo quedar con la camiseta? es cóctel explosivo de ironía y sarcasmo que enriquece y favorece las digresiones –a veces excesivas– y las bromas –a criterio de este periodista hay un par de mal gusto–. Porque más que ex jugador de baloncesto, columnista y escritor Shirley es un observador social implacable, un narrador de historias que le saca punta al mínimo detalle. Un vicio del que suele sacar provecho y con el que atrae al lector. En sus columnas en el diario El País también lo hace, sabe conectar alguna experiencia vital con el presente de la NBA.

Las anécdotas son el hilo conductor de unos artículos lo suficientemente descriptivos para imaginarse las habitaciones que tuvo que sufrir en Rusia o su odio ¿eterno? a los tatuajes o al atún. Todo mezclado con un rico diálogo interior, de dudas, sueños, entereza y debilidades. Y, claro humor: “Qué es lo primero que me compraré cuando sea millonario? ¿Un Porsche para mamá? ¿Un teclado gigante como el que utiliza Tom Hanks en Big? Un momento. ¿Y si lo hago fatal? ¿Y si ésta es mi última oportunidad de la temporada y me despiden un día después de haberme fichado? ¿Y si es la última oportunidad de mi carrera? Creo que ha llegado el momento de empezar a medicarme”.

Título: ¿Me puedo quedar la camiseta? Autor: Paul Shirley. Editoral: Lée|me Libros. Páginas: 336. Valoración: 4 sobre 5.  

domingo, 9 de septiembre de 2012

Contador regresa llegando a lo más alto con su segunda Vuelta

Degenkolb alcanza su quinta victoria en el último sprint y Valverde, segundo de la general, le birla el maillot verde y el de la combinada al tercero, Purito


Valverde, Contador y Purito, en el podio de Madrid - EFE. 

Con la Puerta de Alcalá de fondo y el griterío popular, John Degenkolb levantaba la mano abriéndola del todo, mostrando su manita de victorias de etapa. El corredor del Argos alzó la bici como si fuese un trofeo y se abrazó a su compañero De Kort, quien le lanzó en el último sprint. Unos metros que Degenkolb gestionó con tanta frialdad y seguridad que Bennati se sentó, sabedor de que no tenía nada que hacer. No hizo lo mismo Alejandro Valverde, inconformista para vaciarse para ser sexto y llevarse a última hora dos maillots, el de la combinada y el verde de la regularidad, que arrebató a Purito Rodríguez. Valverde también subió al podio como líder del mejor equipo de la prueba, el Movistar, y también estuvo en el podio final como segundo, acompañado del propio Purito, tercero, y del vencedor, Alberto Contador, emocionado por ganar su segunda Vuelta, por regresar a la competición con un triunfo tan prestigioso y que tras cruzar la meta señaló mostró siete de sus dedos. Las grandes vueltas que ha ganado, aunque la UCI le haya quitado un Giro y un Tour por su sanción por clembuterol.  

La firma de Contador está llena de trazos para arriba y para abajo que parecen montañas, como si fuesen un homenaje al territorio en el que se defiende tan bien y en el que esta ocasión sólo pudo marcar diferencias en un puerto no tan exigente como otros coronados como Collado de la Hoz. Ahí medio sentenció su segunda Vuelta, que tiene forma de ensaladera. Un buen reclamo para degustar una buena ensalada con sus compañeros en el Saxo Bank, a los que invitó a subir al podio para que disfrutasen del maillot rojo por el que tanto han luchado. Ahí estaban Majka, Jesús Hernández o David Navarro, fundamentales para él éxito. 

Un trofeo en forma de ensaladera 

El ciclismo es eso, una disciplina que no se entiende sin los gregarios, los que no figuran en los titulares y el sustentan a los líderes de equipo, a los que marcan el ritmo en los momentos difíciles y ayudan a eliminar rivales. Llegado el momento, agotado el corazón, se apartan. Por eso tiene tanto mérito que David Moreno, gregario de Purito, haya sido quinto clasificado, a poco más de un minuto de Chris Froome, que llegó agotado a una Vuelta que tuvo a Contador a su corredor más combativo. Una decisión cuando menos discutible y en la que se impuso a Valverde, Purito y Aramendia, quizás quien más se lo merecía, ya que se ha cansado de meterse en fugas como poco futuro, por el placer de intentar casi un imposible. También, incansable, ha estado Simon Clarke, vencedor del maillot de la montaña.

Una categoría, la de puntos azules, que también llegó a dominar Valverde, que subió al podio de la mano de su hijo Pablo y que tuvo el detalle de quitarse el maillot verde para que los fotógrafos hicieron las fotos de un podio exclusivamente español. El murciano está agradecido al equipo por haberle reservado un hueco durante 19 largos meses de sanción. Contador se sacó la gorra ante Valverde y Purito por haber sido unos dignos rivales y dijo en voz alta algo en lo que coinciden los aficionados al ciclismo: “Éste es un día importante. Esta Vuelta a España ha sido un éxito”.    

A pedir de boca

Alonso, más líder del Mundial, tras remontar hasta el tercer puesto y verse beneficiado por los abandonos de Vettel, Webber y Button en una carrera que gana Hamilton

Alonso grabando a los tifosi en Monza - Reuters. 

No es dado a salirse del guión en público, pero ante por una vez Fernando Alonso (Oviedo, 1981) venció su timidez para contentar a los tifosi de Ferrari en un circuito de Monza encantado por su tercer puesto después de partir décimo y de aplaudir las penalidades de parte de sus rivales, las retiradas de los Red Bull de Sebastian Vettel y Mark Webber, y de Jenson Button. Lewis Hamilton fue el brillante vencedor de un GP de Italia en el que asombró Checo Pérez con su segundo puesto. Hamilton es ya el inmediato perseguidor de Alonso a... 37 puntos. El diálogo entre el asturiano y Franco Scandinario, uno de los cámaras de la organización, pudo ser más o menos éste: 

– Franco, tengo una idea. ¿Me dejas la cámara? 
– [Cara de sorpresa.] Vale, pero cuídala bien. Intenta que no se te mueva mucho, eh.      

Alonso se puso a hacer de reportero un momento para enfocar a los aficionados que jaleaban su nombre, a los que se había ganado más hablando en italiano durante las entrevistas de Niki Lauda. “Fernando es un piloto increíble”, le elogió Lewis Hamilton, que en una semana ha pasado pasó de retirarse en Spa-Francorchamps y de ser reprendido por McLaren por haber desvelado datos de la telematría de su MP4-27 con el de Button y haber hecho varios comentarios polémicos en Twitter. En Monza firmó su primer triunfo en territorio de Ferrari y el 20º de su carrera, quizás el que menos celebró, pues sólo le dio un golpecito cariñoso a su monoplaza. Hamilton parecía haberse encarnado en Kimi Raikkonen, quinto en la prueba y primero entre los pilotos con motor Renault, y que se sitúa tercero en la general sin hacer ruido. Más efusivo estaba Checo Pérez, aspirante a un volante de Ferrari la temporada que viene y que protagonizó una remontada espectacular del 12º hasta el segundo puesto con la estrategia adecuada, alargando su única parada 30 vueltas y partiendo con las gomas duras, al contrario que la gran mayoría. El piloto de Sauber se zampó en los últimos giros a Felipe Massa, cuarto, y a Alonso. 

Castigo para Vettel

Tenía claro el asturiano que tenía que bordarlo en los primeros giros, así que pasó a Kobayashi en la parabólica en una salida sin incidentes y después superó a Di Resta, y a Raikkonen para ponerse sexto en la segunda vuelta. También había dejado detrás a Rosberg, eliminado a sí mismo por su falta de pericia. Alonso se fue entonces a por Michael Shumacher, de quien se deshizo con la ayuda del DRS. El asturiano continuó su progresión poniéndose en el cogote de Vettel, con quien protagonizó una bella batalla, decantada a favor del piloto de Ferrari con un adelantamiento limpio poco después de una acción polémica que mandó castigado a Vettel a hacer un drive through. Primera gran noticia ajena para Alonso, que dos vueltas después vio cómo Button, que rodaba segundo tras superar a Massa, tenía que abandonar por un problema en la bomba de gasolina. Después lo harían los dos Red Bull. 

“Felipe, piensa cómo vas a trabajar los neumáticos. Tienes detrás a Fernando”, le dijeron por radio a Felipinho, que tuvo que ponerle el pasillo a su compañero para dejarle un hueco, con lo que Alonso ya era segundo. Otro golpe de efecto de las patéticas órdenes de equipo, legales para la FIA y una estafa para el espectador. Lo contrario, un regalazo fue la remontada de Pérez, una pura lima con las gomas blandas frescas y que se zampó a los dos Ferrari, donde quiere continuar carrera. Un puesto que defiende Massa, que igualó su mejor puesto del año en Silverstone, el cuarto lugar, y que hace poco declaró que se ve capaz de volver a superar a Alonso. Felipinho lo logró en la calificación en  parte gracias a los problemas de su compañero con una pieza y en Monza llegó a rodar segundo tras una gran salida batiendo a Button. En un “domingo casi perfecto” para Alonso, a quien casi todo le salió a pedir de boca.      
  

sábado, 8 de septiembre de 2012

Rutenka saca brillo a una Supercopa azulgrana

El lateral izquierdo lidera con 12 goles a un Barça superior al Atlético de Madrid (31-34)

Rutenka celebra un gol, en una imagen de archivo - FCB.

Ya fuese por respeto a la que hace unos días era su afición o porque todavía no se ha hecho un hueco en el equipo, el caso es que Sterbik apenas se movía en el efusivo festejo de sus nuevos compañeros. Mientras el portero serbio nacionalizado español parecía una estatua, Roca bromeaba con Juanín García tirándole al suelo. Xavi Pascual, recién renovado hasta 2015, no necesitó de Sterbik, pues le sobró con Saric y el látigo de Rutenka, estelar con 12 goles, la mitad desde los 7 metros. El lateral izquierdo bielorruso fue nombrado MVP de una Supercopa de España que se llevó el Barça, vencedor por 31-34 ante el Atlético de Madrid en el Palacio Vistalegre. 

“Siarhei [por Rutenka] tiene cosas muy buenas, aunque a veces sólo se destaquen las malas”, resumió Pascual, satisfecho por el rendimiento de una de las estrellas de una plantilla estelar. Rutenka marcó en sus cuatro primeras tentativas ante un Atlético de Madrid descompuesto tras un parcial de 0-7 (7-14). Gurbindo –“joder, quién me iba a decir a mí que iba a ganar algo en el balonmano. Nunca había ganado nada...”– parecía que llevaba varios años en el Barça y no unas semanas y Sarmiento y Noddesbo eran puñales para un rival que llegaba tras haber vencido en el Mundiales de clubes de Doha.   

Muy remozado, al Altético le falta empaque, por más que se repusiera con las primeras aportaciones de Balic, su fichaje de lujo, el carácter de Aginagalde y las transiciones del eléctrico Cañellas (13-15). El Barça puso el acelerador de nuevo, se fue al descanso con un 13-17 a favor tras un tanto de Rocas en el último suspiro. Después continuó siendo superior, se defendió en las inferioridades y no se destempló porque su rival se acercase 19-20. Rutenka y Víctor Tomás, que estrenaba capitanía tras el adiós de Nagy, no dejaron lugar a remontadas y los azulgrana levantaron la Supercopa de España, que tiene una forma de caja con una tableta de oro dentro. Tan golosa como el chocolate de Willy Wonka. Y un trofeo maldito en los últimos cinco años, ya que quien lo ganó quedó segundo en la Liga Asobal. Tomás recordó esa trayectoria, mientras Dujshebaev, muy caliente, se mordía a la lengua diciendo cosas a medias como “parece que soy el enemigo número uno del baloncesto español” o “creo que todos vemos lo que está sucediendo”. ¿Un mensaje para los colegiados?  
    

ATLÉTICO DE MADRID 31: Hombrados; Masachs (1), Jurkiewicz (2), Gojun (2), Kallman (5), Aginagalde (5), Ferrer (3) -siete inicial-, Dahl (ps), Edu Fernández, Romero, Davis (1), Barachet (1), Cañellas (5), Balic (2) y Lazarov (4, 1p). BARÇA 34: Saric; Víctor Tomás (3), Gurbindo (3), Raúl Entrerríos(4), Rutenka (12, 6p), Stranovsky (2) -siete inicial-, Sterbik (ps), Noddesbo (6), Sorhaindo (1), Sarmiento (2), Ariño, Montoro, Jernemyr, Aguirrezabalaga, Rocas (1) y Viran Morros. Marcador cada cinco minutos: 3-3, 5-6, 7-10, 7-13, 11-15 y 13-17 (descanso) 17-20, 19-21, 22-24, 24-28, 28-32 y 31-34.

Un trío ejemplar para eternizar una Vuela modélica

Contador gana su segunda ronda española tras sobrevivir al corazón de Purito, que no puede arrebatarle la segunda plaza a un Valverde corajudo en la victoria de Menchov en la Bola del Mundo

Menchov celebra su triunfo en la Bola del Mundo - EFE.

Es la nobleza de un trío de ciclistas autóctonos y la de sus entregados gregarios la que hará que esta Vuelta modélica se recuerde con admiración, por disputada, por los decibelios generados y el corazón encogido, al límite. Un golpe a ese ciclismo de calculadora que abraza a la fórmula científica e ignora el riesgo. Hasta el último día de verdad –la etapa con final en la Castellana es un fin de fiesta para esprínters– llegaron emparejados Alberto Contador, Alejandro Valverde y Purito Rodríguez. Los tres fueron a la par hasta el cemento rugoso y afilado de la Bola del Mundo, coronada por Denis Menchov, perdido a casi dos horas en la general, pero inmenso para vaciarse y  llevarse un gran recuerdo a título personal –“un triunfo muy importante para cerrar el año”–. El imperturbable ruso afincado en Pamplona recalcó que está orgulloso del Katusha y, en concreto, de su líder, Purito, que en la Bola del Mundo quiso soñar con algo más que el tercer lugar dejándose los riñones. El catalán  respondió al ataque de prueba de Valverde con dos más, suficientes para que cediesen tanto el murciano como el propio Contador, consciente de que su rival lo intentaría al final, “pero no se podían hacer diferencias”. A Valverde no le comieron los nervios y supo resistir para conservar su segundo puesto y recortar a 1m 16s la diferencia con Contador, satisfecho por su segunda victoria virtual en la Vuelta, con 1m 37s de margen sobre Purito. 

Resumió Contador que ha sido una prueba tremendamente exigente, de “piernas y de cabeza”, de fuerza bruta y estrategia. El corredor Pinto ha sabido llevarse el gato al agua después de varios meses alejado de la competición por sanción. A Contador, aunque a veces se equivocase en el punto para arrancar como le ocurrió en Montjuïc, no le ha faltado ambición, aunque sus cambios de rimo no tuviesen su explosividad habitual y le sobrase su sombra, Purito, sólo roto en Collado de la Hoz, donde se decidió la carrera. Un instante que no se pudo ver en directo porque TVE todavía no había iniciado la retransmisión. El instante decisivo fue anónimo hasta que empezaron a publicarse fotografías de agencias y los aficionados colgaron vídeos en youtube. 24 horas después la televisión estatal recurrió a la organización para pinchar ese instante de esa etapa con final en Fuente Dé de la que Valverde también sacó petróleo, birlándole la segunda plaza a Purito. 

Valverde, el silencioso

Valverde ha sido el sido el ciclista silencioso de la Vuelta: confirmó a última hora su presencia y ha llevado en algún momento todos los maillots posibles. El rojo, lo perdió en una caída en la que cedió casi un minuto. Pero Valverde, después de volver a cuestionar la ley no escrita de la ética del pelotón, se ciñó a ser protagonista en la carretera y lo hizo con una victoria de insistencia en Arrate y otra de explosividad en La Gallina, además de ceder poco ante Purito y Contador y recuperar segundos en los finales y las bonificaciones. 

Valverde ha puesto salsa a esta Vuelta, por más que algunos cronistas, cortos de miras o quizás por falta de espacio, hayan centrado sus textos en Purito y Contador. El ciclista de Parets del Vallès está en el mejor momento de su carrera, tras rozar el Giro y llevarse tres triunfos de etapa, además de vestir el maillot de la combinada y de la regularidad. Purito ha sido valiente hasta donde podía serlo, hasta la Bola del Mundo, donde le sacó 44 segundos a Contador y 25 a Valverde: “He ido bien, pero Valverde también, así que ha sido imposible”. Purito felicitó a Menchov, que llegaba a la Vuelta con bastantes más aspiraciones que un triunfo de etapa, pero que supo sufrir para llevarse un a victoria de postín. El botín por el que luchó la numerosa fuga del día. Boet, Capecchi y De Weert atacaron demasiado pronto y, más listos y con menos fuerzas, Porte y Menchov se quedaron solos. Con la misma tranquilidad con la que habla ganó el ruso, mientras por detrás el trío de autóctonos persistía, cada uno por su objetivo, después de haber resistido los mazazos de los gregarios de Contador, en especial de Majka y Jesús Hernández, de Dani Moreno, vital para Purito, y de Beñat, fundamental –como Nairo Quintana– para Valverde. Un broche de oro para una Vuelta modélica.        

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Contador incendia una Vuelta de la que casi se despide Purito

El corredor de Pinto ataca en Collado de la Hoz y le birla el maillot rojo al catalán, ahora tercero tras Valverde, inmenso para sacar también tajada de la jornada


Contador explota de emoción en la línea de meta - AFP. 

Alberto Contador es fuego. Es un auténtico diablo que, como todo el mundo, tiene un lado más tranquilo y otro más salvaje. Se fió de esa voz interior que le dijo “¡ataca!”, por más  que todavía quedasen 50 kilómetros para la meta y estuviese en Collado de la Hoz, el penúltimo puerto de una jornada que, en teoría, no guardaba grandes sorpresas. Su rival, Purito Rodríguez, el espléndido ciclista que poco a poco, como hacen las hormiguitas, se había hecho merecedor del maillot rojo por aguantar a Contador en la contrarreloj, superarle en los finales y frustrar sus continuos ataques no pudo más. Se quedó sin remedio ante el ataque “instintivo” del corredor de Pinto, que era consciente de que le podía salir todo rematadamente mal y podía perder incluso la segunda plaza. Su descaro y el excelente comportamiento de su Saxo Bank –en especial de Tiralongo– le permitieron tener tiempo de girarse tres veces antes de cruzar la meta y sacudir los brazos aliviado, emocionado por dar un giro total a una Vuelta que se le estaba escapando y que ahora tiene más cerca. Contador es el nuevo maillot rojo después de sacarle cerca de tres minutos a Purito, al que deja tercero a 2m 28s en la general, y aventaja a Alejandro Valverde, el otro gran protagonista de la etapa con final en Fuente Dé en 1m 52s. Listo y explosivo, el murciano fue capaz de recortarle más de dos minutos a Contador en los últimos kilómetros y de haber tenido unos metros más la etapa habría luchado por ella. Chris Froome llegó a casi cinco minutos y tiene el podio a más de siete. 

El acelerón de Contador en Collado de la Hoz ya forma parte de una de esas instantáneas que los amantes del ciclismo tienen en su hemeroteca de recuerdos. El corredor de Pinto se fue a por los escapados, entre ellos, claro, tres de sus compañeros Jesús Hernández y Sergio Paulinho, y con su amigo del Astana Paolo Tiralongo, con quien se escapó de los fugados y quien le dio relevos generosos, puñales para Purito, que pudo intuir más malas noticias para él cuando Nairo Quintana y Beñat se descolgaron de los primeros para unirse a Valverde. Un ciclón cuando vio el momento para atacar y dejar sentado a Purito, partícipe de una de las carreras de tres semanas con más brillo de los últimos años y de una frase que le hace grande: “estamos aquí para ganar, para perder, para caernos, para luchar”.

Muy emocionado, Contador advirtió que era uno de sus tres mejores victorias, junto con el Tour de Francia tras el accidente que pudo costarle la vida en Asturias –fue 31º, pero volvió a sentirse ciclista– y la París-Niza de 2007, que ganó y fue el preludio de su primera victoria en la ronda francesa. Dijo el ciclista del Saxo Bank que le dio apuro probarlo tan pronto y que apenas había comido hasta entonces. Se arriesgó y dejó una etapa eterna para desconsuelo de Purito, abatido también por Valverde, que atacó en Fuente Dé y que, aunque no lo diga, no olvida que la mitad de la ventaja que le saca Contador la perdió en una caída.